Juanma Moreno no sabe bailar sevillanas, pero baila con todos: demoscopia de la Feria de Sevilla
Este Miércoles de Feria en Sevilla, el presidente de la Junta y candidato del PP a la reelección se ha paseado por el Real para testar “el ambiente de la calle”, que es la demoscopia de la que más se fía. Ha tardado años en llegar desde la caseta de UGT-A, junto a la portada de la Feria, hasta la caseta del PP de Sevilla. Por el camino le han parado flamencas y jóvenes trajeados pidiéndole selfies, y Moreno se ha sentido en volandas hacia la mayoría absoluta (perdón, mayoría de estabilidad).
Los camareros de la caseta de UGT han salido a hacerse fotos con él. “Los verdes [Vox] no pueden entrar, presidente”. Moreno ha pensado que “los verdes”, en un ambiente de izquierdas, eran “los ecologistas”, pero no, es la ultraderecha.
Mientras los medios de comunicación cuentan en Madrid que el pacto de Gobierno PP-Vox en Extremadura “pone en riesgo la campaña andaluza”, aquí el PP está pletórico con ese marco mental: “Muy de acuerdo con tu periódico”, bromea una consejera, junto al presidente, en la caseta del PP. “ Si no quieres Vox y prioridad nacional, vota a Juanma”. Trago de rebujito. En 2022 funcionó. Moreno escarba más en el centroizquierda, votante noqueado y temeroso del PSOE, que en el flanco derecha.
Moreno enfila la calle Pascual Márquez, a mediodía, aún sin bulla. De lejos, alguno le ha gritado “¡sanidad pública!”. El dirigente popular usa la calle como demoscopia más fiable, aunque las calles amarillas de la Feria son “engañosas” La gente, contenta, te grita para bien o te grita para mal, pero se hace notar. En la Sevilla feriante la gente se hace notar.
María Jesús Montero, con traje de flamenca anaranjado, se acerca a un periodista en la caseta de la Asociación de la Prensa de Sevilla, y le echa la mano al cuello: “Gitano, tú sí que sabes de protocolo: a la Feria nunca se ha llevado corbata”.
El aludido hace ver que ese tema genera tanta controversia como la tortilla de patata -con cebolla o sin cebolla- y tanta polarización como el modelo de financiación autonómica: “Cuidado con ese charco, que estamos en campaña electoral y hay un 40% de indecisos”.
Tres millones de personas desfilando por el albero
La Feria de Abril es una dimensión paralela, lejos de los bombardeos en Oriente Próximo, del bloqueo del estrecho de Ormuz y de la investidura de la presidenta María Guardiola en Extremadura. Casi nada de lo que pasa aquí, dentro del Real, tiene una traducción lógica fuera de él. Extremadura, que lleva seis meses sin formar gobierno, tiene un millón de habitantes, y el Martes de Feria había tres millones de personas desfilando por el albero (según datos del Ayuntamiento), entre coches de caballos, trajes con vuelo y farolillos.
Entre el martes y el miércoles, cosa nada rara, también se han movido por el Real los candidatos a las elecciones andaluzas del 17 de mayo. No todos son tan feriantes como Montero, la única sevillana de los cinco aspirantes con más opciones de entrar en el Palacio de San Telmo, pero todos están en campaña y tienen que pagar el peaje del Real.
La política en Feria no va de discursos, sino de la gestión de imágenes. Montero iba rodeada de un cortejo de dirigentes ostentoso del PSOE, que no oculta que hace un año perdió su caseta en el Real al olvidarse renovar su plaza. En estas lindes, perder una caseta en la Feria de Abril es el equivalente al cierre del estrecho de Ormuz. O peor.
Adelante y Por Andalucía
El martes coincidieron en el albero los tres candidatos de izquierdas: el coordinador federal de IU y aspirante de Por Andalucía, Antonio Maíllo; el de Adelante Andalucía, José Ignacio García, y Montero. Todos pasaron a saludar por las casetas de CCOO y UGT, donde los anfitriones les preguntan qué perspectivas tienen para el 17-M, y los candidatos responden con preguntas: “¿Tú cómo nos ves?”.
También se han desplegado por todo el Real todos los consejeros del Gobierno de Juanma Moreno, tratando de cubrir el mayor espacio posible y asistir a todas las recepciones. “José Ignacio está muy fuerte en Málaga, nos preocupa”, le comenta el consejero de Presidencia y Sanidad, Antonio Sanz, a la líder de CCOO Andalucía, Nuria López. Esto lo repetirán mucho luego.
A los de Maíllo les escama que el PP dé tanto bombo a Adelante Andalucía, ahora con dos diputados en el Parlamento, y creen que su intención es engordarles en las encuestas para dividir el voto a la izquierda del PSOE de modo que se neutralicen entre sí y ninguno de los dos logre escaño.
Maíllo ha coincidido con García en alguna caseta, pero cada uno se ha puesto en una punta. La distancia de las izquierdas -letal en tres de las ocho provincias- se mide aquí en pasos de sevillanas. El candidato de Por Andalucía no se relaja. Este miércoles, a punto de cruzarse de cara en la calle con Moreno, se ha salido de la acera para no tener que saludarle. No quiere “ blanquear” al presidente que está “desmantelando la sanidad pública”, dice su equipo, aunque una foto juntos, una pulla, una gracia, le habría venido bien a su candidato.
Quien baile con más gente gana
La mayoría absoluta de Moreno se juega en los restos de votos, que marcan la diferencia entre 50 y 58 diputados (la absoluta está en 55). “El PSOE está más fuerte de lo que parece y sus campañas son muy buenas, puede crecer y darnos un disgusto”, dice una consejera, rebujito en mano. Estas cosas no se escuchan todos los días.
Moreno ha llegado finalmente el Miércoles de Feria, a pleno sol. El presidente no sabe bailar muy bien sevillanas -confesión pública- pero lo importante es que baila. La marca personal de Juanma Moreno es la clave del éxito del PP. El PP no podía ganar las elecciones en Andalucía, pero Juanma sí. Es su perfil personal lo que ha roto la barrera ideológica entre izquierdas y derechas. “Los camareros de UGT me votan”, dice.
Se dice que Moreno es hoy lo que Susana Díaz era en 2015, una estrella de la política. La expresidenta de la Junta también anda por aquí, pero fuera de los focos. Quien no ha vuelto es Pedro Sánchez, desde que en 2016, siendo secretario general del PSOE, se vio caminando solo entre la multitud de la Feria, mientras Díaz y los suyos le hacían el vacío. El embrión del sanchismo más antisusanista se gestó aquí, entre sevillanas y puñaladas.
Hace calor en la Feria, circula un millón de litros de cerveza en casi 3.000 tiradores, 600.000 botellas de Barbadillo y 3,3 millones de refresco, mayormente mezclado en el rebujito.
Las sevillanas se encadenan una tras otra, no se oyen caer las bombas de Gaza, ni de Irán ni de Ucrania. El mundo se derrumba y nosotros nos ponemos finos, podría decirle Ilsa a Rick en la Casablanca delLa Feria de Sevilla. Quien baile más tiempo y con más gente, gana las elecciones. Mayoría absoluta. Perdón, de estabilidad.