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¿Cerrar la Plaza de España o abrir el debate sobre el modelo turístico? La idea del alcalde de Sevilla a ojos de expertos

Sara Rojas

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“Las plazas son los salones de la ciudad”. Con esta metáfora, el geógrafo e investigador Jaime Jover retrata la importancia que tienen estos espacios públicos para la vida en sociedad. Le sirve también para explicar por qué rechaza de plano la propuesta del alcalde de Sevilla, José Luis Sanz (PP), de cerrar la Plaza de España y cobrar a los turistas por entrar a visitarla en aras de garantizar su “conservación y seguridad”. Al igual que Jover, otros geógrafos, urbanistas y expertos en políticas urbanas reniegan de la iniciativa de Sanz para proponer en su lugar reabrir el debate en torno al cambio de modelo turístico que “necesita” la ciudad, apostando, entre otras medidas, por implantar la tasa turística.

La polémica que ha suscitado la propuesta tiene que ver con que la Plaza de España no es cualquier salón en la casa de los sevillanos. Es un espacio emocional de recuerdos compartidos, escenario de las fotos de comunión y de boda que adornan las paredes en casi todas las casas. “Un vínculo muy importante con los valores y la identidad sevillana” que encierra, además, “una carga simbólica muy fuerte”, ya que el arquitecto Aníbal González la diseñó para la Exposición Iberoamericana de 1929 “como brazos que se abren” al mundo. “Poner una barrera de cualquier tipo a la Plaza de España es desvirtuar no solo su carácter de espacio público sino el propio espíritu de la obra”, explica en este sentido Víctor Fernández Salinas, catedrático de Geografía Humana en la Universidad de Sevilla.

A este experto en patrimonio cultural le resulta “muy preocupante” esta línea de políticas que “no hacen más que incidir en esa ciudad que se privatiza y que obstaculiza el acceso a los ciudadanos”. También el experto en sociología urbana Manuel Fernández García habla de privatizar, “no porque pase a manos de una empresa privada, sino porque el uso pasa a ser privativo”. Al tener que pedir cita o hacer cola para entrar, de cumplirse el propósito de José Luis Sanz –advierte Fernández García– la ciudadanía perderá “un espacio público de esparcimiento como ya perdió el Patio de los Naranjos”. Entonces, “la Plaza de España ya no será una plaza, sino otra cosa” ajena a la dinámica urbana, más parecida a aquel “parque temático” que el líder popular criticaba en campaña, como recuerda Jaime Jover.

La “mercantilización” de la ciudad

Siguiendo este planteamiento, María Barrero, arquitecta experta en turistificación y gentrificación, entiende que la propuesta del alcalde popular se enmarca en “un modelo de ciudad vendida al turismo que ya diseñó e implantó el PSOE de la mano de Antonio Muñoz y que ahora continúa el PP, aunque llegase a la alcaldía con promesas de frenar la intensificación del turismo en la ciudad”.

A ojos de esta urbanista, el resultado de estas políticas es que “nos estamos quedando sin lugares de sociabilidad en los que compartir de manera colectiva”, por no poner coto a fenómenos como la saturación turística, la despoblación, “la marea de veladores” o “la eventización de espacios públicos” (incluida la Plaza de España, tras convertirse en escenario de eventos masivos).

En línea similar, Jaime Jover lamenta que en el centro de Sevilla “cada vez quedan menos plazas con bancos para sentarse tranquilamente sin tener que consumir”. Ello es, según este investigador, producto de una “mercantilización progresiva de la ciudad desde el punto de vista turístico” que se ha ido perpetuando a lo largo de los años al poner “el urbanismo al servicio del turismo”.

Otro urbanista de la asociación Sevillasemueve, Enrique Hernández, coincide con que la iniciativa de Sanz entronca con esa concepción de la ciudad que “no entiende el espacio público si no tiene una rentabilidad mercantil inmediata”. De ahí que comparta con Barrero, Jover y otros colegas la idea de que el debate que late de fondo en esta polémica es que “el modelo turístico es insostenible y no puede seguir así”.

Plan de conjunto

De su lado, Manuel Marchena, catedrático de Análisis Geográfico Regional de la Universidad de Sevilla, interpreta la idea del regidor popular como “una ocurrencia que puede traer efectos colaterales negativos” al estar “descontextualizada de un plan de medidas de conjunto sobre cómo utilizar el espacio”. En cambio, opina que “dentro de una visión de un plan de ordenación del espacio turístico podría ser de recibo”.

De esta forma, quien fue gerente de Urbanismo del Ayuntamiento hispalense apuesta por desarrollar “una estrategia articulada de medidas concretas” para hacer frente a la turistificación. “No ha habido nunca un plan de ordenación del espacio turístico de Sevilla y eso es lo que necesita la ciudad”, diagnostica este catedrático que se define como partidario de que “la única estrategia viable para Sevilla es optimizar el consumo de los no residentes”. 

“Si estos no consumen ni pagan servicios, lo que hacemos es despilfarrar nuestro patrimonio y el turismo termina derivando en una amenaza, en un pisoteo del espacio público”, concluye Marchena. Por esta razón, Manuel Fernández García defiende la necesidad de plantear un debate que “nunca se ha hecho por parte de las autoridades municipales” y que pasa precisamente por ordenar el “bien urbano finito” que es la ciudad, pensando en “la capacidad de carga de la ciudad” y en si conviene “seguir priorizando mantener los flujos turísticos en detrimento de los ciudadanos”.

Herramienta para frenar la “erosión” del turismo

Aunque el alcalde de Sevilla asegura que poniendo precio al conjunto monumental de la Plaza de España se podrá “financiar su conservación y garantizar su seguridad”, Fernández Salinas entiende que esta propuesta “es la mejor muestra de no saber gestionar el patrimonio del espacio público de la ciudad y de no querer tomar medidas que sean estructurales y que vayan realmente enfocadas a las personas que vienen a utilizarlo como un producto turístico”.

En concreto, este catedrático se refiere a la tasa turística, por cuanto “permite recabar fondos para una mejor gestión del patrimonio sin dejar huella en el espacio púbico ni en el paisaje”. Para Salinas, miembro de Icomos (el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios de la Unesco), esta tasa “es algo necesario para la ciudad porque hay una erosión del patrimonio, y esa erosión hay que gestionarla con buenos planes de mantenimiento y de restauración sin alterar el carácter público ni simbólico” de iconos como la Plaza de España.

Del mismo modo, Enrique Hernández propone combatir las “externalidades negativas” derivadas del turismo con la tasa turística, evitando así perjudicar al ciudadano. En el caso concreto de la obra de Aníbal González, considera que al concebirse “como espacio urbano y no solo turístico” (con esa forma de abrazo inspirada en la plaza San Pedro del Vaticano), se debe garantizar que convivan “los distintos usos: el de los sevillanos y el de los turistas”, quienes, por cierto, también se han opuesto a la medida de José Luis Sanz. De hecho, dos ciudadanos han promovido sendas recogidas de firmas (en conjunto superan ya las 45.000) para instar al alcalde a “reconsiderar” lo que entienden como un intento de “privatizar” un “lugar de encuentro” como es la Plaza de España.

Redefinir el modelo de ciudad

En definitiva, todos los expertos consultados por este periódico se muestran partidarios de que “el turismo tiene que tener un retorno en la gestión del patrimonio”, ya que como sector turístico se aprovecha de los recursos de la ciudad (sus plazas y monumentos) para su desarrollo.

Sin embargo, no todos confían en la tasa turística como medida definitiva. Por un lado, el autor de El centro histórico imperfecto, Jaime Jover, pone el foco en definir en qué se invertiría la recaudación de la tasa que pagarían los turistas que pernocten en la ciudad. De su lado, su colega María Barrero entiende que aun planteándose como “una fuente de donde sacar financiación para poder conservar el patrimonio” y que puede destinarse a “revertir los impactos negativos del turismo”, sigue siendo una medida “muy deficiente” para solventar “problemas estructurales” como “el derecho a la vivienda o el derecho a la ciudad”.

En cualquier caso, partiendo de la idea de que “la consideración del espacio público es la principal definición de la ciudad y la gestión del espacio público define cuál es el modelo de ciudad”, como expresa Enrique Hernández, la conclusión a la que llegan los expertos consultados es que la pretensión de cerrar la Plaza de España no soluciona los problemas de Sevilla, pero pone encima de la mesa el debate sobre el modelo turístico al que debe abrirse la ciudad.

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