Trump refuerza la legitimidad del régimen iraní que quería destruir y no se da cuenta
En el mundo paralelo en el que habita Donald Trump, la guerra en Irán se ganó en la primera hora de bombardeos del pasado 28 de marzo; la operación de cambio de régimen se ha llevado a cabo con éxito; e Irán está totalmente debilitado y no representa ninguna amenaza. La realidad, sin embargo, dice lo contrario: los bombardeos no solo continúan, sino que EEUU amplía su despliegue militar en la región mientras coquetea con una invasión al tiempo que alienta negociaciones con Teherán para buscar una salida diplomática del avispero iraní.
La campaña de decapitación de Israel y EEUU ha dejado al frente del país a los mandos más duros mientras el proceso de negociación que alienta el presidente como consecuencia de su fracaso estratégico refuerza la legitimidad del régimen que quería destruir. “Dentro de Irán, se percibe un cambio notable de tono. Si bien las fases iniciales de la guerra estuvieron marcadas por la preocupación por la supervivencia del régimen, el discurso actual hace cada vez más hincapié en lograr resultados estratégicos y reconfigurar el equilibrio a largo plazo”, dice el analista Hamidreza Azizi, investigador del Instituto Alemán de Asuntos internacionales y de Seguridad (SWP).
En un giro absurdo para intentar presentar una victoria inexistente, Trump decía este fin de semana: “Si nos fijamos, el primer régimen fue diezmado, destruido. Todos están muertos. El siguiente régimen también está prácticamente muerto. Y con el tercer régimen nos enfrentamos a gente muy distinta a la que nadie se ha enfrentado antes. Es un grupo de personas totalmente diferente. Así que yo lo consideraría un cambio de régimen”. Trump también ha dicho este lunes que el interlocutor iraní es Mohamad Ghalibaf, el nuevo hombre fuerte de Irán, cercano al nuevo líder supremo, presidente del Parlamento y comandante de la Guardia Revolucionaria.
“EEUU está manteniendo conversaciones serias con UN RÉGIMEN NUEVO Y MÁS RAZONABLE para poner fin a nuestras operaciones militares en Irán”, escribía este lunes Trump. 10 minutos más tarde, su secretario de Estado le desmentía en una entrevista en televisión: “Estamos tratando con un régimen de 47 años que tiene mucha gente dentro que no son necesariamente seguidores de la diplomacia y la paz”. “Siempre acogeríamos con agrado un escenario en el que Irán estuviera liderado por personas con una visión diferente del futuro, y si surge tal oportunidad, la aprovecharemos”, añadía Marco Rubio.
La guerra se precipita hacia un punto de inflexión en el que todas las opciones posibles son desfavorables. Muy pronto, el presidente estadounidense se enfrentará a la disyuntiva de intensificar una guerra impopular o, para ponerle fin, obtener una concesión de Israel que Irán podría enmarcar como un triunfo
Esa oportunidad es la que Nate Swanson, exdirector para Irán del Consejo de Seguridad Nacional de 2022 a 2025 durante el mandato de Joe Biden y exnegociador para Irán el año pasado nombrado por la Administración Trump, cree que EEUU ha reventado con esta guerra.
“La esperanza era que cuando muriera el líder supremo Ali Jamenei, el siguiente tendría que reconsiderar la toma de decisiones de Irán y la forma de interaccionar con EEUU y la región y llegar a la conclusión de que ese no era el camino correcto por su propio bien. La ironía es que, en el mejor de los casos, estamos retrasando esa decisión durante años o décadas y estamos empoderando a los elementos más duros del régimen en Irán que no van a afrontar de manera crítica esa cuestión y, en su lugar se centrarán en su seguridad”, decía Swanson en el podcast The Brian Lehrer Show.
Swanson escribía recientemente en Foreign Affairs que la guerra había resultado “contraproducente” para EEUU y que será Teherán quien “establezca ahora las condiciones para la paz”. Con su estrategia de escalada horizontal en Ormuz y el Golfo, Irán ha conseguido que EEUU tenga que elegir entre la guerra o la estabilidad global de los mercados.
“La guerra se precipita hacia un punto de inflexión en el que todas las opciones posibles son desfavorables. Para aceptar un alto el fuego, Teherán casi con toda seguridad exigirá garantías de que EEUU limitará los futuros ataques israelíes contra Irán. Trump conserva una considerable influencia sobre Netanyahu debido a la dependencia de Israel de la asistencia militar estadounidense, pero aun así, es una exigencia enorme. Muy pronto, el presidente estadounidense se enfrentará a la disyuntiva de intensificar una guerra impopular o, para ponerle fin, obtener una concesión de Israel que Irán podría enmarcar como un triunfo”, continuaba Swanson.
Mientras negocia, EEUU refuerza el despliegue militar y amenaza con más bombardeos sobre objetivos civiles, incluidas las plantas desalinizadoras. “La planificación parece reflejar la frustración dentro del equipo de Trump, no solo porque el régimen ha sobrevivido a la campaña, sino también porque Teherán cree que su capacidad para perturbar el mercado energético y la economía mundiales le da derecho a dictar las condiciones en la mesa de negociación”, escribe en su informe diario el think tank estadounidense The Soufan Center.
Esa frustración alcanza límites insospechados con afirmaciones que dicen más sobre quien las pronuncia que sobre su objetivo. Ahora Trump se pasea por platós de televisión diciendo que la CIA le ha informado de que el nuevo líder supremo de Irán es gay.
Irán en el nuevo orden regional
El estrecho de Ormuz es la principal baza negociadora de Irán y entre las propuestas que se debaten en Islamabad se incluye la creación de un consorcio multinacional para gestionar el flujo de petróleo a través del estrecho. “Cualquiera que pretenda rellenar una tabla de Excel con las victorias y derrotas en esta guerra tendrá que marcar una clara victoria iraní en este asunto”, escribe el analista israelí Zvi Bar'el en Haaretz. Dicho acuerdo diseña el marco de un nuevo mapa geopolítico y de seguridad en la región.
“Lo que emerge no es un orden estable con una hegemonía clara ni una simple reedición del antiguo sistema regional. Más bien, se trata de un espacio de competencia entre actores que buscan simultáneamente contenerse, acomodarse o instrumentalizarse mutuamente. Más que enfrentarse a un nuevo orden regional ya consolidado, Irán se enfrenta a una fase incierta de recomposición”, explica Luciano Zaccara, investigador de CIDOB. “Irán sigue siendo un actor central, pero ya no opera con una lógica expansiva, sino con una de preservación y adaptación. Su objetivo hoy es más limitado, pero no por ello menos significativo: impedir la consolidación de un entorno regional en el que Israel, varios países árabes y Estados Unidos converjan para contener la proyección iraní, debilitar sus redes regionales, restringir su margen de maniobra diplomática y aumentar progresivamente los costes de su presencia e influencia en la región”.
“La cuestión clave no es si Irán seguirá siendo influyente, sino qué tipo de influencia podrá ejercer”, se pregunta Zaccara. “Todo indica que su capacidad de bloqueo seguirá siendo considerable; su capacidad de liderazgo positivo, mucho menor. Seguirá siendo demasiado grande, demasiado poderoso y demasiado central como para ser ignorado. Pero eso no lo convierte en el artífice del nuevo orden. Más bien lo convierte en uno de los actores cuya presencia obliga a otros a definir sus posiciones: a integrarlo parcialmente, a contenerlo o a mantenerlo dentro de un equilibrio inestable que nadie controla por completo”.
Tienes que escuchar...
A Rana Farhan, música y cantante iraní que mezcla el jazz y el blues con la poesía persa.
Gracias por llegar hasta aquí.
¡Hasta la semana que viene!
Sobre este blog
0