Entre canales, jardines y palacios: 48 horas en Copenhague para combatir el fin de las vacaciones
¿Echas ya de menos esa sensación de no tener muy claro en qué día vives? ¿Hoy es lunes? ¿Es jueves? Para muchos, las vacaciones se han terminado y toca volver a la rutina. Después de unas semanas de desconexión, viajes y días sin mirar demasiado el reloj, recuperar los horarios de siempre puede costar un poco más de la cuenta. Pero que el verano se acabe no significa que tengamos que guardar la maleta hasta el año que viene. Una escapada de fin de semana puede ser suficiente para hacer una pequeña pausa antes de meternos de lleno en la rutina.
Si estás en ese punto, pocas ciudades europeas encajan tan bien en un viaje de 48 horas como Copenhague. La capital danesa tiene un centro bastante compacto, muchos de sus lugares más conocidos están a una distancia razonable a pie y, si necesitamos cubrir más terreno, podemos hacerlo en bicicleta, uno de los medios de transporte más habituales de la ciudad. Todo esto permite organizar una escapada sin complicaciones y aprovechar bien el tiempo, sin convertir el fin de semana en una carrera de un monumento a otro.
En dos días no podremos conocer Copenhague al completo, pero sí hacernos una buena idea de la ciudad. Podemos recorrer el colorido Nyhavn, acercarnos a la Sirenita y a la fortaleza de Kastellet, conocer los palacios de Amalienborg y Christiansborg, pasear por los jardines de Rosenborg, descubrir los canales de Christianshavn y terminar el viaje en la alternativa Christiania. Y, entre visita y visita, habrá tiempo para probar un buen smørrebrød y disfrutar de ese ambiente tranquilo que hace que Copenhague sea una apuesta segura para una escapada corta.
Día 1: del centro histórico a los canales y los Jardines Tívoli
Para empezar a conocer Copenhague podemos hacerlo desde el centro y, sobre todo, caminando. La ciudad es bastante cómoda para recorrer a pie y eso nos permitirá ir pasando de una plaza a otra, entrar por alguna calle secundaria y descubrir rincones que quizá no encontraríamos si nos limitáramos a ir de un punto a otro en transporte. Además, en esta primera jornada vamos a concentrar buena parte de los grandes clásicos de la capital danesa.
Podemos comenzar en la plaza del Ayuntamiento, uno de los principales puntos de encuentro de la ciudad, y desde allí recorrer Strøget, la gran calle peatonal que atraviesa el centro. Más que dedicarle tiempo a los escaparates, la idea es disfrutar del paseo y utilizarla como eje para avanzar hacia Kongens Nytorv, una de las plazas más importantes de Copenhague. Desde aquí estaremos ya a un paso de uno de los lugares que seguramente tendremos más ganas de conocer: Nyhavn.
El antiguo puerto es probablemente la imagen más reconocible de la ciudad, con sus fachadas de colores junto al canal y los barcos amarrados frente a ellas. Es un buen lugar para hacer una primera parada, sentarse un rato y simplemente disfrutar del ambiente. Y también podemos aprovechar para cambiar de perspectiva y subir a uno de los barcos que recorren los canales de Copenhague. Los recorridos suelen durar alrededor de una hora y permiten ver desde el agua algunos de los edificios más conocidos de la ciudad, como la Ópera, la Biblioteca Real, Amalienborg o lo que queda de la Bolsa, en reconstrucción desde que un incendio arrasara el edificio en 2024.
De vuelta en tierra, continuaremos hacia Amalienborg, el conjunto de cuatro palacios que rodean una gran plaza y que es una de las visitas imprescindibles de la capital danesa. Si queremos coincidir con el cambio de guardia, conviene consultar previamente los horarios para organizar la ruta. Muy cerca se encuentra Frederiks Kirke, más conocida como la Iglesia de Mármol, cuya enorme cúpula es uno de los elementos más característicos de esta zona.
A estas alturas del día probablemente ya nos habremos ganado una pausa para comer. Y aquí toca probar uno de los platos más típicos de Dinamarca: el smørrebrød, una rebanada de pan de centeno con mantequilla y diferentes ingredientes, desde pescado y verduras hasta carne, embutidos o huevo. También podemos recurrir a un puesto de perritos calientes, una alternativa más rápida y económica, o acercarnos a alguno de los mercados gastronómicos de la ciudad.
Después de comer podemos regresar hacia el centro para completar el paseo por sus calles y, si todavía tenemos tiempo y ganas, acercarnos al palacio de Christiansborg. El edificio alberga el Parlamento danés y también ofrece la posibilidad de subir a su torre para disfrutar de una panorámica de la ciudad. Desde allí podemos continuar junto al canal y pasar por delante de la Biblioteca Real, cuyo edificio conocido como Diamante Negro es otra de las construcciones que merece la pena ver aunque solo sea desde el exterior.
Para terminar el primer día, reservaremos la tarde para los Jardines Tívoli. Este histórico parque de atracciones está situado junto a la plaza del Ayuntamiento y es una buena forma de cambiar de registro después de una jornada dedicada a palacios, iglesias y edificios históricos. Podemos recorrer sus jardines, subir a alguna de sus atracciones o simplemente pasear cuando empiece a caer la tarde y se enciendan las luces. Es, además, un buen lugar para alargar la jornada hasta la noche.
Día 2: en bicicleta hasta la Sirenita y una tarde diferente en Christiania
Para el segundo día podemos cambiar un poco de escenario y subirnos a una bicicleta. Copenhague es una ciudad completamente llana y cuenta con una amplia red de carriles bici, así que es una opción muy práctica para llegar hasta algunos lugares algo más alejados del centro. No es imprescindible pedalear durante toda la jornada, pero sí una buena manera de desplazarnos entre algunas de las visitas de hoy y, de paso, vivir una parte bastante característica del día a día de la ciudad.
Una buena primera parada puede ser el castillo de Rosenborg, un antiguo palacio del siglo XVII rodeado de jardines. Después podemos continuar hacia Kastellet, una antigua fortaleza con forma de estrella que hoy es uno de los espacios verdes más agradables de Copenhague. Merece la pena recorrer sus caminos y acercarse a algunos de sus edificios históricos, entre ellos un antiguo molino de viento.
Desde Kastellet seguiremos junto al puerto hasta llegar a la Sirenita, el gran icono de Copenhague. La pequeña escultura de bronce, inspirada en el famoso cuento de Hans Christian Andersen, está situada sobre una roca junto al agua y es una de esas visitas que conviene hacer aunque solo sea para conocer el lugar al que tantas veces hemos visto en fotografías. Eso sí, no hace falta dedicarle demasiado tiempo, tras unos minutos podemos continuar nuestro recorrido por la ciudad.
La ruta nos llevará después hacia Christianshavn, un barrio de canales que tiene un aspecto bastante diferente al del centro histórico. Aquí podemos acercarnos a la Iglesia de Nuestro Salvador, reconocible por su torre con una escalera exterior en espiral. Si nos apetece subir y la climatología acompaña, desde lo alto tendremos una de las mejores vistas de Copenhague. Otra opción es reservar la panorámica para la Torre Redonda, en el centro, cuyo acceso se realiza mediante una rampa en espiral en lugar de una escalera convencional.
Y todavía nos quedará una de las visitas más diferentes del viaje: Christiania. Esta comunidad surgió en los años setenta y mantiene un carácter parcialmente autogobernado, con una marcada identidad propia y una importante presencia de arte urbano. Es un lugar para recorrer con calma, fijándonos en los murales, las construcciones y los espacios que encontramos a nuestro paso. Desde que en 2024 se tomaran medidas contra la conflictiva Pusher Street, la visita es mucho más amable y segura.
Para poner el punto final a estas 48 horas podemos acercarnos hasta Reffen, una antigua zona industrial reconvertida en un gran espacio de comida callejera junto al puerto. Es una buena alternativa para cenar de manera informal y probar algo diferente antes de volver a casa. Y, sobre todo, encaja bien con la idea de esta escapada: en dos días habremos recorrido el centro, visto palacios y monumentos, paseado junto a los canales, pedaleado por la ciudad y descubierto también una Copenhague algo menos conocida. Todo sin necesidad de intentar verlo absolutamente todo.