CRÓNICA
Vía libre a las elecciones de Maricarmen
Todo empezó con Junts y todo acabará con Junts. Pedro Sánchez pudo conseguir la investidura como presidente con los votos del partido nacionalista catalán. El rechazo de Junts a los dos decretos de vivienda puede poner fin a la legislatura si Moncloa se convence de que es ahora o nunca. La crisis de la vivienda da a la izquierda un eslogan y un mensaje del que quizá no podrá disponer en marzo de 2027, o al menos no tendrá entonces la misma fuerza.
Sánchez tiene un fin de semana por delante para reflexionar y decidir si le conviene convocar el lunes elecciones para el 29 de noviembre, la fecha de la que se habla para una nueva cita electoral. Se daba por hecho que intentaría aguantar la legislatura hasta el último minuto, o quizá hasta marzo, pero la votación del viernes en el Congreso confirma que está todo el pescado vendido. Con la derrota de los decretos, el Gobierno ha sufrido un fracaso evidente en el legislativo y ahora le queda intentar convertirlo en una posible victoria en las urnas. El escenario no es totalmente favorable para sus intereses, pero es dudoso que vaya a tener uno mejor.
“Hagan lo correcto, porque si no, la historia les juzgará antes de lo que creen y con más contundencia de la que imaginan”, dijo Sánchez al intervenir de forma sorpresiva al final del debate en el Congreso. Ese “antes de lo que creen” solo podía entenderse como un aviso del adelanto electoral. Al Partido Popular le pilló con el paso cambiado. Inicialmente, no se creía que Sánchez fuera a tomar esa decisión, pero luego asumió que a fin de cuentas lleva años pidiéndolo. “Por mí, que convoque cuando quiera”, dijo después Alberto Núñez Feijóo.
De repente, todos están a favor de votar cuanto antes. Todos no. Gabriel Rufián, siempre dispuesto a ser el Pepito Grillo de la izquierda, en especial si quiere ajustar cuentas con otros, lanzó un aviso: “Le pido a Moncloa cabeza fría y que entiendan que esto no va de ser una ambulancia, de emergencias... Hay que entender que no tienen nada a su izquierda para poder sumar”.
No hubo mucha cabeza fría en el debate parlamentario, porque no era el día para mostrarse comedido. Los portavoces de la izquierda señalaron con el dedo a los que iban a votar en contra de poner fin a los desahucios durante dos años. “¡Lo vais a pagar!”, gritó un diputado de Sumar antes del pleno a la portavoz parlamentaria del PP, Ester Muñoz. “Cada desahucio que se produzca a partir de esta votación llevará el nombre y apellidos de quienes hoy voten 'no'”, avisó Pablo Bustinduy. Gerardo Pisarello enseñó las fotos de personas desahuciadas y afirmó que “Junts ha traicionado su memoria”. “Salgan a la calle a descojonarse de esto si son valientes, pero sin escolta y sin Audi”, avisó Rufián.
Un diputado del PP, Nacho Martín, dijo que el tono de los diputados de izquierdas “llamando a la gente a quedarse con nuestras caras, es intolerable en un Parlamento democrático”. Suena fuerte, pero viniendo del partido que ha llamado dictador a Sánchez y que es un enemigo de España por ser cómplice del rey de Marruecos, entre otras muchas lindezas, hay que tomárselo un poco a broma. Siempre duele cuando te hacen a ti lo mismo que tú has hecho a los demás durante toda la legislatura.
El PP buscó girar los términos del debate para no aparecer como el defensor de los desahucios y de los fondos buitre. Su argumento consistió en afirmar que la prohibición de los desahucios dejaría sin opciones de alquilar un piso a las familias vulnerables. “Usted va a ser para siempre una descartada del mercado de alquiler”, dijo Juan Bravo con el ejemplo hipotético de “una madre divorciada con hijos”. Feijóo fue más posibilista: “El resultado de las votaciones garantiza que la situación de la vivienda no esté peor que ayer, tampoco mejor”. Su única solución fue prometer un millón de pisos nuevos en la futura legislatura.
En el pasado, se han construido millones de viviendas en España y los precios han seguido subiendo por múltiples factores. La promesa en sí misma no tendría muchos efectos a corto y medio plazo en el mercado del alquiler.
Las expectativas del Gobierno sobre un voto favorable de Junts a uno de los dos decretos eran altas. Por eso, la noticia del voto negativo en la noche del jueves cayó como un mazazo. Fue muy difícil entender la posición del partido de Carles Puigdemont en el debate. Míriam Nogueras dijo que el decreto “permite que los fondos sigan especulando y sigan desahuciando”. Intentó pasar al PSOE y a Sumar por la izquierda, lo que no resultó muy creíble, al decir que el Gobierno “no se ha atrevido con los fondos”. En realidad, el documento que presentó al Gobierno proponía recortar el decreto de vivienda a favor de los caseros.
Un 67% de los españoles está a favor de limitar los precios de la vivienda a través de la regulación, aunque eso suponga una pérdida de rentabilidad para el casero, según una encuesta de El País publicada el viernes y realizada antes de la publicación de los decretos. Ese porcentaje incluye a un 56% de los votantes del PP. El resultado indica que esa petición de intervenir en el mercado no es una reivindicación únicamente de la izquierda. El temor al futuro y a quedar en manos de la subida del precio es real. Casi el 75% de los inquilinos teme verse obligado a salir de la vivienda en los próximos dos años.
La ministra de Vivienda planteó la crisis en términos muy trasladables a una campaña electoral. “Señores del PP, UPN y Vox, con la gente o con los buitres”, dijo Isabel Rodríguez. En esa dicotomía, que preocupa al PP, estuvo buena parte de los mensajes escuchados en el Congreso y podría ser una de las principales banderas que ondee la izquierda ante las próximas elecciones.
Es lo que hizo Pablo Bustinduy, que tuvo como objetivo desnudar a la extrema derecha negando su nacionalismo. Llamó “vendepatrias” a los diputados de Vox y dijo que están alineados con “la oligarquía extranjera a la que están vendiendo el país”. Fue uno de los discursos más claros y enérgicos que un diputado de Sumar ha dado en la Cámara en esta legislatura. Para desgracia de Sumar, el ministro ha decidido que no será candidato en las próximas elecciones por razones personales.
Ya es demasiado tarde para lamentarse por los resultados de una legislatura con más ruido que avances sociales. El debate del viernes y las palabras de Sánchez indican que esto se ha acabado y que no hay más solución que enfrentarse a las urnas. Lo que es seguro es que los mensajes escuchados en el Congreso se oirán en todo el país en esa futura campaña electoral y marcarán el futuro de España para los próximos cuatro años.