Empresarias, divorciadas y 'cofradas' en la Sevilla del siglo XV: lo que la historia revela sobre los derechos de las mujeres
Durante seis años de investigación en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, la humanista Laura Tinajero ha encontrado escritos que cuestionan muchas ideas asentadas sobre la historia de las mujeres. Documentos notariales de los siglos XV y XVI muestran a sevillanas que administraban instituciones, gestionaban negocios, participaban activamente en las cofradías, se divorciaban e incluso denunciaban a sus maridos por malos tratos.
Lejos de la imagen de una mujer sumisa y relegada al ámbito doméstico, estos archivos revelan una realidad más compleja: muchos derechos que hoy consideramos conquistas recientes ya existían entonces, pero fueron cercenados siglos después, especialmente a partir del siglo XIX. “Nos hemos creído que la mujer siempre ha estado sometida y no es así”, resume la investigadora, quien celebra el 8M con un sentimiento de frustración: “Hemos estado luchando por derechos que ya existían en la Edad Media”.
Uno de los hallazgos más repetidos en los archivos es la presencia de mujeres trabajando y “haciendo negocios con su propio dinero y su patrimonio”, al menos desde el siglo XV. Casadas, solteras o viudas aparecen firmando contratos laborales y gestionando bienes. “Había mujeres herreras, albañilas o mercaderas... todas las profesiones que te imagines”, explica Tinajero. Tras seis años revisando documentos, concluye que “hemos ido retrocediendo en derechos que ya estaban”.
Inés de Azamar, 15 años para divorciarse
Uno de esos derechos que se perdieron por el camino fue el divorcio. La disolución del matrimonio tal y como la entendemos hoy se aprobó por primera vez en España en 1931, durante la Segunda República, y no se legalizó definitivamente hasta 1981 (después de prohibirse en 1939). Sin embargo, separarse de un marido violento era una posibilidad real antes de que la Iglesia monopolizara la disolución del matrimonio tras el Concilio de Trento, a mediados del siglo XVI.
“Había miedo a denunciar, igual que hoy, pero era habitual que se hiciera”, esgrime la humanista sevillana. Prueba de ello es la existencia de fórmulas notariales preparadas para registrar estas denuncias. A ellas recurría un notario del barrio de Triana cuando una mujer acudía a dejar constancia de la violencia que recibían en casa. “Mi marido me trata muy cruelmente, me ha dicho y publicado que me ha de matar” era una de las frases que aparece repetida en las denuncias para resumir el drama de muchas mujeres.
Entre ellas, Tinajero encontró el testimonio de Inés de Azamar, el caso más antiguo documentado en el Archivo sevillano. A finales del siglo XV inició un largo proceso para separarse de su marido que tardó quince años en resolverse. Durante ese tiempo fue recluida en un “depósito de mujeres”, conventos donde se acogía a las esposas que denunciaban violencia mientras se resolvían sus casos. Allí convivían con religiosas que trataban de persuadirlas para que retiraran las denuncias y regresaran con sus maridos, aunque algunas, como Inés, resistían. Tras más de 15 años de litigio, consiguió finalmente el divorcio.
“Lo que intentaban era sobrevivir”, resume Tinajero. “Denunciar era, muchas veces, la única manera de salvar la vida”. Y aunque hoy nos sorprenda, entonces era una práctica “corriente” que las mujeres denunciaran a sus maridos o iniciaran procesos de divorcio para escapar de la violencia. En aquel momento, el maltrato estaba tipificado como delito y podía castigarse con penas de cárcel, destierro o incluso la horca en los casos más graves.
Mujeres influyentes en los negocios y en la cultura
Buceando en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, la investigadora ha dado con otras figuras femeninas que desmontan la imagen de la mujer asociada comúnmente a los siglos medievales. Hay casos que sorprenden especialmente por la responsabilidad que asumían al frente de instituciones masculinas. En 1509, por ejemplo, una mujer llamada María Sánchez figura como administradora de la Universidad de Sevilla, tras la muerte de su fundador.
Otro caso destacado es el de Catalina de Ribera, una de las mujeres más poderosas de la Sevilla del siglo XVI. Empresaria y gran propietaria, fue la fundadora del Hospital de las Cinco Llagas —hoy sede del Parlamento andaluz— y la impulsora de importantes reformas urbanas. “No era poderosa por su marido, lo era por ella misma”, subraya la investigadora.
Con su enorme fortuna, Catalina de Ribera compró y reformó la Casa de Pilatos, impulsó el desarrollo del Palacio de Dueñas y controló las Almonas de Triana, la fábrica que hacía el mejor jabón del mundo. Incluso después de enviudar, siguió dirigiendo sus propios negocios y manteniendo una notable influencia en la vida económica y social de la ciudad, como recuerda Tinajero.
El contexto económico ayuda a entender esta realidad. Tras el descubrimiento de América, Sevilla se convierte en uno de los centros económicos más importantes de Europa. El comercio generó riqueza y nuevas oportunidades, también para las mujeres. Muchos hombres marchaban al nuevo continente y dejaban poderes notariales a sus esposas o familiares para gestionar los negocios. “Ellas se convertían en apoderadas y administraban los negocios familiares., se dieron mayores cotas de libertad porque había mucho dinero: la economía marca los roles sociales”, explica la historiadora sevillana.
La presencia femenina también se dejaba sentir en el ámbito cultural. En el siglo XVI decenas de escritoras publicaron sus obras con su propio nombre, algo “impensable” siglos después. Una de ellas fue Valentina Pinelo, poeta y dramaturga muy respetada en su tiempo. Amiga de Lope de Vega, el propio autor “la trató como una igual” y la reconoció como una de las mejores poetas del país. “En el siglo XIX muchas mujeres tuvieron que ocultarse tras pseudónimos masculinos, pero en los siglos XV y XVI encontramos autoras que firmaban abiertamente sus obras”, señala la investigadora.
Los archivos también muestran la participación de la mujer en ámbitos sociales y religiosos que hoy pueden sorprendernos. Durante siglos, las mujeres formaron parte activa de las cofradías e incluso participaron en las procesiones como penitentes. “Las mujeres se llamaban a sí mismas cofradas y salían en las procesiones con normalidad”, apunta Tinajero, quien remarca que “la prohibición llegó mucho más tarde, en 1939”.
La historia como algo circunstancial y no lineal
Los hallazgos de Laura Tinajero evidencian que “la historia no es lineal, sino circunstancial”. Depende de la época, del tipo de monarquía, del rey o reina, del contexto de cada ciudad e incluso de la influencia de la Iglesia, que fue especialmente fuerte a finales del siglo XVI. “Las ordenanzas cambiaban mucho de una época a otra, y eso afecta directamente a los derechos de las mujeres”, explica.
También demuestran que “la gran mayoría de los derechos que tenemos vienen de atrás, pero hubo una regresión a partir del siglo XVII”. La humanista sevillana lo descubrió mientras investigaba para su tesis doctoral, centrada en mujeres religiosas independientes de la Iglesia, entre los siglos XV y XVII. Indagando sobre estas mujeres, se encontró con otras figuras femeninas igualmente sorprendentes. “A simple vista, no te puedes creer que pudieran desempeñar esos roles en aquella época porque tenemos la mentalidad de que todos los derechos que tenemos son recientes, y no es así”, señala Tinajero.
Ella misma experimentó ese asombro la primera vez que se adentró en el Archivo. “Recuerdo leer un documento en el que ponía que la casa estaba a nombre de los dos cónyuges y pensé: no puedo estar leyendo esto; mis abuelas sin tener una casa a su nombre, a mi madre le costó también que su nombre apareciera en las escrituras y las mujeres de mi barrio sin tener la propiedad de su propia casa, cuando, sin embargo, en el siglo XVI sí ocurría”, resume.
Según Tinajero, es a partir del siglo XVII y XVIII cuando se produjo una regresión progresiva de estos derechos. La industrialización, los cambios económicos y sociales y la presión de gremios masculinos limitaron cada vez más la autonomía femenina. Algunos gremios, ante la escasez de trabajo, presionaron para prohibir a las mujeres presentarse a los exámenes de maestría, consolidando el monopolio de muchos oficios.
El proceso fue gradual: “Los derechos no desaparecen de golpe, se van recortando poco a poco”, explica la historiadora. Para el siglo XIX, la mayoría de estos espacios de autonomía femenina habían desaparecido, y la industrialización contribuyó a difundir el ideal de la mujer como “ángel del hogar”. “El patriarcado siempre ha existido, pero se hace mucho más fuerte en el siglo XIX y es lo que hemos mamado nosotras”, concluye Tinajero.
Una historia que también depende de quién la cuenta
Aunque su tesis se centra en las mujeres religiosas, Tinajero decidió no dejar de lado a todas esas mujeres que iba encontrando en los archivos. “Hay que sacar esta información porque nos ayuda a no sentirnos como si no tuviéramos derecho a pedir ciertas cosas; cuando miras atrás, piensas: ¿qué permiso vamos a pedir si esto ya se permitía hace siglos?”, reflexiona.
Muchos de estos documentos no eran desconocidos para los historiadores. Algunos incluso habían sido revisados por investigadores del siglo XX, pero nunca salieron a la luz. “¿Cómo ibas a publicar durante el franquismo que el divorcio existía en el siglo XV o que una mujer mandaba en la universidad?”, se pregunta Tinajero, quien asegura que esos testimonios que ella ha rescatado ya habían pasado por las manos de muchos historiadores antes, pero “no se publicaron porque el contexto no lo permitía”.
Para la investigadora, recuperar ahora estas historias es clave para comprender el presente. “La historia también la construyen quienes investigan”, afirma para defender la importancia de seguir revisando los archivos con perspectiva de género.
Tras bucear en la historia, Tinajero siente que “se ha perdido un tiempo precioso”. Y lanza una pregunta: “¿A dónde hubiéramos llegado si no se hubiera producido ese recorte de derechos, sobre todo en el siglo XIX y también en el XX con el franquismo?”. A sus ojos, la respuesta está clara: “Sin esa regresión, probablemente hoy no estaríamos discutiendo muchas de las cosas que seguimos reclamando”.