Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
PERFIL

Quién es Mohamad Ghalibaf, el hombre fuerte de Irán que acapara las miradas mientras Trump busca negociar

El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, muestra su documento de identidad antes de presentar su candidatura para las elecciones presidenciales de Irán.

Icíar Gutiérrez

2

Mientras Donald Trump da señales de un cambio de rumbo en su guerra contra Irán, pasando en cuestión de horas de amenazar con redoblar presión militar a abrir la puerta una solución negociada, muchas miradas se han dirigido a Mohamad Baqer Ghalibaf, un influyente comandante de la Guardia Revolucionaria cuyo nombre ha emergido como posible interlocutor de Estados Unidos.

Tras sembrar la confusión asegurando que EEUU e Irán están manteniendo conversaciones, Trump afirmó este lunes que Washington está negociando con una “figura destacada” de Irán que no es el líder supremo. “Estamos tratando con el hombre que, en mi opinión, es el más respetado y el líder. Es un poco complicado: hemos eliminado a todo el mundo”, sostuvo, antes de añadir que no podía dar su nombre porque no quiere “que lo maten”.

Medios como Axios publicaron que los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner se habían puesto en contacto con Ghalibaf, aunque, al parecer, aún no se habían producido conversaciones directas. Distintas informaciones han señalado que Egipto, Pakistán y Turquía transmitieron mensajes, con Islamabad despuntando como posible sede de unas conversaciones. Fuentes israelíes apuntaron que podrían asistir Ghalibaf y otros funcionarios en representación de Teherán y, posiblemente, el vicepresidente Vance por EEUU. Una fuente familiarizada indicó a Axios que la participación de Ghalibaf en unas negociaciones es importante por su antigüedad y credibilidad dentro del régimen.

La especulación ha aumentado aún más después de que Politico desvelara que la Administración Trump está barajando discretamente a Ghalibaf como posible socio —e incluso como futuro líder—. No obstante, la misma información, que cita dos fuentes del Gobierno, recoge que la Casa Blanca espera “poner a prueba” a varios candidatos mientras busca a alguien dispuesto a llegar a un acuerdo. La atención se centra en figuras que ya ostentan poder dentro del sistema y una de las fuentes consultadas por el medio reconoce que se trata de colocar a alguien como Delcy Rodríguez en Venezuela. Pero a algunos les parece una idea prematura e ingenua, y también hay expertos que son escépticos ante la posibilidad de que Ghalibaf sea tan dócil.

El propio Ghalibaf lideró la respuesta pública de Irán a las afirmaciones de Trump y negó que se hubiera producido ninguna “negociación” con EEUU, acusando a Washington de intentar manipular los mercados y “escapar del atolladero en el que están atrapados” Trump y Netanyahu. El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní admitió que el país ha recibido mensajes de Washington a través de intermediarios en los que solicitaba negociaciones, pero aseguró que en este momento no hay conversaciones en curso.

De la Guardia Revolucionaria a la política

Ghalibaf es el actual presidente del Parlamento iraní, con una trayectoria tanto en la esfera militar como en la civil. Luchó en el frente de batalla en la guerra entre Irán e Irak que estalló después del derrocamiento del sha y llegó a ser comandante de la Guardia Revolucionaria. También fue jefe de la Policía y, entre 2005 y 2017, fue alcalde de Teherán, dejando un legado mixto: sus partidarios elogiaron su enfoque tecnocrático y su atención a la gestión urbana, pero esta etapa también estuvo marcada por los escándalos de corrupción. Un perfil en el New York Times de aquella época lo presentó como un “modernizador autoritario”. Según The Guardian, en 2013, ordenó que todas las secretarias, mecanógrafas o jefas de oficina en los ayuntamientos fueran sustituidas por hombres.

El Centro para los Derechos Humanos en Irán (entonces conocido como Campaña Internacional por los Derechos Humanos en Irán, ICHRI) ha acusado en el pasado a Ghalibaf de desempeñar un papel destacado y directo en la represión y el uso de la violencia contra manifestantes en julio de 1999, julio de 2003 y en las protestas posteriores a las elecciones de 2009.

Protegido de Ali Jamenei, es un político ambicioso, pero comprometido con la preservación del orden iraní, lo que, a juicio de algunos expertos lo convierte en un candidato poco probable para ofrecer a Trump concesiones significativas en un ambiente de profunda desconfianza en Teherán. 

Aspirante presidencial casi perenne, ha intentado ostentar el cargo hasta en cuatro ocasiones. En 2024, quedó tercero en la primera ronda de las elecciones que acabó ganando Masud Pezeshkian, considerado el candidato reformista. Aquella campaña se vio empañada cuando salió a la luz un supuesto viaje de su hija a Turquía del que regresó con 300 kilos de compras para su bebé.

Ghalibaf, que cultiva una imagen de hombre fuerte, también ha sido profesor en la Universidad de Teherán y es piloto titulado –es conocido por presumir de que es capaz de pilotar aviones jumbo, según informa AFP–.

Un papel cada vez más central

Varios expertos creen que Ghalibaf es la figura política más influyente que sigue con vida tras la serie de ataques contra la cúpula perpetrados principalmente por Israel en su guerra ilegal conjunta con EEUU. Algunos analistas señalan que ha tejido sólidos vínculos entre las distintas facciones e instituciones. Ha sido descrito como un nodo clave entre las élites políticas, de seguridad y clericales.

En las últimas semanas se ha mostrado cada vez más central, exponiendo la postura de Irán a medida que avanzaba la contienda, como explicó Reuters en un artículo publicado la semana pasada, antes de que su nombre comenzara a sonar con fuerza en los últimos días. Según señaló el think tank The Soufan Center el 8 de marzo, Ghalibaf ha sido una de las dos figuras del establishment que dirigen la guerra y el Gobierno, figuras que “seguirán siendo poderosas e insistirán en mantener las políticas de Jamenei a menos que sean destituidas”. El otro era el jefe de seguridad nacional, Ali Larijani, asesinado la semana pasada en un ataque de Israel.

“El hecho de que Ghalibaf esté liderando las relaciones diplomáticas con Estados Unidos concuerda con las informaciones que indican que ha consolidado una enorme influencia en Irán, especialmente desde que comenzó la guerra actual”, dice en su último informe el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW, por sus siglas en inglés), un think tank estadounidense.

Un mitin electoral de Mohammad Bagher Ghalibaf.

Durante la guerra, la suya ha sido una voz desafiante contra Israel y Estados Unidos, prometiendo fuertes represalias por sus ataques. “Desde aquí, les digo con toda franqueza y claridad a Trump, a Netanyahu y a sus agentes y secuaces: a estos dos asquerosos asesinos y a todos sus cómplices, que han cruzado nuestra línea roja y deben pagar el precio. Para nosotros, esto no es solo una guerra existencial, sino una furia reprimida, y ha llegado el momento de la venganza definitiva”, dijo en un discurso al comienzo de la guerra. En enero, aunque reconoció la legitimidad de las reivindicaciones económicas de los manifestantes, enmarcó la ola de protestas en el país persa dentro de un enfrentamiento en múltiples frentes —económico, cognitivo, de seguridad y militar— con EEUU e Israel, y advirtió de que cualquier intervención militar extranjera provocaría represalias contra objetivos israelíes y estadounidenses.

Los expertos creen que llevaba tiempo vinculado a redes que apoyaban a Mojtaba Jamenei, el nuevo líder supremo elegido tras el asesinato de su padre el primer día de la guerra de EEUU e Israel. Ya en enero, en un artículo en el que abordaba una posible sucesión, el analista de la política exterior y de seguridad iraní Hamidreza Azizi situó a Ghalibaf en el bando que se inclinaba por Motjaba Jamenei. “Esta alineación nunca fue pública ni conflictiva, pero era relevante, ya que demostraba que la Guardia Revolucionaria Islámica no estaba unificada en torno a un único resultado de sucesión, aun cuando se mantuviera leal al propio Jamenei”, escribió el profesor visitante en el Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad (SWP) en Berlín.

Azizi lo definió entonces, antes de la guerra, como una figura política de peso de la vieja guardia que podría erigirse en figura central, “aportando continuidad y coordinación”. 

ISW también especula con la posibilidad de que Ghalibaf haya formado parte del “reducido grupo de oficiales” de la Guardia Revolucionaria “que intervino de forma agresiva en el proceso de sucesión del líder supremo para garantizar que Mojtaba Jamenei sustituyera a su padre”. 

Los expertos del think tank sostienen que, si bien en las últimas décadas ha actuado principalmente como político, Ghalibaf mantiene estrechos vínculos con el establishment militar. Según su análisis, el presidente del Parlamento asumió un papel de mando superior “sin precedentes” durante la guerra de los 12 días –de junio de 2025– “lo que demostró su influencia y autoridad en el régimen”. “Según se informa, Ghalibaf también estuvo detrás de la formación del Consejo de Defensa tras la guerra de los 12 días, cuyo objetivo era agilizar la toma de decisiones y preparar al régimen para futuros conflictos contra Estados Unidos e Israel”. 

Por otro lado, el asesinato del secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Ali Larijani, “podría haber eliminado otra barrera más a la influencia de Ghalibaf, dado que Larijani desempeñaba un papel igualmente dominante en la política exterior y de defensa iraní y se había opuesto al ascenso de Mojtaba, apoyando en su lugar a su propio hermano, Sadegh Amoli Larijani, para el liderazgo supremo”.

Etiquetas
stats