41010: un código postal para la defensa de los barrios populares de Sevilla
Ropa tendía y desconchones. Persianas bajadas para que el deslumbrante sol no acalore las habitaciones. Cables colgados que se tiran de un edificio a otro y macetas con muchos geranios reventones. En El Tardón o en la Barriada de El Carmen, en el extremo occidental del barrio sevillano de Triana, los vecinos todavía se dan los buenos días por la calle. La costumbre deja una sensación de cercanía y de alivio.
“Queda aún, de cierta manera, la identidad de los barrios populares de antaño y que, poco a poco, se ha ido perdiendo debido a la gentrificación”, señala la fotógrafa Fabiola Herrara. Su proyecto 41010, en referencia al código postal del área, capta a “la gente mayor que va al mercado de San Gonzalo todas las mañanas y a [la avenida] Alvar Núñez a desayunar”.
Esta fotógrafa nicaraguense, que lleva ocho años asentada en Sevilla, ha inmortalizado con su cámara la idiosincrasia de una zona que, como en otras de la periferia, se rebela contra los prejuicios de violencia, delincuencia y bajo nivel educativo. “Con la Expo cambió mucho el barrio y digamos que se abrió y se arregló”, cuenta la artista plástica y muralista, Ana Langeheldt.
Ella, que tiene “la suerte” de vivir donde se crio, recuerda cuando Ronda Triana no existía, los veranos en la piscina pública del centro deportivo Mar del Plata o la época del 'no se te ocurra meterte por los jardines a partir de tal hora' cuando la zona estaba más decuidada.
Resistencia vecinal
41010 pretende formar una memoria colectiva alejada de la romantización que se quiere dar a las barriadas populares de la ciudad. Lugares como la asociación de vecinos o el kiosko de Encarni –convertida ya en figura pública– mantienen la personalidad obrera del vecindario y las formas de convivencia alejadas de la impostura.
“La mayoría de la gente que vive por aquí es bastante mayor y da un poco de vértigo pensar qué pasará en un futuro. Al final, el estilo de vida de los barrios lo dan sus habitantes”, apunta Langeheldt. “Para mí la salvación son las calesitas de la plaza donde nos hemos montado varias generaciones. El día que se pierda... ‘hasta luego Maricarmen’”.
La artista plástica reconoce que aunque “la gentrificación como tal no se siente mucho” ya empieza a ver extranjeros “un poco perdidos”. “Lo que menos se quiere es llegar al edifico y encontrarse con los cajetines de llaves de Airbnb y no conocer al vecino”, dice Herrera. Y añade: “Antes nadie quería mudarse por aquí y ahora los pisos se están vendiendo por una barbaridad”.
De 90.000€ a 220.000€
Las calles que vieron nacer al dúo cómico Los Morancos, Isabel Pantoja o Chiquetete no se encuentran, de momento, en el circuito turístico de Triana. “Desde [la calle] López de Gomara hacia la calle Betis es un mundo totalmente diferente donde en todos los edificios hay apartamentos turísticos. Está todo masificado, gentrificado… Una vez se cruza al Tardón, es un mundo totalmente diferente”, cuenta Herrera.
Tanto El Tardón como la Barriada del Carmen son dos proyectos urbanísticos que se iniciaron a mediados de la década de 1950 para paliar la escasez de vivienda pública de Sevilla. En la actualidad, muchos de esos pisos han llegado a un mercado descontrolado. “Es muy triste porque, a pesar de que la gente quiera seguir esforzándose por mantener esa identidad y los pisos, también tiene que ver con la situación laboral de la gente joven que hereda”, expresa Herrera.
La fotógrafa reconoce que la temática de la vivienda es “complicada y difícil” y que no está exenta de la amenaza de la especulación. “Hace unos cinco años se pagaban entre 50.000 y 60.000 euros menos por estas viviendas. He llegado a vender pisos a 90.000€ que ahora vendo por 220.000€”, dice José Antonio González del Grupo Inmobiliario AMC.
Dependiendo de los metros cuadrados, del estado del inmueble o de si hay ascensor en el edificio, los precios de venta de los pisos oscilan entre los 170.000€ y los 240.000€, según González. Además, la llegada de empresas inversionistas, “que se han metido a arreglar los pisos”, ha hecho que se venda más caro. “Estas empresas tienen mucha culpa [de la situación inmobiliaria del barrio]”, sentencia.
Homenaje a sus gentes
41010 no es sólo una defensa de los barrios populares sino un homenaje a sus gentes. Herrera se dejó empapar por las experiencias de los vecinos y, sobre todo, de personas que llevan toda la vida en El Tardón o en la Barriada del Carmen, como la propia Langeheldt.
Herrera quiso hacer partícipe a los vecinos de su proyecto fotográfico y sacarlos del olvido. “Hay muchísima gente mayor encerrada y que no pisa la calle debido a que sus edificios no tienen ascensores”, ejemplifica. Sus fotogradías se han convertido en una herramienta para “dejar huella de un barrio hermoso, supercultural… es un homenaje por los que luchan cada día por mantener esa historia viva”, dice.
Lo que nació como un Trabajo de Fin de Grado (TFG) es el germen de una idea que la fotógrafa intentará desarrollar en otras partes de la ciudad. “Se ha abierto la veda y ahora no puedo parar de pensar en esto. Hay muchísimos otros sitios a los que quiero seguir ampliando. Especialmente a los barrios periféricos, que los tenemos un poco olvidados y que han aportado a lo que Sevilla es hoy”.