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La hora de Sevilla

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En apenas un año, 15 meses máximo, los sevillanos iremos tres veces a las urnas. Primero, las autonómicas de este mismo mes. Al mayo siguiente, las municipales. Y en su entorno, un poco después si no antes, serán las generales.

Es la ocasión apropiada para, entre todos, cambiar el rumbo y darle a nuestros vecinos, a nosotros mismos, a nuestros hijos y nietos, una ciudad mejor, más abierta y acogedora, más próspera, más habitable. Es la hora de la capital de la comunidad autónoma más grande de España, de la cabeza de la cuarta área metropolitana del país. Es la hora de Sevilla.

Esta ciudad milenaria, infinita, tan eterna como Roma si no más, tiene que despertar del ensoñamiento perezoso en el que habita, del que disfrutan sus habitantes rancios y sus crecientes turistas y del que se aprovechan especuladores turísticos e inmobiliarios.

Sevilla necesita, en primer lugar, que sus representantes públicos, sus concejales y diputados provinciales, los parlamentarios electos por su provincia el 17 de mayo al Parlamento de Andalucía y los diputados que llevarán su voz al Congreso tras las próximas generales, asuman su responsabilidad. La ciudad exige que sus políticos hagan posible compatibilizar sus legítimos posicionamientos ideológicos y sus intereses de partido con la preocupación genuina y honesta por la realidad sevillana, y con las reivindicaciones que hagan que esta realidad mejore notablemente.

También requiere Sevilla que los ciudadanos, los votantes, sean capaces de reclamar a sus representantes en las instituciones, una vez elegidos, que cumplan con lo prometido. Que se comprometan y que rindan cuentas con resultados tangibles. Y si no lo hacen, como hasta ahora durante décadas, hay que dar con la tecla para exigirlo y culparles por los incumplimientos. En las calles, en los tribunales, en las próximas elecciones.

Basta ya de votar sólo en clave nacional. Pensemos en lo que necesitas el país o la comunidad autónoma, por supuesto, pero pensemos también en lo que requiere nuestra ciudad, nuestro barrio, y votemos en consecuencia.

A partir de ahí, hay varios asuntos clave, y obvios, para cambiar el rumbo de la ciudad y garantizar una prosperidad colectiva y repartida durante las próximas décadas: empleo, vivienda e infraestructuras. Tres nudos gordianos que, una vez resueltos, no sólo deben favorecer un nuevo florecimiento de Sevilla sino interrumpir la pérdida de población joven que se va fuera en busca del futuro que no encuentran en casa. Y que, si no se resuelven en los próximos ocho años, deberían avergonzar eternamente a los responsables.

Los sevillanos necesitan empleo de calidad, indefinido y bien pagado. No podemos obviar que el turismo es uno de los motores económicos de una ciudad que se caracteriza por su historia y su patrimonio artístico. Sólo que debemos aspirar a una actividad empresarial turística que genere riqueza sostenible y repartida y no trabajo precario. Una actividad compatible, además, con la vida ordinaria de los vecinos. Un casco histórico convertido en decorado sin sevillanos terminará por dejar de ser atractivo para los visitantes.

Ojalá una Junta de Andalucía que apueste decididamente por dotar a su capital de las herramientas de movilidad que necesita y por fomentar actividades económicas generadoras de verdadera riqueza; un Ayuntamiento que mantenga y haga crecer su red de transporte público y carril bici y que defienda a sus vecinos del virus de la turistificación; y un Gobierno que intervenga en el mercado inmobiliario para desarrollar la vivienda de promoción oficial y precio asequible que la ciudad necesita y salde su sangrante deuda histórica en términos de inversión pública con esta ciudad

Ese modelo económico debe completarse con otros servicios y con actividades industriales que ya existen y hay que fomentar, como la automoción, la aeronáutica, las energías renovables o la innovación agrícola y ganadera. Y alimentar la construcción en la medida de las necesidades urbanas.

El desafío de la vivienda está relacionado con el turismo. La pesadilla de los alojamientos turísticos tiene que parar. Y eso es responsabilidad directa de las autoridades. Además de construir los pisos y casas que sean necesarios, y regular que su precio de venta sea verdaderamente asequible para todos, hay que conseguir que los edificios del centro no se vacíen de sevillanos para convertirse en meros apartamentos para turistas de todo el mundo. La especulación inmobiliaria y turística no puede estar en la fórmula de desarrollo sostenible y equilibrado que necesita Sevilla en los próximos años.

Por último, tenemos la gran asignatura pendiente de las infraestructuras. Es una cuestión recurrente en mis artículos, y que vuelve a estar en las noticias por corrupción, retrasos y falta de inversión. Pero es, en mi opinión, la reivindicación más urgente y que más debería movilizar a los sevillanos ante sus administraciones públicas.

Valga un somero listado de proyectos pendientes de ejecución desde hace décadas: rehabilitación y reforma de la SE-20 (ronda super-norte), ampliación del puente del Quinto Centenario (SE-30), conexión Santa Justa - Aeropuerto, red de Metro o mejora de la red de Cercanías, entre otras.

Que estas obras pendientes se concluyan, o se inicien al menos, no debería depender tanto de quién gane qué elecciones. Tendría que dar igual. Hacerlo posible debería ser una reclamación ciudadana asumida de forma natural por nuestros representantes públicos. Por todos. Independientemente de las siglas e idearios que defiendan. Tanto desde el gobierno como desde la oposición.

Ojalá una Junta de Andalucía que apueste decididamente por dotar a su capital de las herramientas de movilidad que necesita y por fomentar actividades económicas generadoras de verdadera riqueza; un Ayuntamiento que mantenga y haga crecer su red de transporte público y carril bici y que defienda a sus vecinos del virus de la turistificación; y un Gobierno que intervenga en el mercado inmobiliario para desarrollar la vivienda de promoción oficial y precio asequible que la ciudad necesita y salde su sangrante deuda histórica en términos de inversión pública con esta ciudad.

Gobierne quien gobierne. Y pacte con quien pacte. Basta con que todos asuman que ha llegado la hora de Sevilla. Y la hagan realidad.