La portada de mañana
Acceder
La guerra contra Irán empuja la economía global hacia el precipicio
¿Cómo ha votado cada municipio de Castilla y León desde 1983?
Opinión - 'El PP más torpe de la historia', por Rosa María Artal

“No ocultaba sus ideas de extrema izquierda”: sale a la luz la depuración en la Fábrica de Tabacos de Sevilla en 1936

Antonio Morente

Sevilla —
13 de marzo de 2026 22:20 h

0

Se suele decir que, tras el golpe de Estado de Francisco Franco en 1936, en Sevilla no hubo guerra, pero sí una larga y durísima represión. La capital hispalense fue –y de manera inesperada– la primera gran ciudad en caer en manos franquistas tras la que fue la batalla fundacional del conflicto en la Península Ibérica. En tres o cuatro días, los golpistas liquidaron los conatos de resistencia, sobre todo en barrios obreros como Triana, la Macarena o San Bernardo. Y precisamente muchos obreros fueron a partir de ahí depurados, como ahora refleja de manera muy gráfica la documentación que ha salido a la luz en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla sobre cómo en la Fábrica de Tabacos el proceso de busca y captura de izquierdistas y sindicalistas.

El sorpresivo golpe de mano en la capital y la posterior represión tuvo nombre y apellidos: Gonzalo Queipo de Llano, el general que asumió el mando del Ejército del Sur golpista y fue responsable directo de la muerte de más de 45.000 personas, 14.000 de ellas en Sevilla. Ahora ha sido un estudiante de Historia de la UPO en prácticas el que se ha topado con un ejemplo más de cómo funcionaron las cosas una vez tomada la ciudad, al encontrarse con una carpeta marcada como 'Confidencial' y 'Muy reservado' en el Archivo Histórico, dependiente de la Consejería de Cultura.

Este archivador de fuelle almacenaba toda la documentación que se intercambiaron el Gobierno Civil ya en manos franquistas y la dirección de la Fábrica de Tabacos, por entonces perteneciente a la empresa estatal Compañía Arrendataria de Tabacos, en los meses posteriores a julio de 1936. Y refleja al detalle el modus operandi: cartas pidiendo listados según la ideología, órdenes de apartar a trabajadores, informes personales... Este mecanismo se repitió en todos los grandes centros de trabajo en una ciudad que por desgracia se acostumbró a los fusilamientos, como muestran las grandes fosas de Pico Reja o Monumento.

“Refleja la época más dura de la represión”, explica el director del Archivo Histórico, Braulio Vázquez, que señala que el archivo completo de la Fábrica de Tabacos les fue entregado en 2021, nada más y nada menos que en 3.500 cajas. El proceso, por lo tanto, es lento y laborioso, “harían falta diez vidas para clasificar todo lo que nos llega”, ya que se custodia la documentación administrativa histórica, los protocolos notariales del distrito de Sevilla y fondos de muchas empresas, como la naviera Ybarra, la Fábrica de Vidrio o La Cartuja Pickman.

Amigo de Azaña y Casares Quiroga

“Se investigó a todo el personal, desde peones a ingenieros”. De uno de ellos, el teniente de Artillería retirado Fernando de Bedia Alfaro, se detalla por ejemplo que “desde luego este funcionario no se ocultaba de profesar ideas extremistas de la extrema izquierda”, y se le reprocha incluso que hacía gala de “su amistad con los señores Azaña y Casares Quiroga”.

La dirección de la fábrica detalla que este ingeniero fue detenido por orden del mando militar el 22 de julio de 1936, “y desde entonces continúa en prisión y procesado, al parecer como desafecto al movimiento”. De hecho, el encabezamiento de su informe lleva el revelador título de “Relación de los funcionarios de esta fábrica que por su conducta anterior y posterior al movimiento de España se consideran contrarios a éste”. Pese a ello, la dirección cree que “no tomó parte activa en la propaganda del Frente Popular”, algo que “todo el personal hacía con el mayor descaro sin tener necesidad de excitaciones”.

Pedro Parias, el militar al que Queipo de Llano pone como gobernador civil el mismo 18 de julio, es el que en septiembre de 1936 envía una carta al director de las instalaciones para pedirle que remita, “a la mayor brevedad posible”, una relación del personal que haya cesado “en virtud de las disposiciones contenidas en el bando por el que se declaró el estado de guerra”. Reclama asimismo que se detallen los puestos que ocupaban.

Análisis del comportamiento íntimo

“En algunos casos se piden explicaciones por trabajadores que no están acudiendo a su puesto de trabajo, porque se sospecha que son izquierdistas que han huido, y resulta que están combatiendo en el frente en el bando franquista”, señala Braulio Vázquez, que apunta lo vistoso del caso con ese etiquetado de 'Muy reservado'. La investigación se llevó a cabo tanto en el personal masculino como en el femenino, con mucha presencia siempre en la Fábrica de Tabacos, y en algunos casos “se entra incluso en el comportamiento íntimo”, como cuando de una trabajadora “se dice que está casada pero liada con su jefe”.

En otra misiva, rubricada también por Parias, se adjunta un listado de trabajadores de los que se exige que “cesen inmediatamente” en sus funciones. “Los individuos incluidos en la adjunta relación”, apunta el gobernador civil, “pertenecían unos a los cuadros dirigentes de las organizaciones en lucha contra el Ejército de España y eran otros colaboradores de dichos elementos”.

Hay informes, en cambio, que son positivos, con todas las cautelas del mundo. De una trabajadora (Luisa de Castro Salas, detenida en noviembre de 1936) se detalla que llevaba una década como liadora de tabaco y que “ha observado siempre buena conducta, no actuó en política y en su trabajo se distinguió por su buena labor”. Eso sí, se detalla que eso ocurrió “dentro de la fábrica”, fechándose el breve documento el 29 de agosto de 1939, “Año de la Victoria”.

Ahora se sigue trabajando en la clasificación, con la prioridad puesta en la macrodescripción de la documentación para orientar a investigadores e historiadores, que poco a poco serán los que vayan profundizando en este mar de papel. Andado el camino se llegará también a la digitalización del material, como se viene haciendo en un Archivo Histórico Provincial que custodia documentos fechados entre 1441 y el siglo XXI que ocupan diez kilómetros lineales de estanterías. Como insiste Braulio Vázquez, aquí el trabajo “no se acaba nunca”.