La portada de mañana
Acceder
Una jueza plantea rechazar desahucios ante la “quiebra del mercado de la vivienda”
Aguirre, la presidenta del Gobierno más corrupto de la Comunidad de Madrid
Opinión - 'El claudicante Sémper', por Esther Palomera

La tiranía del gas

22 de octubre de 2026 22:11 h

0

Septiembre fue el primer mes en cinco años en que España no compró gas natural licuado a Rusia. Un hito y a la vez un recordatorio de lo difícil que es pasar de las palabras a los hechos en cuestión de principios internacionales. 

En lo que va de 2026, el 15% del suministro de gas natural en España ha venido de Rusia. En los cuatro años y medio de invasión rusa de Ucrania a gran escala, España de hecho ha seguido siendo una de las puertas de entrada del gas natural a Europa. En el primer semestre de este año, las compras españolas de gas ruso se dispararon en medio de la guerra en Oriente Próximo. 

Con la unidad de acción siempre tan esquiva en la UE, incluso en este asunto de más consenso, hasta este año los gobiernos no han sido capaces de aprobar el veto definitivo de las compras de gas, que entrará en vigor a lo largo de 2027. A la vez, esto supone de manera inmediata más compras de gas a Estados Unidos, cuyas decisiones erráticas actuales exponen los efectos de la excesiva dependencia del tradicional aliado y recuerdan uno de los grandes problemas estructurales para las economías mundiales: la dependencia de los combustibles más contaminantes y producidos en las regiones más inestables del planeta. 

Cada uno intenta lo que puede, y España es uno de los países en posición privilegiada por su apuesta por las energías renovables desde hace décadas. Otros lo tienen peor. 

El Gobierno británico acaba de autorizar la explotación de un yacimiento de gas en el sobreexplotado mar del Norte, paralizada por los tribunales y que el anterior primer ministro laborista, Keir Starmer, se había comprometido a abandonar. Ahora Andy Burnham, el actual, dice que su enfoque es “pragmático” mientras el Reino Unido invierte en energías renovables. 

La dependencia del gas y del petróleo alimenta a los peores tiranos del planeta y financia sus guerras, expone a las economías a los vaivenes que empeoran la vida diaria y echan sal en las heridas del descontento mientras empuja el caos climático con consecuencias devastadoras a la vista de todos en Europa.

El liderazgo y el dinero que hace falta para alejarse de esta dependencia requiere la unidad política internacional que ahora mismo no existe. La factura que estamos pagando se cuenta en vidas.