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EEUU amplía su despliegue en la región y juega con una posible invasión de Irán
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EEUU amplía su despliegue en la región y juega con una posible invasión de Irán mientras saca la carta negociadora

Donald Trump subiendo al Air Force One este domingo.

Víctor Honorato

30 de marzo de 2026 22:07 h

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De la errática estrategia de EEUU en la ilegal guerra contra Irán asoma en los últimos días la posibilidad de una invasión real del país de Oriente Medio, después de que las más de cuatro semanas de bombardeo diario de objetivos militares y civiles no hayan logrado el fin declarado de provocar un cambio de régimen.

Mientras las cadenas internacionales de suministro energético viven pendientes del bloqueo del estrecho de Ormuz, el mandatario estadounidense es capaz de anunciar en una misma frase la inminencia de un acuerdo de paz y la destrucción segura del enemigo, como volvió a quedar patente este lunes. “Se han logrado grandes avances, pero, si por cualquier motivo no se llega pronto a un acuerdo [y se reabre el estrecho de Ormuz] [...], concluiremos nuestra encantadora 'estancia' en Irán volando por los aires y arrasando por completo todas sus centrales eléctricas, pozos de petróleo y la isla de Jarg (¡y posiblemente todas las plantas desalinizadoras!)”, amenazó en su red, Truth Social.

Esto era el lunes por la mañana, pero el domingo, en una entrevista con el Financial Times, Trump confesaba que su opción “favorita” era hacerse con el petróleo del país y coqueteaba con hacerse con el control de la isla de Jarg, situada en el golfo Pérsico y donde se ubica una de las principales refinerías del país. El mismo día dijo, en declaraciones a periodistas, que si Irán no cumplía con las exigencias de EEUU, los iraníes “no van a tener un país” y que, en todo caso, el régimen entregaría a los estadounidenses “el polvo nuclear”, en referencia a sus reservas de uranio enriquecido.

Con una superficie superior a tres veces la de España y 93 millones de habitantes, el número de tropas necesarias para la operación, la duración de esta o sus objetivos son materia para la especulación de los analistas militares y los intérpretes del humor de Donald Trump, que amaga con una operación masiva.

Hasta 50.000 soldados

Al tiempo que dice negociar —las autoridades iraníes insisten en negar que se esté hablando de nada con los estadounidenses— EEUU anunció la semana pasada el despliegue de dos unidades expedicionarias de la infantería de marina (MEU) —con unos 5.000 marines, en conjunto— provistas de aviones de caza F-35, aviones Osprey de despegue vertical, helicópteros de combate y artillería. Una de las unidades ya está en la zona y la otra tardará una semana en llegar, según recopila un informe del Soufan Center, un think tank estadounidense.

A los marines hay que añadir entre 2.000 y 3.000 paracaidistas de la 82ª División Aerotransportada que el Departamento de Guerra anunció la semana pasada que llegarían a la región del golfo Pérsico, acompañados de vehículos acorazados. Y, potencialmente, otros 10.000 soldados que el Ejecutivo estadounidense está pensando mandar, según altos cargos citados el viernes por el Wall Street Journal. Sumados a los que ya están en el terreno, dedicados hasta el momento a la tarea del bombardeo, la presencia total de tropas rondaría los 50.000 soldados, según el informe.

Todo este despliegue no es necesariamente antesala de una invasión, insiste, sin embargo, Marco Rubio. El secretario de Estado defendía el viernes, tras la reunión del G7, que los objetivos de EEUU podían lograrse sin enviar tropas y de lo que se trata es de “dar al presidente las máximas opciones y oportunidades para adaptarse a las contingencias que puedan surgir”. El lunes reiteró en declaraciones a Al Jazeera, pese las amenazas públicas de su jefe, que Trump “prefiere la diplomacia”, pero recalcó en que el estrecho de Ormuz debe abrirse “de una manera o de otra”.

En busca del uranio

El Wall Street Journal (WSJ) reveló el domingo algunos detalles de otra de las operaciones que sopesa ejecutar el Departamento de Guerra: desplegar en Irán un equipo para recuperar los 440 kilos de uranio enriquecido sepultados en las repetidamente bombardeadas plantas nucleares de Natanz e Isfahán y sacarlo del país. Trump aduce que uno de los motivos de la guerra es impedir definitivamente que Irán pueda desarrollar armas nucleares, que requieren de ese elemento.

“Esto no es cosa de entrar y salir sin más”, declaró al medio neoyorkino el general retirado Joseph Votel, antiguo comandante de Operaciones Especiales. El equipo en cuestión tendría que llegar a los emplazamientos, previsiblemente bajo fuego iraní, guardar la posición mientras los zapadores excavan el área y luego llevarse el material en varios camiones, para después escapar en un aeródromo improvisado, advertía el WSJ.

Las islas del golfo

Tomar la isla de Jarg, situada a unos 25 kilómetros del continente, tampoco sería coser y cantar para los soldados de EEUU. Aunque hacerse con ella dejaría a Irán sin la infraestructura desde la que exporta el 90% del petróleo que produce, los 1.500 soldados que el general Votel estima que serían necesarios para la misión estarían expuestos al desesperado contraataque iraní.

Algunos analistas señalan que la geografía de las islas del Golfo ofrecen otros objetivos más provechosos con menor riesgo si el objetivo es reabrir el estrecho de Ormuz: las dos islas de Tunb (mayor y menor) y la de Abu Musa, situadas en el extremo occidental del llamado “arco de defensa” iraní en el paso marítimo. Sucede además que la soberanía iraní de las tres —controladas efectivamente por Irán desde 1971, durante el reinado del sha— no la reconocen los Emiratos Árabes Unidos, por lo que la ilegalidad de la maniobra no sería tan manifiesta.

Imagen de archivo de la terminal petrolera de la isla de Jarg, en el golfo Pérsico.

La reacción iraní

Aunque la postura mediática de Irán es desafiante —algunas reacciones públicas muestran displicencia a la bravuconería de Trump—, el Gobierno persa parece estarse tomando en serio los planes de invasión estadounidense, según analiza en X Hamidreza Azizi, experto en política exterior y de seguridad iraní y profesor visitante en el Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad (SWP) en Berlín. “Las declaraciones de los militares hacen hincapié en la preparación para escenarios como la toma de islas, las batidas en helicóptero o las incursiones limitadas, al tiempo que califican esas operaciones como oportunidades para infligir importantes bajas a las fuerzas de EEUU”, escribe.

Una de las voces que con más rotundidad se expresan desde el lado iraní es la del presidente del Parlamento, Mohamed Bagher Ghalibaf, que ante la secuencia de asesinatos de figuras públicas del Gobierno parece haber asumido cierto liderazgo en la rama civil del régimen. Las fuerzas iraníes “están esperando a la llegada de las tropas estadounidenses sobre el terreno para prenderles fuego y castigar a sus socios regionales permanentemente”, retó. En declaraciones al New York Post sobre el rol de Ghalibaf, Trump señaló que “en una semana” se sabrá si el líder parlamentario es un interlocutor aceptable para EEUU, un comentario que el rotativo entiende que encierra un ultimátum.

De puerta a fuera, los iraníes muestran firmeza, no obstante. “Dentro de Irán el cambio de tono es apreciable”, señala Azizi, que detalla: “Si al principio de la guerra se mostraba preocupación por la supervivencia del régimen, el discurso actual pone el foco más en lograr resultados estratégicos y modificar el equilibro a largo plazo [...] lo que incluye continuar controlando el estrecho de Ormuz, los lanzamientos de misiles y la implicación de aliados regionales como Hizbulá o los Hutíes”.

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