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El PP arranca con tropiezos la precampaña hacia las elecciones del 29N

Aitor Riveiro

17 de octubre de 2026 22:11 h

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“Propongo un cambio sereno, pero contundente”. El planteamiento es de Alberto Núñez Feijóo en su primer gran acto de precampaña, el pasado 10 de octubre, en Madrid. Una “serenidad” que no duró ni siquiera ese acto, en el que el PP dio pábulo a las conspiraciones sobre el voto por correo o a la truculenta historia de unos narcotraficantes que dicen haber sido contratados por el PSOE para atentar contra los jueces. Una disonancia discursiva que abrió una semana de tropiezos que han convocado a los fantasmas del fiasco de 2023 ante la última oportunidad de Feijóo en las urnas.

En ese acto de Madrid, Feijóo también expresó que su Gobierno pedirá “sacrificios” y no “aplausos”. Una frase sin más contexto que retrotrajo a muchos a los profundos recortes sociales de Mariano Rajoy a partir de 2012, y que fue aprovechada por la izquierda para atizar al PP en redes sociales.

La afirmación, aislada, podría haberse diluido en la vorágine informativa de la larga precampaña si no hubiera emergido un asunto inesperado que ataca directamente a uno de los principales caladeros de voto en España: las pensiones de jubilación. Y, otra vez, por la revalorización a cuenta del IPC.

Es otro paralelismo con la fallida campaña de 2023, la del “verano azul” y el debate ‘cara a cara’ con Pedro Sánchez en el que un enchufado Feijóo vapuleó al candidato socialista, acostumbrado a imponerse en los debates parlamentarios. Al líder del PP le salían las cuentas y acariciaba la mayoría absoluta, o al menos eso llegó a verbalizar. Pero al miedo provocado por los pactos con Vox se unió un debate inopinado con la periodista Silvia Intxaurrondo a cuenta de la subida de las pensiones.

Feijóo defendió durante la entrevista en TVE que el PP “siempre” había votado a favor de ligar pensiones e IPC. Pero era mentira. En 2021, las derechas votaron en contra de la ley que fijó la indexación a los precios, pese a que estaba apoyada por la patronal.

Esa misma ley obliga ahora a cualquier gobierno a revalorizar las pensiones conforme al IPC. Y ese ha sido el compromiso lanzado por Feijóo en los primeros compases de esta precampaña. Lo hizo el pasado martes en una entrevista y en un acto de partido. La celeridad del movimiento se explica en intentar zanjar un debate que afecta a 10 millones de personas de forma directa, así como a sus familias. Una bolsa de voto irrenunciable y que decanta las elecciones.

“El que cotiza tiene pensión y garantizaremos la actualización de acuerdo con el índice de precios al consumo”, dijo Feijóo. El problema vino por una frase posterior: “Los jóvenes tienen derecho a un sistema público de pensiones viable”.

Una afirmación que entronca con una línea política habitual en el PP: que un sistema puramente privado y basado en cotizaciones sociales e impuestos está destinado a quebrar. No es una idea de la derecha española, sino uno de los mantras neoliberales en todo el mundo. 

La casualidad (o la imprevisión) hicieron que las palabras de Feijóo coincidieran en el tiempo con las de Ester Muñoz. La portavoz de campaña aseguró que el sistema va “a petar” y que, como “joven”, teme que no tendrá prestación cuando llegue a la jubilación.

El incendio fue inmediato porque Muñoz verbalizó las dos velocidades que el PP ha imprimido a su propuesta de pensiones: garantizar el poder adquisitivo de los mayores, los más fieles a las urnas, mientras abre la puerta a una reforma indefinida a futuro.

El bombero al que ha recurrido Feijóo es su vicesecretario de Hacienda, Juan Bravo, quien este mismo viernes aseguró en una entrevista: “¿Hay pensiones públicas? Sí. ¿Las vamos a garantizar? Sí. ¿Se van a subir al IPC? Sí. Tema solucionado”. El dirigente seguía así los pasos de su jefe de filas, quien un día antes tuvo que sacar a relucir los galones y hacer una afirmación sorprendente: “Soy el candidato, la viabilidad y la actualización al IPC son innegociables”.

Un golpe en la mesa que Feijóo tuvo que dar ante el creciente ruido interno por sacar a relucir, sin motivo aparente, un tema que todos los que saben algo de elecciones dicen que es mejor no tocar. 

Pero la realidad es que el PP sí quiere cambiar el sistema actual e ir hacia un modelo mixto que articule alguna medida como la capitalización de las cotizaciones (es decir, jugar financieramente con el dinero que aportan trabajadores y empresas) o la ‘mochila austriaca’ que enarboló Ciudadanos hace ahora una década.

Lo dijo el propio Bravo en otra de las muchas entrevistas que ha dado en los últimos días en la que dijo que la subida conforme al IPC estaba asegurada… siempre que España tenga “la economía adecuada” para hacerlo.

De la vivienda a las pensiones, y vuelta

La urgencia del PP por cerrar el flanco de las pensiones tiene sus motivos. La revuelta de los jubilados durante el Gobierno de Mariano Rajoy (quien mantuvo congeladas las prestaciones o incluso por debajo del IPC durante su mandato) fue uno de los motivos que llevó al PNV a apoyar la moción de censura que llevó a Pedro Sánchez a la Moncloa. Y los de Feijóo no se han recuperado todavía de aquella.

El problema es que dentro del PP hay una corriente, autónoma en lo discursivo, que califica abiertamente el sistema de pensiones de método de compra de votos. Una facción que encabeza ni más ni menos que Isabel Díaz Ayuso, quien expuso la idea precisamente junto a su jefe de filas en el acto del 10 de octubre.

La presidenta de Madrid acusó al Gobierno de “comprar las voluntades con el dinero de todos los españoles”. “Jóvenes, vivienda, aunque no hayas hecho una vivienda en ocho años. Funcionarios, pues nada, subimos las compensaciones, bajamos las horas de trabajo, bien. Y pensiones. Y ya está”, expuso la dirigente.

La vivienda es, precisamente, otro de los ejes de la precampaña. O lo fue en su arranque, porque su presencia mediática se ha reducido notablemente tras la convocatoria electoral y a expensas de ver qué ocurre con la huelga general del 11 de noviembre.

Los de Feijóo criticaron a Sánchez por haber disuelto las Cortes Generales al calor de la revuelta social que provocó que PP, Vox y Junts unieran sus votos para tumbar los dos decretos de vivienda que el Gobierno llevó al Congreso tras el desahucio de Maricarmen.

En esos primeros compases de precampaña, desde la dirección del PP se aseguraba una y otra vez que no le tenían miedo a debatir sobre vivienda. Mientras, su jefe de filas pasaba de puntillas por el asunto en sus comparecencias públicas y se limitaba a prometer la construcción de un millón de viviendas durante la próxima legislatura si alcanza la Moncloa.

Una estrategia similar a la seguida con las pensiones. Pese a decir que el PP tiene muy clara su postura, Feijóo ha optado por dejar de hablar del tema. Este viernes, en un acto con “mujeres del rural” en Toledo, el candidato no mencionó el asunto una sola vez. Y eso que el auditorio estaba repleto de mujeres mayores, la mayoría ya jubiladas. La presidenta de la organización convocante, Carmen Quintanilla, sí quiso hablar del tema, pero para felicitar a Feijóo. “Gracias por las declaraciones por el mantenimiento de las pensiones”, dijo. “Gracias, gracias, gracias y gracias”, añadió, para asegurar que “las mujeres pensionistas mantienen a familias e hijos” con sus prestaciones. 

“Por eso es tan importante que se sigan manteniendo como tú has dicho”, concluyó Quintanilla, quien fue en el pasado diputada y senadora por el PP.

Feijóo no recogió el guante. No dijo nada. Y optó por lanzar una promesa de campaña: “Impuestos cero para el joven que se vaya a vivir a un pueblo en España”. Entre pensiones y vivienda, el PP prefiere hablar de vivienda.

Vuelve el “fraude” del voto por correo

La campaña “serena” prometida por Feijóo no solo ha sido un espejismo en estos primeros compases para sus estrategas. Algunos de los mensajes lanzados conscientemente por el líder del PP y sus principales portavoces no anticipan esa serenidad prometida.

El PP ha optado por mantener en la agenda una de las conspiraciones que más éxito ha recabado en los últimos años: que el voto por correo es fácilmente manipulable. Una teoría que no se asienta ni en la experiencia ni en lo que dicen los expertos, incluidos los miembros de la Junta Electoral Central que eligen los partidos, entre ellos el propio PP.

Como suele ocurrir en el partido, fue Ayuso la encargada de abrir fuego en ese acto del 10 de octubre ya mencionado. Ante el poco eco de sus palabras, la presidenta de Madrid elevó la apuesta al afirmar este viernes que el ‘pucherazo’ no es un riesgo a futuro, sino algo que pasó en 2023.

Ayuso dijo que esos comicios se convocaron “a traición” y que una parte importante de electores desplazados “no recibió nunca el voto”. “Todo el mundo sospecha que el Gobierno va a hacer alguna trampa, estamos todos de acuerdo”, zanjó.

La presidenta madrileña señaló a los descendientes de los exiliados españoles, nacionalizados gracias a la ley de Memoria Democrática y a quienes el Tribunal Supremo ha dejado fuera del censo de este 29N en una decisión que todavía no es definitiva.

El PP cerró la segunda semana de precampaña como la empezó, hablando de “sacrificio”. Feijóo defendió ante las “mujeres del rural”, de quienes dijo que “luchan por un futuro mejor con enorme sacrificio”. “A quien le moleste”, prosiguió, “no conoce su país”. “El que ignora que la mayoría se esfuerza cada día es que no conoce su país”, añadió, para concluir: “Lo que necesita un Gobierno es garantizar que la gente que se sacrifica va a salir adelante”.

¿Y qué es el “sacrificio”? Lo explicó Juan Bravo en La Sexta: “Si le diese una recomendación a mi hijo, seguramente le diría: trabaja, esfuérzate, sacrifícate. Merece la pena el sacrificio. El sacrificio también tiene sonrisa, tiene alegrías, méritos, tiene resultados”. Una semana después de que lo expusiera su jefe de filas, el responsable de Hacienda del PP tampoco quiso explicar qué sacrificios concretos iban a reclamar a los españoles.