Trump alienta las negociaciones con Irán para salir del avispero y se revuelve ante la soledad frente a sus aliados
Con los aranceles fue parecido. Lanza un ultimátum, en este caso de 48 horas. Luego dice que están negociando y lo prorroga un puñado de días. Y, después, con el argumento de que la otra parte se lo está suplicando, lo vuelve a prorrogar, esta vez 10 días, hasta el 6 de abril.
Y siempre diciendo que todo va sobre ruedas, aunque siga enviando tropas y los bombardeos hayan cumplido cuatro semanas.
El presidente de EEUU, Donald Trump, se quedó con pocas salidas desde que comenzó la guerra contra Irán de la mano de Israel. Porque la revuelta interna que alentó el primer día nunca ha llegado a producirse, y enseguida dejó de alentarla Trump, porque sabía que lanzar bombas, hasta el punto de matar a dos centenares de niñas en una escuela, quizá puedan llevar al colapso de un régimen, pero difícilmente a una revolución.
Y Trump ya no habla de una revuelta popular en Irán. De hecho, se ha dedicado a hablar de intensificar los bombardeos día a día, a pesar de afirmar que Irán ya había sido “derrotado”.
Pero, si Irán ha sido “derrotado”, ¿por qué despliega cada vez más soldados en la zona, incluidas tropas terrestres, mientras redobla los bombardeos? ¿Y por qué el secretario de Estado, Marco Rubio, ha dicho este viernes que aún “quedan semanas” de guerra?
En realidad, todo está en la mano de Trump. Pero necesita una narrativa para salir de Irán.
De la misma manera que la narrativa para entrar en guerra ha ido cambiando sin fortuna, desde el cambio de régimen a la eliminación de una amenaza inminente que ningún informe de los servicios de inteligencia estadounidenses ha reflejado nunca antes, ahora necesita un relato para salir de una guerra elegida que nadie pedía en EEUU ni en el resto del mundo, salvo Israel.
EEUU e Israel están bombardeando Irán todos los días, causando grandes daños en el país, incluidas ciudades e infraestructuras civiles, pero también están siendo golpeados, tanto ellos como sus aliados en el golfo.
Miles de millones de dólares en equipamiento militar altamente sofisticado se han perdido o han sufrido daños significativos desde que Estados Unidos e Israel comenzaron a atacar miles de objetivos en todo Irán hace cuatro semanas, informa The Wall Street Journal. La mayor parte de los daños sobre el terreno ha sido causada por misiles balísticos y drones iraníes.
Los daños de combate y la reposición de las pérdidas durante las tres primeras semanas de la guerra probablemente tengan un coste aproximado de entre 1.400 y 2.900 millones de dólares, según Elaine McCusker, una alta funcionaria de presupuesto del Pentágono durante la primera administración Trump que ha estado haciendo un seguimiento del coste del conflicto para el American Enterprise Institute, informa WSJ. La estimación más elevada incluye los daños sufridos por un radar qatarí ubicado en una base aérea estadounidense en dicho país.
“Nadie esperaba que fueran a ser atacados”, afirmó el presidente de EEUU esta semana en relación con los países del golfo que están recibiendo la respuesta de Irán a los ataques de Washington y Tel Aviv.
Sin embargo, siempre que Irán ha sido atacado, ha respondido con ataques a los aliados de EEUU y sus intereses en el Golfo. Y, en esta ocasión, ante la magnitud de la guerra desatada el 28 de febrero, la respuesta de Irán también ha sido más fuerte.
Del mismo modo que Trump no “esperaba que fueran atacados” sus aliados, también ha demostrado no tener previsto el bloqueo selectivo del estrecho de Ormuz y las consecuencias que eso podría tener para la economía mundial y la de EEUU, en particular.
De hecho, este mismo viernes el presidente de EEUU ha estado anunciando ayudas para los agricultores, incluidas las relacionadas con el diésel que utilizan. Además, hay una preocupación global por la interrupción del suministro de fertilizantes, en tanto que el Golfo se sitúa en el epicentro del mercado de los materiales de los que dependen los agricultores de todo el mundo. Incluidos los estadounidenses.
Trump, que lleva cuatro semanas dando bandazos, también ha tomado sobre la marcha decisiones como la de levantar sanciones a los petróleos de Venezuela, Rusia e Irán para intentar contener los precios en EEUU, además de ordenar una liberación de reservas sin precedentes.
El presidente de EEUU, que esta semana hacía un llamamiento a los republicanos a ganar las elecciones legislativas de mitad de mandato el próximo noviembre, sabe que una escalada de los precios energéticos puede ser determinante para que los demócratas le arrebaten el control absoluto del legislativo.
Además, la guerra de Irán es la más impopular de todas las guerras recientes, y ese dato solo puede empeorar con el paso del tiempo. En efecto, la mayoría de los estadounidenses cree que la guerra contra Irán ha ido demasiado lejos, y muchos están preocupados por la posibilidad de pagar la gasolina, según una nueva encuesta de AP-NORC.
Mientras la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel cumple su cuarta semana, la encuesta de AP-NORC indica que la campaña militar de Trump podría estar convirtiéndose en un importante lastre político para su Administración. Mientras Trump despliega más buques de guerra y tropas hacia Oriente Medio, cerca del 59% de los estadounidenses afirma que la acción militar de EEUU en Irán ha sido excesiva.
Entretanto, el 45% está “extremadamente” o “muy” preocupado por la posibilidad de poder pagar la gasolina en los próximos meses; una cifra que ha aumentado desde el 30% registrado en una encuesta de AP-NORC realizada poco después de que Trump ganara la reelección con promesas de que mejoraría la economía y reduciría los costes de la vida.
Y en todo ese contexto, el ultimátum de Trump de cometer una colección de crímenes de guerra volando las principales instalaciones eléctricas de Irán, con las consecuencias que eso puede tener para los mercados energéticos mundiales, al tiempo que prolonga unos bombardeos indefinidamente e intenta hacer planes para asaltar la isla de Jarj, con los riesgos que eso supone, le deja en una posición complicada en EEUU en pleno año electoral.
Y, ahí, de nuevo entra la marcha atrás al ultimátum que no cumple. Y después de decir que no quería negociar, de insultar a los aliados por no ponerse a su servicio de patrullar el estrecho de Ormuz por una crisis que ha creado solo Trump. Y hasta tal punto llega el enfado, que este jueves abría la puerta, por segunda vez en esta guerra, a replantearse el concurso de EEUU en la OTAN, una decisión que compete al Congreso.
“No necesitamos la ayuda de nadie”, insiste Trump, mientras no puede ocultar el dolor por la falta de ayuda de sus aliados europeos y asiáticos, que no quieren verse involucrados en una guerra ilegal y gratuita que está saliendo muy cara. Pero mientras aparenta desdén, e incluso dice que la petición de ayuda era sólo una forma de poner a prueba la lealtad de unos aliados que sólo han activado el Artículo 5 para ir a la guerra de Afganistán en respuesta al 11-S, no puede sino repetir una y otra vez lo decepcionado que está con el primer ministro británico, Keir Starmer, cuya negativa a colaborar obligó a EEUU a hacer regresar a unos B-2 desde la base de Diego García a “Missouri, 17 horas de vuelo”, según Trump.
Y, en esa soledad ante el mundo, con Benjamín Netanhayu y Javier Milei como escuderos, junto con la escalada de precios de la energía que repercute en los consumidores y en todos los procesos económicos, mientras reacciona a la desesperada a medida que asaltan reveses, Trump está viendo la vía del diálogo con Irán como una posible vía de escape ante una guerra que se ha convertido en una encerrona para él, por mucho que esté suponiendo un aumento de la presencia general de los intereses políticos, militares y económicos de EEUU en la región.
Así, Trump ha pasado de decir que no había nada que negociar, de asegurar que no había nadie con quien negociar, y de señalar que la guerra la terminaría él independientemente de lo que dijera Irán, lleva esta semana aplaudiendo el desarrollo de unas conversaciones con Irán que el propio Teherán no reconoce.
Esas negociaciones se traducen en un plan de 15 puntos que ha entregado EEUU a Irán y que Irán ha rechazado, antes de la última prórroga negociadora de Trump.
Como ocurrió con los aranceles, la sucesión de amenazas, ultimátums y conversaciones acabaron en acuerdos que poco se parecían a los primeros chantajes, pero, eso sí, le daban a Trump una vía de escape. Por eso, ahora al presidente de EEUU se le ve alentando unas negociaciones con Irán que le permitan salir del avispero en que se encuentra con la guerra y el bloqueo de Ormuz. Y todo ello en año electoral y con los aliados dándole la espalda.
5