Dignidad de clase
¿Qué opinión le merecen esos latinos emigrados a EEUU que censuran y regañan a sus hijos cuando hablan español; o aquellos que borran todo rastro de su identidad nacional para asimilarse a la del país de acogida? ¿Le resulta reprochable que el migrante parezca avergonzarse de sus raíces? Porque eso se podría parecer bastante a votar a la derecha sin pertenecer a la esfera de aquellos a quien esta defiende y representa. Con el matiz de que los primeros podrían querer disimular su origen por supervivencia, y los segundos, por ignorancia. Por mucha vergüenza y desagrado que le produzca la clase obrera, sus aspiraciones de nuevo rico se verán frustradas por aquellos referentes políticos a los que pretende emular. Si sus años de experiencia vital no le han servido para darse cuenta de que no le van a representar si usted cobra el salario medio de alrededor de 2500 euros (y si no llega a esa cantidad ni de broma, más a mi favor), permítame que se lo diga así: a usted no lo van a defender porque usted no es de los suyos.
No es de los suyos porque no fue a un colegio privado, a un instituto privado, a una universidad privada y no hizo un máster en el extranjero; no es de los suyos porque sus hijos no heredarán varias viviendas sin hipoteca en el centro de su ciudad; no es de los suyos porque si deja de trabajar no podría mantenerse más de un año con sus ahorros. Usted se piensa de los suyos porque los ve hablar en la tele igual (o peor) que usted en la barra del bar, y eso le hace creer que están en la misma liga. Pero no se los va a cruzar jamás en una parada de transporte público ni en ninguna boda ni van a ser vecinos de vacaciones en una villa de Mallorca. Es más, si usted va de vacaciones mide hasta el último céntimo de cada paella (mixta. Nunca o casi nunca de bogavante). No es de los suyos porque a usted no le regalan bolsos Loewe ni juega al golf con empresarios del Ibex 35; usted no tiene un abogado, un asesor financiero, una asistenta, un gestor, un entrenador personal; no guarda un jaguar en el garaje ni le reservan un palco en ningún campo de fútbol; tampoco es inversor ni tiene miles de empleados a su cargo ni cuentas en el extranjero.
En definitiva, no es de los suyos porque la cuenta de ahorros de toda su vida está entre cuatro y cinco ceros, en el mejor de los casos, y porque usted, y sus padres, y sus abuelos, han vivido de las rentas de su trabajo, y lo que han conseguido lo han hecho con esfuerzo y tesón. ¿Qué hay de indigno en ello? ¿Por qué no quiere reconocerse la pertenencia de clase? Cuando vaya a votar el próximo 29 de noviembre sea honesto y respóndase a esta pregunta: “¿Qué ha hecho la derecha por mí?”. Y no se haga trampa, recuerde la premisa de ser honesto. Los dos partidos de la derecha nacional -PP y VOX- se han opuesto sistemáticamente a todas las medidas de carácter social y de mejora de las condiciones laborales de las dos últimas legislaturas. En la anterior legislatura votaron no a la Reforma Laboral (RDL 32/2021); a la Ley de Vivienda 12/2023, y a la Ley de reforma de las pensiones (en esta VOX se abstuvo). Durante la presente legislatura le han dado la espalda a la Reforma del subsidio de desempleo; el RDL 11/2024 de medidas sobre pensiones y jubilación activa; el RDL 9/2024 de medidas sobre transporte, pensiones y vulnerabilidad social; la Ley de representación paritaria; los recientes Decretos de vivienda y se abstuvieron ante la propuesta de medidas de conciliación y desempleo, recogidas en el RDL 7/2023. A esta nómina a VOX hay que sumarle la negativa a fortalecer el sistema de dependencia. Ellos no van a proteger el escudo social de las pensiones, el desempleo o los servicios públicos simplemente porque ni ellos ni nadie de su entorno lo han necesitado nunca. Y ahora tampoco necesitan disimularlo para conseguir sus votos.
Si, después de todo, aún tiene usted el impulso de votar a la derecha por una cuestión de simpatía ideológica, porque se ha tragado ese discurso de que los inmigrantes tienen la culpa de todos sus males, déjeme decirle que, le guste o no, su vida está mucho más cerca de ese inmigrante al que ahora odia que de esa élite que le quintuplica las rentas (las del trabajo; de las del capital ni hablamos). Si su conciencia de clase se evaporó con el tiempo y las decepciones de los sucesivos gobernantes, tal vez le quede algo de orgullo como individuo si descubre que usted es para ellos un muerto de hambre y un provinciano del que se tronchan de risa en privado.