Miguel José Garmendia Aldaz de Echavacoiz, el navarro que recelaba de la llegada de “maketos” y prefería colaborar con el “más raro de ETA” antes que con españoles
Miguel José Garmendia Aldaz de Echavacoiz (1909-1986) fue asesor jurídico del Departamento de Gobernación del Gobierno de Euzkadi. Nació en Pamplona, en el seno de una familia de ideología nacionalista. Su padre, de hecho, fue uno de los principales impulsores de la ideología en Navarra a comienzos del siglo pasado. Estudió el Bachillerato y cursó después estudios de Derecho. Tocaba varios instrumentos y perteneció a la junta directiva de la Asociación de Txistularis del País Vasco. En el ámbito profesional, empezó a trabajar como abogado y defendió a varios obreros de Eibar en 1934, a raíz de la revolución de octubre de ese año. Afiliado al PNV desde joven, tomó parte en la asamblea en la que se selló la reunificación con Comunión Nacionalista Vasca. Llegó a ser presidente del partido en Navarra, aunque las disensiones con la ejecutiva lo hicieron dimitir al cabo de poco más de tres meses.
Al estallar la Guerra Civil en julio de 1936, huyó de Pamplona y llegó a Francia, desde donde pasó a Gipuzkoa. Allí se encargó de organizar las milicias nacionalistas vascas, y no abandonó Azpeitia, localidad en la que estaba instalado, hasta pocas horas antes de que cayese en manos de las tropas del bando sublevado. Era septiembre. Acabó en Bizkaia, donde fue designado asesor jurídico del Departamento de Gobernación del Gobierno de Euzkadi, encabezado por el consejero Telesforo Monzón. Tomó parte en el caso de Guillermo Wakonigg, excónsul al que se acusó de espionaje y que fue fusilado.
Dejó el cargo de asesor jurídico, pues fue nombrado director general de Prisiones por el ministro Manuel de Irujo, también navarro, perteneciente al Gobierno de Juan Negrín. Dice el libro que “trató de normalizar y dignificar la vida de las prisiones, evitando la violencia contra los presos derechistas y mejorando las condiciones materiales de las cárceles”. Estuvo casi un año en el cargo, con varios viajes por terreno republicano. Acabó en Catalunya y de allí huyó a París, donde ejerció de delegado de emigración para el Gobierno vasco. Francia cayó en manos de los nazis y Garmendia se exilió a América: primero arribó a Río de Janeiro, después estuvo en Buenos Aires y acabó en México, donde residió el resto de su vida.
Muy activo políticamente y aún fiel al PNV, se enfrascó en el desarrollo del Consejo Nacional de Euzkadi, siempre de la mano de Irujo. Pretendía, sostiene la obra, “mantener la representación vasca a nivel internacional y conseguir apoyos externos a favor de la soberanía vasca, confiando en una futura victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial”. Entre las ideas estaba incluso la creación de una fuera militar vasca, pero el lehendakari, José Antonio de Aguirre, acabó desautorizándola. Siempre preocupado de la representación de Navarra en las instituciones vascas del exilio, llegó a pedir que se incorporase el territorio al Estatuto vasco.
Su pensamiento guardaba retales de las ideas más primigenias de Sabino Arana, fundador del PNV. El libro lo cita diciendo lo siguiente: “Los maketos nos están superando en número a los vascos, lo cual supone para nuestra tierra una verdadera catástrofe”. 'Maketo' es un término despectivo para referirse a los llegados a Euskadi desde otros puntos de España. Además, aseveró que, antes que colaborar con españoles, prefería irse “con el más raro de ETA”. Esta afirmación data, sin embargo, de antes de que la organización cometiera su primer asesinato. Dedicado en México a negocios mineros, no tuvo mucho éxito, aunque Irujo lo tildó de “hidalgo pirenaico metido a minero azteca”. Arruinado, tuvo que vender gran parte de las posesiones que le quedaban en Navarra. Falleció en la capital de México en 1986, a los 77 años.
Sobre este blog
Este espacio recoge las biografías de los pioneros que, en plena Guerra Civil, conformaron el primer Gobierno vasco. Está basado en el libro 'El nacimiento de un Gobierno a través de sus protagonistas. El Gobierno provisional vasco (1936-1937)', coordinado por Mikel Urquijo.
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