El cura amigo de Fernández Díaz olvida su influencia sobre el ministro durante la declaración en el juicio de Kitchen

Pedro Águeda

28 de abril de 2026 18:04 h

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El catálogo de personajes del juicio Kitchen guarda un lugar destacado a Silverio Nieto, el sacerdote amigo de Jorge Fernández Díaz que hizo de correa de transmisión de las advertencias que se lanzaron algunos de los principales acusados antes de empezar a desfilar por el juzgado como imputados. Nieto, que fue marino, jueza, policía y luego cura, ha decidido restarse importancia y atribuir su conocimiento y participación de los hechos a su labor de pastoreo de almas, algunas tan zozobrantes en aquellos días como la del secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez.

En realidad, Nieto ejercía una influencia sobre Fernández Díaz que antiguos miembros de ese departamento envidiaban. El pastor de almas, además, no es ajeno a los ambientes policiales. No solo porque fuera policía en el tardofranquismo y la transición. Como él mismo ha reconocido en su declaración como testigo, es amigo de uno los protagonistas de ese ecosistema, el comisario Enrique García Castaño, El Gordo.

El comisario García Castaño es incapaz de defenderse por las secuelas de un grave accidente cardiovascular y ha quedado fuera del banquillo. Pero antes de eso, confesó en el Congreso su participación en muchos de los episodios clave de la historia de la democracia, a un lado y otro de la ley. Cuando el Gordo fue preso un temblor sacudió la Policía. Los agentes de Asuntos Internos lo encontraron ese día en compañía del padre Silverio.

En enero de 2020, el antiguo número dos del Ministerio anticipaba su imputación. El comisario García Castaño había confesado actuaciones ilegales en Kitchen y había dicho en el juzgado que fueron órdenes del director adjunto operativo, Eugenio Pino, y del secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez. Este sabe a quién tiene que dirigirse para lanzar un mensaje al Gordo. Escribe al cura Silverio y le advierte de que las actas sobre los mensajes del ministro que guarda en su poder provocarán su imputación y probablemente la de Rajoy. Nieto reenvía el mensaje a García Castaño y al propio ministro.

Lo hizo, según ha dicho este martes, porque los autores y receptores del mensaje “lo estaban pasando muy mal humanamente”. “Y yo me preocupaba”, ha añadido. “La vinculación [entre los protagonistas] estaba en todos los medios, la posible imputación de Francisco Martínez... y me pareció que podía ser interesante que él supiera lo que iba a hacer [Martínez]. Si no se lo mandé al señor Rajoy es porque no tenía el teléfono”, ha dicho el padre Silverio.

En el tono más desafiante al fiscal de cuantos se han producido hasta ahora, Nieto ha advertido: “Esto era importante para ustedes. Para mí no lo era”. Durante su testimonio se intuía que el fiscal César de Rivas no quedaba convencido. “Es un mensaje más aunque usted pueda pensar otra cosa”, ha soltado el cura. Menos aún convencidos quedaron sus compañeros Miguel Serrano e Ignacio Stampa cuando tomaron declaración a Nieto en fase de instrucción a finales de 2020.

Silverio Nieto tampoco convenció a los portavoces de la comisión de investigación del Congreso. El de Ciudadanos en aquel momento, Edmundo Val, le espetó que si él hubiera recibido ese mensaje, en lugar de reenviárselo a sus amigos García Castaño y Fernández Díaz, se hubiera plantado “en cinco minutos” ante un juez por los indicios de delito que alberga.

Nieto tuvo influencia en el Ministerio del Interior desde el mismo momento en que fue nombrado al frente Jorge Fernández Díaz. El primer secretario de Estado que tuvo, Ignacio Ulloa, fue designado por la influencia del cura Nieto, según fuentes conocedoras de aquel nombramiento. Se da la circunstancia de que el padre Nieto conocía al que fue su sucesor, Francisco Martínez, desde los tiempos de este en la elitista universidad de Comillas.

Amigo del Gordo

El cura ha contado en la Audiencia Nacional que conoció a Fernández Díaz por el interés del político en conocer a los líderes de otras religiones asentadas en España cuyos líderes mundiales visitaban el país. El sacerdote integraba la comisión asesora de las Minorías Religiosa: protestantes, judíos, budistas, musulmanes... Un ámbito de trabajo habitual para los servicios de Información en España. Y ahí, el número uno era el Gordo, al frente de la Unidad Central de Apoyo Operativo (UCAO) de la Policía, encargada, entre otros cometidos, de la captación de fuentes en terreno antiterrorista.

Durante su testimonio en el juicio, Silverio Nieto ha negado estar al tanto de cuestiones policiales. “Vuelvo a decirle que en el año 83 dejé la Policía”, ha contestado, quejoso, a uno de los abogados. El 4 de octubre de 2017, ya relevados de sus cargos Fernández Díaz y Martínez, el pastor de almas escribe a este último: “No es fácil hacerlo tan mal… se añora al Equipo anterior y sería imprescindible recuperar a EGCastaño. Es el único que tiene los contactos con los servicios inteligencias (sic) extranjeros y conoce internamente los Mossos”, escribe. Han pasado tres días del referéndum del 1 de octubre. El pastor de almas tiene un plan para combatir policialmente el soberanismo.