Unos aplausos que definen una forma de hacer oposición
Cuando el marcador del Congreso certificó la caída de los dos decretos de vivienda la semana pasada, la bancada popular se marcó una cerradísima y larga ovación, de esas que se reservan para un gol en el descuento de un Mundial. Y mira que se entiende la crítica al Gobierno por haber dejado que la emergencia de la vivienda haya alcanzado estas dimensiones, mira que se entiende el rechazo a las repentinas prisas, pero convertir la caída de unas medidas que protegían a cientos de miles de personas en una celebración de grada retrata al PP como lo que lleva tres años siendo.
Feijóo proclamó tras la derrota parlamentaria de los decretos que está “listo” y “preparado”. Preparado, naturalmente, para gobernar porque todo va de eso, toda la legislatura ha ido de eso. Más de tres años entendidos como la sala de espera hasta la corrección de lo que el presidente del PP ha considerado desde el principio una anomalía histórica. Desde su derrota aritmética, prácticamente todo el discurso de Feijóo ha consistido en presentar la legislatura de Pedro Sánchez como una situación meramente provisional cuya verdadera resolución llegará tras unas nuevas elecciones.
Hay que tener en cuenta que Feijóo aterrizó en Madrid desde una Galicia de cuatro mayorías absolutas, una Galicia de muchas loas y prensa amable (regada de dinero público), así que desde su victoria sin premio ha tenido que reivindicarse tamizando su propio fracaso. En su mitin del sábado aseguró que no pide elecciones por “revanchismo”, cuando ese ha sido su única brújula desde las pasadas elecciones: dificultar o tumbar cuanto llegara del Gobierno mientras mantenía el adelanto electoral como único horizonte de salida.
Vayamos al melón de la vivienda, donde su gran propuesta conocida consiste, básicamente, en construir. Feijóo ha anunciado que va a construir un millón de casas, la friolera de 250.000 al año. Muchas dudas aquí. ¿Cuántas públicas? ¿Cuántas protegidas? ¿Sobre qué suelo, con qué financiación? ¿Quién podrá comprarlas? ¿Con qué trabajadores, en un sector que no encuentra mano de obra? ¿Con inmigrantes? ¿Habrá regularización masiva? Uy, ¿qué dirá de esto su previsible socio de Gobierno? ¿Por qué esta medida tan necesaria no se ha desarrollado en las comunidades autónomas y ayuntamientos gobernados por el propio PP? ¿Por qué el propio Feijóo en Galicia construyó tirando a poco? ¿Permitirá que las viviendas públicas acaben en manos de fondos de inversión como hizo en Madrid Ana Botella? ¿Construirán en beneficio de los grandes rentistas, como vienen haciendo? ¿Culparán de todo lo que no hagan (o no hagan) a la herencia recibida? Y, lo más importante: ¿Qué pasa con las miles de viviendas ya construidas a las que sencillamente no puede acceder la gente? ¿Piensan tomar alguna medida al respecto o su única propuesta es construir y construir?
La propuesta tampoco responde al enigma de si van a seguir favoreciendo al capital extranjero como cuando en el 2013, el Gobierno de Mariano Rajoy aprobó el marco legal que permitió conceder permisos de residencia a inversores extranjeros mediante las conocidas golden visa. Igual por ahora pueden priorizar explicarles a los cientos de miles ciudadanos que salieron a las calles el pasado fin de semana qué aplaudían exactamente en el Congreso. Fundamentalmente porque más de la mitad de los votantes de PP, Vox y Junts apoyaban el escudo antidesahucios según las encuestas publicadas, así que se puede decir que en el Congreso también aplaudieron contra su propia parroquia.