Con lo mínimo
Cuando yo era niño, en el pueblo de mis padres, muchas familias tenían algún pariente que se había tenido que marchar para prosperar, o para sobrevivir, a Cataluña, a Madrid, a Valencia o al País Vasco. Parejas con hijos que venían en vacaciones. O que regresaban a vivir a la casa de sus padres tras jubilarse. Incluso había una Casa del Indiano, propiedad de los descendientes de un paisano que, décadas antes, se había ido a América a hacer fortuna. Era una de las construcciones más vistosas de la plaza, por lo que apuesto a que de verdad debió de irle bien al señor.
En mi juventud, yo mismo marché a Madrid primero a estudiar y, más tarde, a trabajar. Cuando quise darme cuenta, buena parte de mi grupo de amigos se había ido de la ciudad. Uno a Inglaterra, y allí sigue; otro a Chile, donde pasó casi veinte años; otro a Portugal, otro a Málaga, otro a Cádiz; incluso alguno recientemente, más madurito, hasta Bulgaria. Y en la capital de España, en más de un cuarto de siglo que viví allí, conocí a muchos sevillanos que se mudaron para buscarse la vida: abogados, periodistas, ingenieros, economistas, etc…
Pero la de mi generación era una emigración distinta. No éramos trabajadores sin formación como los que en los cincuenta y sesenta alimentaban el centralismo económico e industrial de Madrid y Cataluña. Éramos jóvenes profesionales, muy cualificados, que, en lugar de contribuir al desarrollo económico y social de nuestra ciudad y nuestra provincia, debíamos marcharnos en busca de mejores oportunidades por la falta de actividad empresarial e industrial en Sevilla y, sobre todo, por su limitada capacidad para remunerar ese talento. Salarios bajos, precariedad contractual, escasas posibilidades de promoción. Una fórmula que aburre a cualquier recién licenciado con un mínimo de ambición personal y profesional.
Las cifras son verdaderamente sangrantes cuando se comparan con otros territorios de España. El salario medio en la provincia de Sevilla es un 14% inferior que la media española; un 34% menor que en Barcelona y un 46% más bajo que en Madrid
Como muchos de esos jóvenes de los 90, he terminado volviendo a casa. Y ahora hago lo posible por aportar mi trabajo, mi energía y mi creatividad para generar riqueza desde mi tierra. Porque siempre decimos en la agencia que no trabajamos en Sevilla sino desde Sevilla. Para quien nos quiera contratar en el resto de Andalucía o de España. Como muchos otros que conozco, que se fueron y regresaron. Las nuevas tecnologías ayudan a tener un pie aquí y otro donde haya que asentarlo para ganarse los garbanzos.
Pero me temo que los jóvenes de hoy en día siguen teniéndolo tan complicado como lo tuvimos nosotros. Un estudio reciente de CCOO a partir de datos de la Agencia Tributaria reflejaba que la mitad de los casi 900.000 asalariados sevillanos apenas superaba en 2024 el salario mínimo, o incluso no lo alcanza. Entre los menores de 35 años, el ingreso medio por su trabajo es inferior a los 19.000 euros anuales, muy poco por encima del SMI y, honestamente, una cantidad que no da para vivir (dignamente y fuera de casa de los padres). Hablamos de obreros de la construcción y camareros, por supuesto. Pero también de ingenieros, arquitectos, abogados, profesores o economistas.
Las cifras son verdaderamente sangrantes cuando se comparan con otros territorios de España. El salario medio en la provincia de Sevilla es un 14% inferior que la media española; un 34% menor que en Barcelona y un 46% más bajo que en Madrid.
Si las circunstancias no cambian, y no tiene pinta de hacerlo, ese chorreo de jóvenes talentosos seguirá escurriéndose entre las grietas de nuestra economía. No parará. Porque, como ha ocurrido desde hace décadas, buscarán progresar lejos antes que vivir aquí con lo mínimo
El modelo no ayuda. Una economía con mucho peso del sector primario, con escasa y decreciente industrialización, en la que la construcción ha sido y sigue siendo una de las salidas profesionales más atractivas para muchos jóvenes. Y para más inri, con toda la sociedad sevillana convencida de que el turismo es nuestro principal filón. Un sector que trae mucho dinero a nuestra tierra (representa el 18 % del PIB de la ciudad de forma directa y más del 25 % de manera indirecta, según confirmó recientemente su alcalde, José Luis Sanz) pero que se reparte regular, generando un empelo precario, poco formado y habitualmente mal pagado.
¿Quién puede reprocharle a un recién licenciado sevillano que, para estudiar un máster y hacer sus primeras prácticas, busque opciones en Madrid, Barcelona u otras capitales europeas? ¿Cómo pedirle a un joven profesional que aguante sus primeros años de carrera en Sevilla cuando cualquier empresa mediana de ámbito nacional le paga un 50% más? Es una sangría de talento, capacidad y energía que se marcha fuera en lugar de construir desde aquí y para el provecho de esta sociedad.
Si las circunstancias no cambian, y no tiene pinta de hacerlo, ese chorreo de jóvenes talentosos seguirá escurriéndose entre las grietas de nuestra economía. No parará. Porque, como ha ocurrido desde hace décadas, buscarán progresar lejos antes que vivir aquí con lo mínimo.
Sobre este blog
Este es un espacio donde opinar sobre Sevilla y su provincia. Sus problemas, sus virtudes, sus carencias, su gente. Con voces que animen el debate y la conversación. Porque Sevilla nos importa.
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