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La 'gayez'

1 de julio de 2026 21:54 h

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Me gustan las celebraciones del Orgullo LGTBIQ+, y no solo porque comparta sus demandas de libertad y diversidad, sino también porque me divierten, porque me lo paso bien en sus cabalgatas y verbenas. Así es desde que asistí con los amigos de Ajoblanco a su primera expresión en la piel de toro, la marcha en La Rambla de Barcelona de 1977, y me pasmó, admirativamente, por supuesto, la provocativa desvergüenza de Ocaña, Nazario y su pelotón de travestis, locas y reinonas.

De todos los movimientos emancipadores de nuestros tiempos, el de gais, lesbianas, trans y demás es el que ha asumido con menor complejo la idea de que la alegría es revolucionaria. Los demás pueden compartirla teóricamente, pueden citar incluso aquel poema tan lindo en que Benedetti propone “defender la alegría como una bandera”, pero la dureza de la realidad, y del combate por cambiarla, tiende a sumirles en la solemnidad, el enfado o la ira. En algunos casos puede llegar hasta convertirlos en tan ásperos y malajes como Savonarola.

Del Festival de las Ideas y la Cultura recién celebrado en Rivas por este diario, he retenido dos cosas. Una es la confirmación del futuro de censura, persecución y marginalidad que nos espera a los progresistas de culminar las derechas la conquista total del poder político en España; ya saben que el PP maniobró para que no se celebraran las jornadas de Rivas. La otra cosa que he retenido es la reivindicación del humor que hicieron algunos participantes. Me parece estupenda la fórmula de Jordi Évole: “La kriptonita del fascismo es el humor”. Pues sí, una buena broma es un torpedo que va directo a la línea de flotación del fascismo o cualquier otro totalitarismo. Contra ello no tienen respuesta.

La actriz argentina Cristina Rota también enunció en Rivas algo que yo siempre he pensado: “La mayor resistencia ante las dictaduras es vivir y que no te borren la sonrisa”. Pues, de nuevo sí. Vivir esta vida, la única de la que estamos seguros. Vivirla disfrutando de sus muchos buenos momentos. Y, ante los malos, practicar aquello de Isabel Pantoja: “Dientes, dientes, que eso es lo que les jode”.

La sonrisa y la risa nos recargan de energías positivas. Recuerdo perfectamente la liberación emocional que me producía en tiempos de Franco reír con los muchos chistes sobre el dictador que circulaban clandestinamente. Aquellos chistes eran una magnífica manifestación de resistencia ante el despotismo de un pueblo, el español, que siempre ha tenido mucha guasa, aunque sea negra. Y no te quitaban el valor necesario para acudir a una asamblea o manifestación ilegal. Al contrario.

Desde los comienzos de su lucha por la igualdad de derechos -los disturbios de Stonwall (Nueva York) de 1969-, la gayez, que así llama Eduardo Mendoza a la homosexualidad, ha usado a placer el descaro, la parodia, la burla, la bravata y el baile como instrumentos libertarios. Tan es así que la misma palabra gay que hoy define universalmente a este movimiento proviene de un vocablo inglés de origen francés que significa alegre, despreocupado y vistoso. Muchos gais han conseguido hacer del humor su ganapán, y pienso ahora en ese Marc Giró cuyos inteligentes monólogos siempre me arrancan una carcajada.

Hace dos veranos, recibí el Premio Salo24 del Día del Orgullo de Salobreña, la localidad de la Costa Tropical granadina donde paso buena parte del año. Me encantó que los organizadores hubieran valorado el que un heterosexual convicto y confeso como servidor se significara en la defensa urbi et orbi de los derechos del colectivo LGTBIQ+. Así es, siempre he pensado que no hace falta ser negro para estar contra la esclavitud, ni mujer para abominar del machismo, ni gai para combatir la homofobia. Estas son causas universales.

No estaré en Salo Orgullo 2026, pero permítanme que les diga que, si andan por el Sureste peninsular, puede ser divertido acudir a algunos de sus actos del viernes, sábado o domingo. Estoy seguro de que se lo pasarán bien con la jovial desvergüenza de Los Quintana, Bob Pop, Marta Sánchez, PutoChinoMaricón, Samantha Hudson y muchos más. “Aquí la libertad se celebra, se cuida y se comparte”, es su lema.

El caso es que, nómada como soy, ando esta semana por Madrid. Me pasaré, pues, por Chueca este fin de semana y padeceré con buen humor sus altas temperaturas humanas y climáticas. Me divertiré, seguro. Háganlo también ustedes a su manera, estén donde estén. Sin el menor remordimiento. Que Ayuso, Feijóo y Abascal no logren amargarnos la vida. Estamos en verano, carajo.