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El legendario marino que murió en el Pacífico por comer barracuda: Sevilla recuerda a Elcano 500 años después

SevillaelDiario.es

Sevilla —
4 de agosto de 2026 20:04 h

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Este martes se han cumplido 500 años de la muerte de Juan Sebastián Elcano, el 4 de agosto de 1526, aunque la fecha que se le recuerda al marino vasco, porque le metió de lleno en la historia, es la del 8 de septiembre de 1522, cuando al mando de la nao Victoria arribó a Sevilla un lustro después de que partieran los cinco barcos de la que se bautizó como Armada de la Especiería al mando de Fernando de Magallanes rumbo a las Molucas. Su llegada a la capital hispalense significaba que acaban de dar lo que fue la primera vuelta al mundo, pero cuatro años después el protagonista de aquella expedición moría en medio del Pacífico muy probablemente tras comerse un pez que bien podría ser una barracuda.

Cinco siglos después de este final tan poco glorioso de uno de los grandes hitos de la iconografía imperial española, la misma Sevilla que le vio salir y regresar ha organizado una sencilla exposición pero cargada de piezas muy significativas. La muestra puede verse hasta finales de septiembre en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, que custodia documentos relacionados con el marino nacido en Guetaria, como las disposiciones personales y económicas adoptadas –y rubricadas– por el propio Elcano, el 1 de agosto de 1519, pocos días antes de la salida de la Armada de la Especiería.

Además, la exposición cuenta con dos documentos relativos a la compraventa de la nao Victoria, como una declaración fechada en 1518 acerca de la adquisición de la embarcación para formar parte de la citada expedición al Maluco. El otro es una escritura de febrero de 1523 que detalla la venta en pública almoneda, una subasta de la embarcación tras culminar la primera circunnavegación de la Tierra y haber regresado a Sevilla.

Un viaje de 85.000 kilómetros

La consejera de Cultura, Patrimonio Histórico y Deporte, Patricia del Pozo, ha cuyo departamento está adscrito el Archivo Histórico Provincial, ha mencionado que “en medio del océano Pacífico, el 4 de agosto de 1526, embarcado en una nueva expedición a las Islas de las Especias, fallecía el capitán Juan Sebastián Elcano”. “Completar la primera circunnavegación de la Tierra le ha hecho merecedor para siempre de un lugar muy destacado en los anales de nuestra historia”, ha subrayado del Pozo.

A su vez, la consejera ha destacado la existencia en los archivos andaluces de “documentación fundamental” para investigar, preservar y honrar la memoria y el legado de este grupo de marinos, que recorrieron más 85.000 kilómetros “atravesando tres océanos para dar por vez primera la vuelta al mundo”.

En contexto, en un escrito de Elcano, nueve días antes de la partida desde Sevilla de la expedición que iba rumbo a la Especiería, el marino vasco se identifica como maestre de la nao Concepción, una de las cinco naves de las que constaba la Armada del Maluco y la primera en la que embarcó el mismo. No obstante, fue destruida dos años después tras las pérdidas humanas sufridas en Filipinas, al no quedar tripulantes suficientes para gobernar las tres embarcaciones que entonces permanecían en la expedición.

Esta escritura se conserva en el fondo de Protocolos Notariales del Archivo Histórico. En ella, Elcano otorga poder a Juan de Acurio, contramaestre de la nave; a Domingo de Irarza, carpintero; a sus hermanos Sebastián y Domingo Elcano, y al mercader sevillano Francisco de Santa Cruz, autorizándoles para reclamar y cobrar en su nombre las cantidades que se le adeudaran por el sueldo fijado por el rey para el viaje, así como por contratos, fletes y mercancías cargadas en la nave. Además, el documento conserva la firma de Juan Sebastián Elcano.

Adquisición y subasta de la nao 'Victoria'

El Archivo Histórico exhibe dos documentos con datos sobre la adquisición y la venta posterior de la nao Victoria. En aquella época, la Corona recurría a la adquisición de embarcaciones privadas para ponerlas a su servicio durante el tiempo que se considerasen útiles, siendo vendidas después. De este modo, la nao Victoria fue revendida una vez regresó al puerto de Sevilla.

Así pues, se ha reflejado en la declaración otorgada por Pedro de Arizmendi el 23 de septiembre de 1518, que atestigua la “adquisición forzosa” para el servicio de la Corona de una nao de su propiedad, para convertirla en la famosa nao Victoria. Al mismo tiempo, Pedro de Arizmendi, actuando también en nombre de su padre, Domingo de Apallúa, declara en ella haber recibido de la Casa de la Contratación 800 ducados de oro por la nao Santa María, posteriormente denominada Victoria.

Por tanto, el documento deja constancia de su valoración y de que la adquisición se produjo contra la voluntad inicial de sus propietarios, que afirmaban haber pagado por ella un precio mayor, y tenerla ya comprometida para otros viajes comerciales.

Adiós a todo un símbolo

Por otro lado, un segundo documento hace alusión al final de la Victoria, que en la actualidad se conserva como Colección Celomar, y refleja que la citada almoneda comenzó el 16 de febrero en las gradas de la Catedral de Sevilla. Por ello, la nave que se encontraba en el río Guadalquivir, tras varias jornadas de pujas fue rematada el 26 de febrero por el administrador de los bienes del mercader genovés Esteban Centurión, Fernando de Zuazo, por 285 ducados de oro, y la venta quedó formalizada el día 27.

Además, la escritura ha incorporado una cédula real del 20 de diciembre de 1522 en la que se “identifica expresamente” a la Victoria como la nao que había regresado de la Especiería cargada de clavo y de la que había venido como capitán Juan Sebastián Elcano.

Tras ser vendida y pasar a manos privadas, la nao fue destinada a viajes a las Indias a través del Atlántico, realizando al menos por dos veces, singladuras hasta Santo Domingo, perdiéndose para siempre en su regreso a Sevilla en el segundo de estos viajes.

Exposición por la muerte de Elcano

No habían pasado cuatro años desde que capitaneó la nao Victoria y regresó a Sevilla con 18 supervivientes a bordo y un rico cargamento de especias en su bodega, cuando el marino volvió a embarcarse en una nueva expedición al Maluco. Se trataba de la expedición Loaysa, la segunda enviada por Carlos V a las islas de las Especias, con el objetivo de consolidar los descubrimientos del Maluco.

La armada, compuesta ahora por siete barcos y 450 hombres, partió de A Coruña el 24 de julio de 1525, con el comendador García Jofré de Loaysa en el puesto de capitán general y Elcano como piloto mayor de la nao Sancti Spiritus. Sin embargo, la expedición sufrió naufragios, enfermedades y la dispersión de sus naves, y tanto Elcano como la gran mayoría de los tripulantes, no sobrevivieron, posiblemente a consecuencia de la ingesta de un pez como una barracuda, siendo su cuerpo arrojado al mar como era costumbre entre la marinería.

En cuanto a la exposición conmemorativa del 500 aniversario de la muerte de Elcano, podrá visitarse en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla hasta el 30 de septiembre, en horario de 9 a 14 horas. La muestra se completa con facsímiles de documentos custodiados por otros archivos, como la relación de tripulantes de la armada de la Especiería en 1519.

También se incluyen el testamento otorgado por Elcano el 26 de julio de 1526 a bordo de otra nao denominada también Victoria y la carta escrita en Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522, en la que relató las incidencias de la expedición. Junto a ellas, la misiva en la que solicitó mercedes a Carlos I y comunicó su llegada, con la respuesta del secretario Francisco de los Cobos anotada al margen.

Igualmente, se exhiben el mapa de Asia del Theatrum Orbis Terrarum de Abraham Ortelius de 1570 y el planisferio elaborado por Diego Ribero en Sevilla en 1529, sobre el que se representa la ruta de la circunnavegación conforme a la hipótesis de Tomás Mazón, junto con otras reproducciones cartográficas, vistas históricas de Sevilla y recursos artísticos y escenográficos relacionados con Elcano y la nao Victoria.