Proyecto Abraham: contenedores de ropa que transforman vidas en la Región de Murcia

Los contenedores de ropa del proyecto Abraham se han convertido en un elemento más del paisaje urbano de la Región de Murcia. No es para menos: más de un millar de estos recipientes en rosa sobre crema se encuentran repartidos por toda la Comunidad. Para muchos supone una forma conveniente de darle una nueva vida a la ropa que no utilizan. Ese acto, el de depositar prendas en el interior de este contenedor, es la piedra angular de una empresa de inserción que le da una segunda oportunidad a personas en exclusión social.

Así lo explica a este diario Juan Antonio Cerdán, presidente de Proyecto Abraham y administrador de la empresa de inserción: “Nos dedicamos a la recogida de ropa y calzado a través de contenedores que tenemos en la calle. Estamos en 40 municipios de la Región de Murcia y en dos de la provincia de Alicante”. Lo explica en su pequeña oficina en la sede de la asociación, en Puente Tocinos.

Con esta actividad consiguen recoger al año unos dos millones de kilos de ropa. En estos momentos se encuentran en lo que se considera la temporada alta, por lo que pueden recuperar de los contenedores en torno a 8.000 y 10.000 kilos al día de ropa y calzado.

El proceso de recogida se articula con una flota de diez vehículos, que depositan parte de la ropa en la nave de clasificación de la empresa: “Tenemos tres tiendas de ropa de segunda mano bajo la marca de La Recuperadora, que aglutina a nivel estatal a todas las entidades que nos dedicamos a recoger ropa y calzado”. Una de ellas está situada en la ciudad de Murcia, en el número 7 de la Alameda de los Capuchinos, en el corazón del centro del barrio del Carmen. La sede de Cartagena se encuentra cerca de la Avenida de Colón, en el número 148 de la calle Santiago Ramón y Cajal. La última, abierta hace tan solo dos años, está localizada en el Campus de Espinardo, junto a la oficina de Campus Sostenible.

Otra parte de lo recogido por el Proyecto Abraham se destina al ropero regional: “Son enseres para personas que nos derivan a través de los Servicios Sociales, que necesitan ropa y calzado. El resto se destina a venta al por mayor en bruto de ropa de segunda mano”, explica Cerdán. Parte de lo destinado al ropero regional descansa en la sede de Puente Tocinos, esperando a ser transportado y repartido a los que más lo necesitan. Fuera, tres personas reciben comida del banco de alimentos de la asociación, un pequeño salvavidas para la población local vulnerable.

Cerdán reconoce que tras la labor de empresas de inserción como la suya hay mucho “tabú”: “Mucha gente nos reprocha que nos echan la ropa gratis en el contenedor. Pero hay que recogerla, hay que clasificarla y hay que mantener el contenedor. Un coste bastante elevado de nuestra actividad es el mantenimiento de los contenedores en la calle. También debemos mantener los vehículos, al personal”, enumera Cerdá.

“Lo que hacemos es transformar la ropa en los recursos económicos suficientes para mantener toda esa actividad y, sobre todo, los empleos de inserción. Ponemos a las personas en el centro de la actividad y no al contrario, no la actividad económica por encima de las personas”, defiende.

La costura, “machacada” por la economía sumergida

Proyecto Abraham también cuenta con un taller de confección social, el Atelier El Costuretico, que ofrece arreglos de ropa y confección, además de formaciones de costura: “En el Atelier también contratamos a personas en situación de vulnerabilidad social. La costura es un sector feminizado y muy machacado por la economía sumergida”, detalla.

Tal y como establece la Ley de Empleo y de Inserción, los ciclos de inserción no pueden durar más de tres años. Durante este tiempo, Proyecto Abraham acompaña a sus trabajadores en contratos de inserción, con el fin de mejorar sus condiciones de empleabilidad: “El itinerario de inserción se va supervisando a través de una trabajadora social y de la gerente educadora. Luego cada empleo de inserción tiene, a su vez, su técnico de producción que les va acompañando en el puesto de trabajo”, explica Cerdán.

“Son personas que muchas veces no han tenido un trabajo con un horario laboral, que lo que han tenido es precariedad. Les ofrecemos la experiencia laboral de una empresa como cualquier otra, con la diferencia de que nuestro objetivo es social, de ayudarles a que se integren”, explica María Jiménez, trabajadora social en la empresa de inserción.

De acuerdo con la trabajadora social, los itinerarios de inserción conjugan el trabajo diario en Proyecto Abraham con la búsqueda de la vocación del trabajador: “El itinerario va focalizado a lo que ellos quieren realmente, no a lo que nosotros queremos”.

“Hay un chico a quien le gusta mucho la escalada y estamos trabajando con él para que haga un curso de trabajos de altura. A otro le gustaba mucho la carretera, conducir, así que nos centramos en que se sacara el carné de camionero. Cuando acabó su contrato de inserción, inmediatamente lo contrataron en una empresa de transporte”, ejemplifica Cerdán.

La atención al trabajador continúa mucho después de que deje de trabajar en la empresa de inserción: “Cuando ellos consiguen un empleo o en el caso de que no lo consigan, le hacemos un seguimiento hasta seis meses después. Ayer fuimos a visitar a Ousmane, un chico de Senegal que terminó hace un mes de trabajar con nosotros en El Costuretico y ahora trabaja en una empresa de mobiliario exterior. Están muy contentos con él y abiertos a emplear a más trabajadores que vengan de nuestra empresa de inserción”, señala Jiménez.

“Al principio [a Ousmane] le costó trabajar en el taller, porque es un sector con trabajadoras y clientela muy feminizados. Venían chicas a hacerse arreglos y le daba vergüenza [risas]. Pero se adaptó enseguida, hizo un trabajo estupendo”, asegura Cerdán.

Por el momento, la trabajadora social celebra que la empleabilidad en la empresa de inserción está siendo del 100%: “Ha terminado a primeros de 2026 el contrato de tres personas y las tres han sido contratadas. Ousmane, como ya hemos comentado, como costurero; otra compañera, Ángeles, en una línea de producción de Hero; y por último Enrique, que ahora trabaja con nosotros en la parte asociativa”, enumera.

Camina entre telas

Proyecto Abraham no solo ofrece formación a sus empleados de inserción, también ofrecen cursos gratuitos dirigidos a población vulnerable: “Nuestro proyecto más grande es Camina entre telas, estamos en todos los municipios de la Región de Murcia”, apunta Nuria Sánchez Nicolás, técnica de formación de la Asociación Proyecto Abraham. Financiado con fondos de la asignación tributaria de la casilla “La X solidaria” de la declaración de la renta, en sus cursos ofrecen talleres de costura, de comercio electrónico y atención al cliente, enseñan español y formación prelaboral.

“Hay una agencia para el desarrollo en Madrid, Los Molinos, con la que colaboramos, somos sus brazos y piernas en la Región de Murcia. Con ellos, desarrollamos talleres de sensibilización relacionados con temas sensibles, como de violencia de género. La mayoría de las personas a las que imparto español en Camina entre telas son mujeres, por lo que los talleres de violencia de género les vienen genial”, abunda Sánchez Nicolás.