En defensa de la Feria de Abril
Sobre este blog
Este es un espacio donde opinar sobre Sevilla y su provincia. Sus problemas, sus virtudes, sus carencias, su gente. Con voces que animen el debate y la conversación. Porque Sevilla nos importa.
Desde hace unos años la Feria de Abril, producto de un largo proceso de sedimentación de lo que se conoce como “Cultura de Tradición Oral”, está siendo sacudida con propuestas que consciente o inconscientemente podrían llevarla a su ruina. Nacida de ideas parecidas aunque anteriores a las de la I Exposición Internacional londinense de 1851, pretendía impulsar la modernización del campo andaluz avivando además los rescoldos del esplendor de los siglos de Oro. Por eso aunque luego decayera su vocación de mercado, la Feria no murió sino que se transformó.
Naturalmente el hecho de que, ya entonces, esta “Sevilla del Sol” brillara ya hasta más allá de los Pirineos no significaba que estuviera “conquistada” por todos los habitantes de la que existía cotidianamente. De la misma manera que la ciudad monumental era entonces “patrimonio” de unas minorías, en la de Abril sucedía algo parecido: eran sólo unos pocos los que tenían aposento en ella mientras la mayoría se las componía para hacerse notar con sus trajes y sus cantos y tratar de quedarse.
Por eso el recinto, primero en el Prado de San Sebastián y luego en Los Remedios, creció con casetas cuyos titulares, además del pequeño número de familias provenientes del hecho fundacional, fueron, sobre todo, miembros de asociaciones culturales, deportivas, empresariales, profesionales, locales, provinciales, regionales o, simplemente, colectivos formados por amigos o colegas, conscientes de que, en los días del festejo, trasladaban su domicilio habitual a una de las calles del ferial para establecerse durante ese período.
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