Los diarios de posguerra de Cansinos Assens: del “terror rojo” al fascismo vivido como “una tragedia personal”

Los diarios de posguerra de Cansinos Assens: del "terror rojo" al fascismo vivido como "una tragedia personal".

Alejandro Luque

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Para muchos lectores avisados, Rafael Cansinos Assens (Sevilla, 1882-Madrid, 1964) fue el primer mentor de Borges, quien lo invocaría durante toda su vida. Para otros, se trata del gran vanguardista de la España de la primera mitad del siglo XX, el fundador del llamado ultraísmo desde una Sevilla ávida de modernidad y universalidad. Ahora, gracias a una monumental tarea de transcripción, Cansinos ha pasado a ser también un testigo de excepción de la España de la Guerra Civil y de la posguerra a través de unos Diarios que han ido viendo la luz por entregas. La última, correspondiente a los años 1945-1946, cierra la serie y refleja la vida cotidiana de un Madrid traumatizado por la contienda y sus efectos.

Rafael Manuel Cansinos, hijo del escritor y director de la Fundación que preserva su legado, es el primer sorprendido con la buena acogida de estos diarios, razón por la cual no duda en ubicarlos “entre lo más relevante de su obra”, dice. “Cansinos no fue un escritor fácil, nunca intentó alcanzar la popularidad adaptando su literatura a los gustos del tiempo que le tocó vivir ni buscó un público que le aclamara. Más bien hizo todo lo contrario. Es un literato de cenáculo: a los únicos a los que quería llegar era a escritores de su entorno”.

Por buscar una imagen que lo retrate, afirma que “fue un alto científico de la literatura que solo se entendía con otros científicos expertos como él, orgullosos de ser ajenos al ruido de la popularidad”. Una conexión con el gran público que, no obstante, ha alcanzado con sus Diarios de guerra y posguerra, como ya hizo con La novela de un literato, sus diarios de un periodo anterior.

Amores apasionados

La novela de un literato es un libro construido a partir de sus Diarios, una reelaboración con objetivos precisos: contarnos la literatura y el periodismo de aquellos años en el marco de una comedia humana que nos sumerge en un universo tan vasto y complejo como la vida misma. Es una gran obra que supera espacio y tiempo. Ahí estamos todos. Pero mi padre cometió un error de procedimiento: destruyó sus diarios a medida que la iba redactando y eliminó su vida personal, que no está en La novela de un literato”.

Por ejemplo, Josefina Megías Casado, compañera del escritor desde 1926, ni siquiera aparece. “Desde aquí hago un llamamiento a los diaristas para que descarten hacer algo parecido”, comenta Rafael Manuel. “Está muy bien que hagan reescrituras, reelaboraciones y resúmenes, y hasta censuras de sus diarios para publicarlos, ¡pero que conserven sus diarios originales! La vida da muchas vueltas y la literatura también. Ahora resulta que los Diarios en bruto de Cansinos Assens, publicados tal cual, son otra obra única. Quizá no alcanzan las cotas de una novela de gran calidad, pero la supera en pureza, porque detrás no hay ningún proyecto”.

Es precisamente el fallecimiento de Josefina a causa de un cáncer lo que determina el punto final de los Diarios. “Cansinos tuvo mucha suerte porque vivió dos amores que podemos calificar de arrebatadores y que dieron impulso y energía a su obra literaria”, explica su hijo. “En su loca juventud fue Carmen, una prostituta tan joven como él con la que vivió un amor inconsciente y apasionado que terminó con la muerte de ella en un hospital, víctima de una rara enfermedad que destrozó su espectacular belleza. Rafael y Carmen debieron ser una de las parejas más llamativas en las calles del Madrid de principios del siglo XX, y no solo por lo disparatado de sus vidas. Nunca la olvidó. Incluso en su diario de posguerra hay algún recuerdo punzante. A partir de 1926, Josefina fue un amor de madurez, pero no menos obsedente y apasionado, que duró veinte años. Si La novela de un literato es la novela de su fracaso como escritor, los Diarios de guerra y posguerra son la novela de Josefina, y la novela termina con la muerte de ella”.

El antisemitismo español

Los dramáticos acontecimientos de España a partir de 1936 y la Guerra Mundial posterior marcaron las vidas de todos los habitantes de Europa. “El ascenso del fascismo para personas como Cansinos, que estuvieron inmersos en los vientos frescos de la modernidad, en cosas que no habían sucedido nunca como las reformas sociales de la República o el auge del feminismo, fue una tragedia personal”, asevera Rafael Manuel. “Luego está la inquietud de lo que estaba sucediendo con el pueblo judío. A Cansinos el antisemitismo anterior a 1936 no le agobiaba porque en España era una costumbre arraigada. Lo que intentan vendernos hoy algunos dirigentes y paniaguados de las comunidades judías bajo esa marca comercial que denominan ‘antisemitismo’, que no es más que una banalización para desviar la atención de un genocidio y justificar la usurpación de unas tierras, es una tontería comparado con lo que conoció Cansinos Assens”.

“En la España finisecular y del primer tercio del siglo XX”, prosigue, “los antisemitas formaban parte del paisaje a derecha y a izquierda, y aunque era un antisemitismo real, de competencia entre religiones, podía interpretarse como algo caricaturesco en un país en el que apenas había judíos. Pero en 1933 adquiere otro carácter en Europa y a partir de 1936 deja de ser una broma en España para convertirse en una amenaza física muy real, que obliga al ocultamiento. Los judíos españoles no sabían lo que ocurría en los campos de trabajo nazis, pero tenían malas vibraciones. En 1945 empezaron a tomar consciencia con la liberación de Auschwitz-Birkenau por el Ejército Rojo. La magnitud de la tragedia los dejó sin habla. Todo esto le afectó mucho a mi padre, que nunca escribió ni una sola palabra sobre el asunto”.

En cuanto a las coordenadas ideológicas de Cansinos, confirma que “aunque la mirada del escritor siempre estuvo marcada por el pesimismo y la queja en todo lo político, Cansinos era un hombre de la República. Si hay que situarlo en algún sitio podemos decir que era un liberal republicano sin mucho entusiasmo por la política, que nunca formó parte de sus intereses vitales, que como letraherido estaban totalmente orientados a la literatura. Es cierto que se pueden encontrar algunos textos suyos anticlericales o de cierto extremismo, pero son anecdóticos”.

Cansinos, sospechoso

Como periodista, Cansinos trabajó en su juventud en el conservador La Correspondencia de España, pero luego se sintió más cómodo en La Libertad, que fue un diario de corte republicano, progresista y marcadamente laico. “Durante la guerra civil lo pasó muy mal en Madrid”, subraya su hijo. “Tras el golpe de Estado, el gobierno republicano perdió el control de la ciudad y las calles quedaron en manos de milicias y comités revolucionarios. Surgió el miedo a los enemigos internos, la famosa Quinta Columna, lo que radicalizó la represión madrileña. Cualquier persona vinculada con la burguesía o el señoritismo pasó a ser sospechoso. En mi familia se utilizaba el término ‘terror rojo’”.

Rafael Cansinos Assens recibió como una liberación y con alivio a las tropas franquistas que entraron por Atocha. Pero ahí empezó otra pesadilla, apunta Rafael Manuel, “porque continuó con su papel de ‘sospechoso’. Durante los últimos 30 años de su vida fue señalado como tal, lo que le condenó al ostracismo. Quiso trabajar, pero no superó el Expediente de Depuración, acusado por la Falange de ser judío, de mantener amistades con brigadistas y toda la carga de su pasado republicano. Además, le añadieron como coletilla que ‘llevaba una vida rara’. Sobrevivió económicamente porque sus hermanas habían heredado una pequeña fortuna antes de la guerra y porque Aguilar le dio trabajo, aunque en la posguerra no podía firmar sus traducciones. Cansinos es hoy una figura emblemática de lo que se denomina el exilio interior, pero como hombre de calle, no por adscripciones políticas”.

Todo ello queda de manifiesto en un verdadero tesoro bibliográfico que ha rescatado el sello Archivo Rafael Cansinos Assens (Arca), aunque su responsable anuncia nuevas sorpresas para los lectores. “Ahora estamos trabajando en un proyecto de inteligencia artificial con profesores de la Politécnica de Valencia, uno de los centros más avanzados del mundo en esa área, para sacar a la luz los diarios que faltan entre 1936 y 1942, que son manuscritos muy complejos por estar escritos en varios idiomas. También haremos una edición de sus diarios de juventud, Memorias de Sharón, que creemos van a revolucionar varios aspectos de la historia de la literatura española y europea. Y seguimos trabajando también en proyectos más humildes, como la colección de ediciones facsimilares que tiene la Fundación”.

Según anuncia Rafael Manuel, “durante un tiempo vamos a reivindicar al Cansinos ensayista, que es totalmente desconocido y al que no se le ha prestado la debida atención. Pronto tendremos en edición doble, una facsimilar económica para el mundo académico y otra en edición revisada en la colección habitual de Arca Ediciones, de Los valores eróticos en las religiones: de Eros a Cristo. Rafael Cansinos Assens seguirá estando en los próximos años en las mesas de novedades, compitiendo con escritores y escritoras de nuestros días”.

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