Lo que debe ser el fútbol
Este pasado fin de semana, en el que la Real Sociedad ganó la final de la Copa del Rey al Atlético de Madrid, se ha hecho viral la historia de Íñigo, un aficionado realista.
Íñigo vino a Sevilla con su mujer y su hija, realzales como él. El matrimonio tenía entradas para el partido, pero la chica no. Él decidió sacrificarse, ya había estado en la final de 1987 en Zaragoza, y le dijo a su hija que intentara acceder al estadio con su billete. La joven lo logró e Íñigo se quedo fuera, en el aparcamiento de La Cartuja, escuchando las reacciones del público en las gradas.
Gonzalo Tortosa, periodista deportivo sevillano, del programa de televisión El Chiringuito, dio con él y contó su historia. El reportero se quedó acompañando a Íñigo toda la final. El vídeo, que puede verse fácilmente en distintas redes sociales, es una delicia. Ese hombre, cincuentón, grande como un trinquete, le cuenta emocionado a Gonzalo cómo ha priorizado a su hija, que no puede escuchar el partido en la radio del móvil porque se está quedando sin batería y que la Real lo era todo para sus padres y sus suegros como lo es ahora para su familia.
Al acabar el encuentro, el periodista confirma a Íñigo la victoria realista y ambos se abrazan emocionados. Gonzalo y su cámara esperan a la salida del público y graban el encuentro del guipuzcoano con su mujer. Es una gran historia periodística porque es una gran historia humana. Y representa a la perfección qué es, o cómo yo creo que debería ser, el fútbol. Familia, amor, amigos, diversión, alegría, lealtad, historia, anécdotas, fiesta y emoción, mucha emoción. Lo más importante de las cosas no importantes, decía Valdano.
Cuando toca cruz, cuando tu equipo pierde, deportividad, dignidad y orgullo. Y a pensar en la próxima oportunidad que este deporte siempre te ofrece a corto o medio plazo. Como Enrique y Lucas, atléticos, que se fueron a Madrid el domingo tristes y dolidos pero conformes con el rendimiento de su equipo y soñando con las semifinales de Champions League.
Esta anécdota refleja la tónica general del impacto de estos eventos deportivos en la ciudad. Un fin de semana en el que Sevilla se llena de gente venida de otros lugares de España. Y todos llegan con ganas de pasarlo bien y cargados de ilusión, en familia, con amigos, y con muy buen rollo. Más allá de las incomodidades propias de una gran aglomeración de personas en un espacio y tiempo reducidos (suciedad, atascos, etc…), a mí sí me gusta el ambiente de la capital sevillana durante ese fin de semana.
Pero, claro. Si ésta es la cara, también existe la cruz. El fútbol no es más que un reflejo de la sociedad, en el que miles de ciudadanos volcamos nuestras pasiones, deseos y formas de ver la vida. Tras el lado luminoso del ser humano también se esconde la oscuridad.
Los señores de negro, que ya no son los árbitros como antiguamente sino los nazis de hoy en día, son buena muestra de lo que no debería caber ni en los estadios ni en nuestras calles
Emboscados entre los miles de aficionados normales, cívicos y sanos, llegan los señores de negro. Unas pocas decenas de ultras violentos de cada uno de los equipos (Real Sociedad y Atlético en este caso) vestidos de oscuro buscándose los unos a los otros por toda la ciudad para zurrarse. Exhiben símbolos del odio y la violencia (banderas ilegales fascistas en la Alameda de Hércules o en las gradas, por ejemplo), o ejercen la mala educación pitando el himno nacional en la previa del partido, y ensucian la imagen del buen rollo que debería impregnar, e impregna, toda la ciudad.
Ocurre igual en los equipos sevillanos. Los ultras del Betis y del Sevilla. Con distintas excusas, pero igual de excluyentes, violentos y delincuentes. Dedicados al odio y la agresión. Borrachos y drogados desde horas antes de cada partido. La peor tarjeta de visita posible para la mayoría pacífico de aficionados cuando viajamos fuera de Sevilla a animar a nuestro equipo y pagamos las consecuencias de que las autoridades, incapaces de desactivar a estos desgraciados, nos metan a todos en el mismo saco en los protocolos de control y acceso.
Soy bético confeso, todo el mundo lo sabe. Y deseo que el Sevilla pierda hasta los entrenamientos. Pero jamás se me ocurriría buscar a aficionados del equipo rival para agredirles. Estoy convencido de que todos esos descerebrados, como nos pasa a la mayoría, tienen amigos y familiares del equipo rival. ¿También les pegarían? ¿Cómo se puede llegar a ese nivel de enajenación mental?
Íñigo y su familia; Enrique y Lucas; y tantos y tantos otros donostiarras y madrileños que estuvieron el fin de semana en Sevilla; así como los sevillanos que los recibieron y atendieron; representan lo que debe ser el fútbol, y la vida en sociedad. Los señores de negro, que ya no son los árbitros como antiguamente sino los nazis de hoy en día, son buena muestra de lo que no debería caber ni en los estadios ni en nuestras calles. Y hacerles hueco en los medios de comunicación, en las instituciones democráticas y en nuestro día a día es un error que tardaremos mucho tiempo en enmendar.
Sobre este blog
Este es un espacio donde opinar sobre Sevilla y su provincia. Sus problemas, sus virtudes, sus carencias, su gente. Con voces que animen el debate y la conversación. Porque Sevilla nos importa.
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