Sobre este blog

Este es un espacio donde opinar sobre Sevilla y su provincia. Sus problemas, sus virtudes, sus carencias, su gente. Con voces que animen el debate y la conversación. Porque Sevilla nos importa.

Sevilla necesita un César Manrique

Daniel Gil

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Sobre este blog

Este es un espacio donde opinar sobre Sevilla y su provincia. Sus problemas, sus virtudes, sus carencias, su gente. Con voces que animen el debate y la conversación. Porque Sevilla nos importa.

He disfrutado este verano de unas vacaciones maravillosas en Lanzarote. Apenas una semana, suficiente; en la mejor compañía posible; y alojados en la playa de Famara, un auténtico paraíso natural, con unos anfitriones divertidos, generosos y adorables.

La isla canaria es un territorio mágico. Tiene algo difícil de explicar que te conquista y te atrapa. Sus paisajes volcánicos, como marcianos, dominados por la negra huella de la lava volcánica, tan diferentes a lo que puedes encontrar en la península. Su gastronomía, rica, variada y asequible. Su gente, amable y educada. Y su armonía visual, un auténtico bálsamo para el espíritu.

Entre las suaves ondulaciones de sus viejos volcanes, o encajadas entre pequeñas playas y calas rocosas, destacan sus localidades. Apenas siete municipios en toda la isla, pero compuestos por decenas de localidades y pedanías. Y todas con un aire similar. Casas blancas, de una o dos alturas, con techo plano en azotea y las puertas y ventanas de colores: azul si la ocupación familiar original es la pesca, marrón si la ganadería y verde si es la agricultura. Sus caseríos, alzados sobre la costa o dejándose caer por las laderas, salpicados de unas pocas palmeras, son auténticos portales de belén.