Sobre este blog

Este es un espacio donde opinar sobre Sevilla y su provincia. Sus problemas, sus virtudes, sus carencias, su gente. Con voces que animen el debate y la conversación. Porque Sevilla nos importa.

Punto de encuentro

Daniel Gil

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Sobre este blog

Este es un espacio donde opinar sobre Sevilla y su provincia. Sus problemas, sus virtudes, sus carencias, su gente. Con voces que animen el debate y la conversación. Porque Sevilla nos importa.

Este domingo pasado, ya lunes en España; esta noche mágica en la que el bien se impuso al mal, en la que el buen fútbol y los valores deportivos vencieron a una banda furiosa de malos deportistas y peores perdedores; mientras veía solo, ya acabado el partido, todo el acto protocolario de entrega de las medallas y la copa, reparé en un detalle. Cada jugador español, cuando subía al escenario a recoger su condecoración, llevaba ya, atada a su cintura, la bandera de su comunidad autónoma.

Siempre me ha dado coraje ese gesto. Estar más pendiente de tu identidad local que de la compartida. Pero esta vez, lo razoné en sentido contrario. Es que es esa idiosincrasia propia territorial, la de su lugar de origen, la que cada uno aporta al común, al grupo. Una bonita manera de ver, de imaginar, cómo debería funcionar este país llamado España. Una metáfora en la que el estado se convierte en un punto de encuentro en el que distintas formas de ser y de estar se unen y suman sus capacidades en pos del bien común.

Y eché cuentas. Con un núcleo duro catalán (nueve campeones del mundo), la selección cuenta con representación de nueve comunidades autónomas, entre ellas las más pobladas. Casi todo español puede sentirse cercano o identificado territorialmente con algún futbolista de los que triunfó en Nueva York. Incluso el seleccionador es de una décima comunidad, más variedad aún.