El discurso íntegro con el que Óscar Puente ha anunciado su dimisión: “Es una cuestión de dignidad y empatía”
El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha sorprendido a todo el mundo al cerrar su última intervención en la Diputación Permanente del Congreso por el accidente de Urda y ha anunciado su dimisión.
Un discurso para cerrar su turno de respuesta al resto de grupos políticos en el que no ha dudado en defender su decisión de dejar todos sus cargos, incluso su participación en las elecciones del próximo 29 de noviembre.
Este ha sido su discurso completo:
Yo he querido en esta última intervención abordar de forma ya exclusiva la cuestión relativa a la denominada responsabilidad política, a la mía. Y a este respecto, quiero trasladarles que la decisión sobre mi futuro la tomé los primeros minutos en los que se produjo la tragedia, en cuanto tuve conocimiento de ella, según me dirigía al centro 24 horas de Adif. Así se lo hice saber en primer lugar a mi familia. Un ministro de transportes de un país como España no puede continuar en su cargo con dos accidentes de esta gravedad en menos de un año, por muy distintos que sean y tenga o no responsabilidad directa en ellos.
Es una cuestión de dignidad política, de coherencia y de empatía con las víctimas. Esta decisión la hago pública hoy en el lugar en el que más sentido tiene hacerlo: en la sede de la soberanía nacional. Lo hago una vez cumplido el que creo que era el trabajo más urgente: realizar las primeras pesquisas que nos ayuden a entender lo que ha sucedido mientras auxiliamos a las víctimas, adoptar las primeras medidas para resarcirlas y mejorar en la medida de lo posible la seguridad de nuestro sistema ferroviario en el corto plazo. No era esta sin duda la única decisión posible, pero es la única que yo hubiera estado dispuesto a tomar.
A las personas que me han mostrado su apoyo estos días, que sé que me quieren o me aprecian, quiero que entiendan que esta es una medida necesaria y positiva. No es ningún drama ni hay que hacer un drama de ello.
Drama, sin duda, el de las víctimas, el de sus familias, el de sus seres queridos a los que ya no van a poder volver a ver. El de los heridos, algunos de ellos maltrechos, amputados. Quiero que todos ellos sepan una cosa: sé que mi dolor, lo he dicho antes, no puede en modo alguno equipararse al suyo, pero después del suyo, ninguno, créanme, es tan grande como el mío.
El ministro portugués Jorge Coelho dimitió en el año 2001 tras el derrumbamiento de un puente en el que murieron 59 personas. Utilizó entonces una frase que quiero hacer mía: la culpa no puede morir soltera. Mi decisión, por tanto, es una decisión de dignidad política y como tal hay que verla. Es buena para el país y es buena para la democracia. Una democracia madura de un país fuerte, próspero y moderno, no un Estado fallido como algunos sostienen. Una democracia en la que la ciudadanía reclama dignidad a la política. Mi único propósito con esta decisión es contribuir a dársela.
No es cierto que todos los políticos seamos iguales. Esa es una falacia que utilizan quienes quieren conducir a la sociedad a la desconfianza en la propia democracia, a los que acuñan frases falsas como que solo el pueblo salva al pueblo. Es mentira. Al pueblo le salva un Estado fuerte, justo, con unos buenos servicios públicos. El pueblo sólo salva al pueblo en las urnas, votando a los que le apoyan, no a los que sólo quieren utilizarlo para perpetuar los privilegios de una minoría.
Para despejar también todas las dudas, porque sé que esta pregunta seguirá de inmediato, quiero hacerles partícipes de que no sólo renuncio a mi cargo como ministro de transporte, sino que también renuncio a formar parte de las listas electorales del 29 de noviembre. No seré, por tanto, cabeza de lista al Congreso de los Diputados por Valladolid.
Formo parte de una organización con casi 150 años de historia. En ella, antes que yo, militó mi madre, que sigue haciéndolo. Y antes que ella, mi abuelo. Por tanto, mi decisión, lo único que pretende es estar a la altura, a la altura de mi partido y sobre todo a la altura de los que me precedieron, de los que entregaron todo, y cuando digo todo, es todo, por servir a su idea de país y de sociedad, una sociedad más justa e igualitaria. Todos ellos merecen que quienes hoy tenemos la responsabilidad de representar a nuestras siglas y a ese proyecto, estemos a la altura. Siempre lo he pensado y lo sostengo. Nadie es más grande que la organización a la que pertenece, sea ministro o afiliado de base. Todos somos una pequeña parte de algo mucho mayor.
Mi ego nunca ha sido mayor que mi partido y, desde luego, que mi país. Les confieso que siempre he sentido tristeza al asistir al espectáculo de algunos que fueron grandes para el partido y para el país y se creen aún más grandes que ambos. No lo son. Se equivocan.
Quiero agradecer a quienes me han apoyado en este camino tan difícil y tan duro, pero al mismo tiempo hermoso y apasionante. A mi familia, por supuesto: en primer lugar, mis padres; mi hermana, a la que también pretenden hacerle la vida imposible; a mi mujer; a mis hijas; y al pequeño que hace unos meses empezó a dar sus primeros pasos.
A los militantes del partido, la gente más humilde, más grande y más generosa que yo he conocido, les animo a estar unidos y orgullosos. A seguir. No les voy a decir que no se rindan, porque sé que los militantes del Partido Socialista no se rinden nunca. Les animo, eso sí, a estar orgullosos de lo conseguido, de nuestro pasado y, sobre todo, de lo que queda por alcanzar. Y a mis compañeros en el Ayuntamiento de Valladolid, en el Gobierno, a mi equipo en el Ministerio, que estaba hoy aquí, y muy especialmente, a Pedro Sánchez, por su confianza sin límite. Sé que este será un momento triste para él, uno más en este camino de luces y sombras que es la vida y la política. Animo a todos los progresistas de este país a ayudarle, se lo merece. Ayudándole a él nos ayudamos todos.
Y concluyo. Afrontamos un momento crucial como país. Este es un momento de dolor colectivo, pero el dolor no debe paralizarnos ni hacernos caer en la desesperanza y menos aún entregarnos a los que sólo quieren sacar provecho de ese dolor para alcanzar el poder y arrebatarnos lo que ha costado tantas décadas de esfuerzos conquistar. Los servicios públicos nunca se fortalecen con recortes. Se pueden y se deben mejorar las cosas. Ese reto siempre está ahí, pero quienes asoman como alternativa no resolverían ninguno de los problemas que existen y que aquejan a nuestra sociedad y crearían, más bien al contrario, otros o agravarían los existentes. Un gobierno de esas características será desastroso para nuestro futuro. Confío en que mi país sabrá estar a la altura. Hoy yo he intentado estar a la altura de mi país. Gracias a todos ustedes por su atención y hasta siempre.