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Este es un espacio donde opinar sobre Sevilla y su provincia. Sus problemas, sus virtudes, sus carencias, su gente. Con voces que animen el debate y la conversación. Porque Sevilla nos importa.

Ebrios

Alcohol
12 de enero de 2026 20:41 h

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Buenos días (o tardes). Y feliz año nuevo, claro. Porque, a 13 de enero, ¿aún se puede felicitar el nuevo año o ya es de auténtico pesado? Bueno, yo les doy por felicitados, que es mi primer texto del 26 y mejor pecar por exceso que por defecto.

Gracias a dios, a la providencia o al mero efecto del calendario, ya han pasado las fiestas. Se terminó la Navidad, el Año Nuevo, los Reyes y su infinidad de comidas, cenas y excesos complementarios. La Lotería de Navidad y la del Niño. Me han tocado ambas, 80 euros en total, y no sé si amortizar hipoteca o invertir en bolsa.

En esta ocasión me gustaría compartir en esta tribuna una reflexión que me ha asaltado justo cuando ya concluía el periodo de felicidad oficial decretado durante las últimas semanas. Fue en plena cabalgata de Reyes Magos, esperando para ver el paso de sus majestades, con sus beduinos, estrellas y visires, en plena Puerta Carmona, donde Menéndez Pelayo se convierte en Recaredo.

Allí, a las 16.30 de la tarde, con mi madre, mis hermanas, mi hija y sobrinos, me vi rodeado por dos grupos de hombres y mujeres hechos y derechos, de entre treinta y cuarenta y tantos años, algunos de ellos con hijos, que estaban, para mi sorpresa, completamente ebrios, algunos de ellos con sus copas de ginebra, whisky u otros licores en mano. Más adelante, en primera fila, un grupo de cuatro madres, con sus hijos alrededor, recogían caramelos y los depositaban en una bolsa por la que asomaba una botella de vidrio, la clásica litrona, aún con algo de cerveza en su interior.

No consigo entender cómo beben los hinchas, de cualquier edad, en esos encuentros previos al fútbol. Algunos parece que tienen como objetivo entrar completamente intoxicados a la grada

No sé, puedo resultar puritano, pero me llamó poderosamente la atención que en un entorno tan orientado a los más pequeños de la casa, y en un horario completamente infantil, hubiera un consumo tan normalizado del alcohol que, como era previsible, generaba en aquella acera un ambiente más parecido al de una discoteca o festival de música de verano que al de un espectáculo infantil. Gritos, empujones, saltos y palabras gruesas por doquier.

Al día siguiente, día de Reyes, vi otra escena que me generó una sensación similar. A media tarde, ya oscureciendo, en la terraza de un bar de copas dos matrimonios jóvenes consumían sus cócteles y combinados mientras, entre sus piernas y sentados a la misma mesa, los hijos respectivos jugaban con los juguetes que acababan de traerles los Reyes Magos.

Me pasa algo parecido con las previas a los partidos de fútbol. Voy cada jornada antes al Villamarín y ahora a la Cartuja, y me gusta tomar algo con los amigos antes de entrar al estadio, lo confieso. Y vivo al lado del Sánchez Pizjuán y soy testigo de cómo se comportan también los aficionados que acuden a Nervión. Bueno, pues no consigo entender cómo beben los hinchas, de cualquier edad, en esos encuentros previos al fútbol. Algunos parece que tienen como objetivo entrar completamente intoxicados a la grada. Será para no ser conscientes de lo mal (o bien) que lo hace su equipo. Incomprensible. Es como si vas al cine o al teatro borracho perdido.

Voy a incluir ahora un disclaimer, que se dice. Una especie de aviso legal. Yo bebo, lo he hecho desde que soy adolescente. En algunas épocas, de más. Pero siempre lo hice de noche, de fiesta (mal, no hay excusas). En la actualidad, en cambio, bebo casi exclusivamente cerveza, algún vino raramente, y lo hago habitualmente con comida, ya sea almuerzo, aperitivo o cena. Y si algún día se me va la mano con las consumiciones y me acuesto la siesta o por la noche mareado, lo hago con cargo de conciencia, la verdad.

Cada vez me genera más sorpresa, inquietud y preocupación ver a hombres y mujeres, de cualquier edad y a cualquier hora, salir de un local o moverse por la ciudad con evidentes signos de embriaguez

Esta confesión no me disculpa ni me acredita para pontificar sobre este asunto, pero sí reconozco que intento que mi consumo sea cada vez más moderado y vivo esta relación con el alcohol cada vez con más sentimiento de culpabilidad y contradicción.

Pero cuesta trabajo. El consumo de bebidas alcohólicas está completamente normalizado y hay cierta inercia social que te lleva, casi sin darte cuenta, a la caña o la copa. Vamos a vernos y nos tomamos algo, celebremos lo bueno que nos pasa con unas copas, quedamos y nos bebemos unas cervezas. Es como un círculo vicioso sin fin.

No quiero decir que se beba más en Sevilla que en otros lugares, pero sí que ésta es una ciudad que se presta más a la vida en la calle, por su clima y el carácter de sus habitantes, y eso te lleva invariablemente a los bares y al consumo de alcohol.

En fin, que he empezado el año un poco cascarrabias, debe ser. Pero cada vez me genera más sorpresa, inquietud y preocupación ver a hombres y mujeres, de cualquier edad y a cualquier hora, salir de un local o moverse por la ciudad con evidentes signos de embriaguez. Quizás sea un fenómeno que merece una reflexión social en busca del consumo responsable y la moderación. No pido limitaciones ni prohibiciones, que conste, pero quede aquí por escrito mi preocupación al respecto.

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