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Nostrum Integra, décadas insertando a colectivos vulnerables en el mercado laboral: “Queremos darle una oportunidad a todo el mundo”

David empaquetando unos libros en la imprenta

Elisa M. Almagro

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David está rehaciendo su vida. Desde hace tres meses, trabaja en la imprenta de Nostrum Integra, de la fundación Diagrama: “Es muy motivador. Después de tres años vuelvo a tener obligaciones, una rutina, un día a día normal”, explica a este diario. Las adicciones lo apartaron temporalmente del mundo laboral, que ahora vuelve a afrontar con ilusión.

Antes de firmar el contrato con la empresa de inserción, David Quesada llevaba tres años sin trabajar: “Mi último trabajo fue como seguridad en un centro de menores. Estuve allí 12 años, trabajando con adolescentes con problemas”. Tras toda una vida empleado, finalmente tuvo que cogerse la baja: “Estuve depresivo mucho tiempo, aquello quema, hay una tensión continua”, describe.

Ahora, está aprendiendo un nuevo oficio: “La mayoría entramos aquí desde cero, sin experiencia en el sector. Nos están ayudando mucho, la formación está siendo muy buena, tenemos grandes profesionales”. Junto a él, otra media docena de personas tiene un contrato de inserción con Nostrum Integra: “La experiencia con los compañeros es muy positiva, nos adaptamos bien y nos ayudamos mutuamente, somos un equipo”, apunta Quesada.

Nostrum Integra es una empresa de inserción, una iniciativa económica de carácter no lucrativo cuyo objeto social es el acompañamiento y la inserción socio-laboral de personas desempleadas en situación o riesgo de exclusión social, con especiales dificultades para acceder al mercado de trabajo. Afincada en el polígono de La Polvorista en Molina de Segura, la corporación lleva trabajando con personas en riesgo de exclusión social de la mano de la Fundación Integra prácticamente desde su nacimiento en 1999, mucho antes de que se formalizase legalmente la figura de las empresas de inclusión.

“Desde el principio la empresa se ideó para trabajar con personas en exclusión social o en riesgo de exclusión social. Al principio el trabajo era más formativo, similar a los programas de los institutos de formación profesional. Pero nos fuimos dando cuenta del valor de dar una oportunidad laboral a distintos colectivos”, explica a este diario Matías González, gerente de la empresa.

Paco García: "La experiencia es muy bonita. Es muy gratificante comparar cómo entran a cómo se van"

Ahora, trabajan al tiempo que se están formando: “En un año aprenden la profesión, en dos años son técnicos de producción. A los tres años se tienen que ir, la idea es que este trabajo sirva de tránsito al mercado laboral ordinario”, describe el gerente. Por parte de la empresa, González confiesa que la renovación constante de personas supone un reto: “Por mucho que hayamos conseguido que estos empleados formen parte de una plantilla profesional, cuando terminan sus contratos volvemos a empezar con personal nuevo, la mayoría sin experiencia en el sector”.

“La experiencia es muy bonita. Es muy gratificante comparar cómo entran a cómo se van”, define Paco García, técnico de producción. Como en el grueso de empresas de inserción, los empleados con contratos de este tipo reciben un acompañamiento doble. Por un lado, a través del equipo de orientación laboral de la Fundación Diagrama se preparan en los aspectos sociales y formativos del itinerario de inserción. Por otro lado, los técnicos de producción trabajan codo con codo con ellos, enseñándoles el oficio.

“Hay que trabajar con ellos con mano izquierda. En resumidas cuentas, hay que ser muy humano. Es indescriptible la sensación que da cuando vienen y te dicen que han conseguido encontrar trabajo, es una maravilla”, explica el técnico. “Tenemos muy buenos profesionales que nos enseñan a cómo trabajar aquí, la mayoría entramos sin tener experiencia previa en el sector”, abunda Quesada.

Estudios de diseño y agencias de publicidad

El gerente de Nostrum Integra, Matías González

“Empezamos con una imprenta convencional, enorme, con la tinta. Al principio fue difícil establecer un ritmo de trabajo mientras hacíamos las formaciones. No era como el que tenemos ahora, somos una empresa profesional”, subraya. La nave, ahora con equipamiento moderno, preserva su historia en pequeños detalles, como la iluminación que se instaló junto a la antigua imprenta tradicional: blanca, alógena y precisa.

Para lograr ser competitivos, González indica que la empresa tuvo que reinventarse varias veces, siendo de las primeras imprentas en zambullirse en el mundo digital: “Fuimos de los primeros en digitalizarnos en Murcia, queríamos ser más competitivos, dar el servicio más rápido. También nos queríamos alejar de un proceso de producción muy complejo en el que había que tener una formación muy especializada”, abunda.

“Al final esto un negocio sin ánimo de lucro, pero tiene que ser sostenible y productivo”, recuerda. Aunque disponen de un amplio catálogo de servicios, Nostrum Integra se ha convertido en una imprenta muy apreciada por estudios de diseño y agencias de publicidad: “Nos hemos especializado, aunque suene redundante, en acabados muy específicos [risas]. Nos enfocamos en la pequeña tirada, hacemos productos que no suelen hacer otras empresas. Los estudios buscan en nosotros un proveedor donde puedan llevar a cabo su creatividad”, incide.

El grueso de la cartera de clientes de la empresa es de iniciativa privada, interesados en sus acabados y “sensibilizados con el proyecto” de inserción. El cliente menos común es la Administración, pese a que la normativa estipula que las empresas de inserción deben presentar un mínimo del 8% en su volumen de licitaciones.

“Diría que no se está cumpliendo la normativa, porque no lo hacen [los contratos] con reserva, lo hacen a precio. Aunque siempre nos tienen en cuenta porque les gusta el proyecto, si se abriera este tipo de contrataciones públicas con reserva cogerían a una empresa u a otra, pero siempre serían de inserción”, expone González.

No hay un “perfil” de la exclusión social

González descarta definir un “perfil” de empleado con contrato de inclusión. A primera vista el personal de la imprenta es muy heterogéneo, con hombres y mujeres de diversas edades trabajando codo con codo: “Diagrama trabaja con prácticamente todo el ámbito de colectivos de riesgo de exclusión social. Principalmente, con chicos que cumplen la mayoría de edad en centros de menores”, apunta. “A las personas que han pasado por un centro de menores o de protección les damos su primera experiencia laboral. Con 18 o 19 añitos salen de los centros y les ofrecemos la primera oportunidad de conocer el mundo laboral”, abunda.

“Trabajar con gente joven es distinto, es más ajetreado, pero suelen tener una capacidad de aprendizaje mayor. Les tienes que enseñar lo que es la responsabilidad, la importancia de los horarios y de permanecer en el puesto de trabajo. Pero la experiencia siempre ha sido buena, el ambiente con los chavales suele volverse más distendido”, observa.

La Fundación también tiene programas para otros colectivos, como las personas migrantes, en situación de pobreza, parados de larga duración, personas con adicciones o mujeres maltratadas: “Son personas muy capaces de trabajar, muchos llegan con una trayectoria de trabajo”, resume. La mayoría de los trabajadores con contratos de inserción vienen de programas de la propia Diagrama, pero también colaboran con otras entidades o empresas de inserción: “No queremos discriminar a nadie, queremos darle la oportunidad a todo el mundo”.

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