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Cómo se prepara un disco en vivo: Javier Ruibal (que ya ha grabado cuatro) explica su receta

Javier Ruibal.

Alejandro Luque

9 de abril de 2026 21:11 h

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Javier Ruibal no tiene manías ni supersticiones, pero cada noche, justo antes de salir al escenario, acostumbra a contar hacia atrás desde 20, muy despacio: veinte, diecinueve, dieciocho, diecisiete… Un rito que volverá a repetir este viernes en el Teatro de las Cortes de San Fernando (Cádiz), con motivo de una ocasión muy especial: la grabación de un nuevo disco en directo, el quinto de su carrera tras Pensión Triana, Lo que me dice tu boca, Sueño y 35 aniversario.

Un reto “tan excitante como comprometido”, según este cantautor portuense de 70 años, ya que la experiencia acumulada no es ninguna garantía ante el vértigo del directo. “A mí me gusta mucho hacer directos, creo que es la verdad de la música, ¿no? Es más excitante que una grabación de estudio. La grabación del concierto ya se oirá después, pero la presencia del público es fundamental”.

En la receta de Ruibal, lo primero que hay que tener es “motivación y ganas y también un repertorio que permita la sorpresa”, comenta. “En este caso es todo inédito, a diferencia de los anteriores. En Lo que me dice tu boca había algunas canciones conocidas y muchas otras que no, en Sueño eran mis canciones acompañadas por la Orquesta de Córdoba… Aquí es todo nuevo, con arreglos nuevos de Javier López de Guereña y una banda preciosa”.

Compañerismos y complicidad

Ese factor, la banda, es otro de los ingredientes fundamentales en la cocina de su disco. En esta ocasión, Ruibal se rodea de un verdadero grupo de solistas, con Alberto Bocanegra al piano y teclados; Diego Villegas en los vientos; José Recacha en guitarras y bajos; y Joaquín Calderón, que aportará instrumentos de cuerda y violín, sin olvidar a su hijo, Javi Ruibal, a la batería, percusiones y producción.

“Javi, aparte de que tiene mucho criterio, me conoce lo suficiente y tiene la posibilidad de decirme: aquí creo que te estás pasando, o aquí te estás quedando corto. Y eso es estupendo”, comenta el artista. “Claro, él se ha criado escuchando mi música y me ha visto componerla incluso, entonces a él no le puedo yo engañar, es el único al que no puedo engañar de entre todo el planeta [risas]. Él sabe cuáles son mis cadencias y en todo caso, si las hay, mis virtudes”.

“Siempre he estado con músicos que tienen su propia expresividad y su trayectoria y sus propias carreras”, prosigue Ruibal. “Gente que también se la juega personalmente, fuera de mis grabaciones y de mis conciertos. Y eso a mí me provoca una idea de compañerismo muy interesante, porque nadie es más que nadie. Eso sí, cada uno toca y lo que se dedica a hacer, lo hace con la mayor excelencia posible. También me gustan los músicos que me dan la impresión de que, como solistas, son mejores que yo. Por eso es muy interesante la idea de no competencia en el escenario, pero sí hacer una puesta en común en la que todo el mundo pueda expresarse y estar a favor de obra”.

Por otra parte, el gaditano subraya que la preparación de un disco como este “exige más ensayos y más precisión que un disco convencional. El repertorio lo trabajo en solitario, indudablemente, dándole muchas vueltas a las cuestiones de melodía y de armonía y muchas más vueltas a la palabra y al verso, que para mí es tan importante como lo musical”.

De los arreglos a los ensayos

“Entonces, una vez que yo ya me he partido el coco y he llegado al convencimiento de que no doy más, entonces interviene la labor del arreglista”, agrega. Con Javier López de Guereña, con el que Ruibal ya ha trabajado en otras ocasiones, “hablo en unos términos que son muy curiosos porque de pronto, para referirme a qué arreglo veo yo para tal canción, por ejemplo, digo, aquí épico, aquí sensual, aquí jocoso. Ese tipo de expresiones que no tienen nada que ver con la idea que la flauta vaya en tal o cual tonalidad, o haciendo tal cosa. Es más bien una cuestión de sensaciones, algo que atañe a ciertas sutilezas que van más relacionadas con la emoción que yo quiero que conserve la canción arreglada, que ya estaba en la canción desnuda. Para que no se pierda eso que yo he sentido cuando lo he compuesto”.

Las nuevas tecnologías acuden aquí en auxilio de compositor y arreglista, pues hay emuladores muy aceptables que permiten hacerse una idea de cómo puede quedar el resultado final. “Yo no leo música más que lo imprescindible”, admire Ruibal, “a mí ya me puedes dar un kilo de papeles que me quedó indiferente. Pero si me das la sonoridad y el resultado, pues eso me anima mucho”.

Luego viene la labor de organizar todo ese material, repartir el trabajo entre los músicos y, naturalmente, hacerlo sonar. En este caso, Ruibal distingue entre ensayos “musicales” y “técnicos”, estos últimos en el propio teatro. Los ensayos domésticos, en cambio, se han repartido entre la casa de José Recacha, en Coria del Río, en los Tempo Estudio, en Sevilla, en Mairena. “Luego vamos al teatro y tendremos dos días para poder ensayar ya in situ. Al ser la grabación en directo, hay que ir ya al escenario con el máximo de trabajo técnico hecho, solventando los posibles problemas de amplificación que pueda estropear el sonido, y que en un estudio no existen”.

Un teatro con historia

La elección del Teatro de las Cortes viene de un ofrecimiento expreso de la alcaldesa de San Fernando, Patricia Cavada, y de la delegada de Cultura, Pepa Pacheco. “Me dijeron que les hacía una ilusión tremenda que eso se hiciera allí, y a nosotros nos gustaba el teatro por su sonoridad. Es un teatro entero de madera, lo cual quita un montón de asperezas a la hora de sonar y de grabar. Y luego es un teatro lleno de historia, un sitio donde se ha proclamado la primera constitución progresista de la historia europea, la de 1812. Una constitución tan bien hecha que fue odiada inmediatamente por los poderes absolutos y se la cargaron. Mira si estaría bien hecha, fue un peligro a la sostenibilidad del absolutismo. Cantar allí me parece un privilegio”.

Por la parte de sonorización y grabación, Ruibal cuenta con otro viejo cómplice como Javier Rondán, su técnico de sonido desde hace años. Entre unos y otros, reconoce el cantante, no tiene más remedio que rejuvenecer, “porque ellos están en esa cosa tan galana que tiene la primera madurez, mientras que yo ya estoy en la tercera. De alguna manera, yo me nutro de esa energía, pero ellos también me dan latiguito para que espabile. ¿Me explico? Quieren que tú estés lo más relajado posible, pero que también des lo mejor, y que si en alguna parte el fraseo que hace la voz puedes arriesgarte más, te lo dicen. Es muy bonito y es muy generoso por su parte, porque podrían limitarse a tocar tan bien como tocan y punto, y en cambio se involucran a fondo en el proyecto”.

Finalmente, tan importante resulta conocer los pasos de la receta como eludir los errores que eventualmente se hayan podido cometer en grabaciones anteriores. ¿Cuáles serían estos escollos a evitar, en el caso de Ruibal? “En Pensión Triana, por ejemplo, había un pulso muy fuerte, porque era un repertorio de mucha euforia. Es un disco muy optimista y muy eufórico y todos los músicos tocaron con una fuerza que luego, a la hora de mezclar, me las vi y me las deseé, porque de las dos tomas que se habían hecho, de los dos conciertos que hicimos, no sabía uno con cuál quedarse. Y no es como ahora que tú puedes tomar una parte de una y juntarla a otra toma anterior, como cortar y pegar, aunque para mí la gracia está en la naturalidad”.

Un viaje sonoro

“En Lo que me dice tu boca todo es mucho más relajado, y ahí sí tomé cartas en el asunto y pensé que, en lugar de estar todo el tiempo tocando con todos, iba a hacer una canción con Andreas Prittwitz, otra con Víctor Merlo… Traté de que eso fuera un poquito menos impetuoso que en la experiencia anterior. Luego Sueño era con la Orquesta de Córdoba, con lo cual yo ahí era quien menos mandaba. Me limité a cantar lo más bonito que pude. Y luego el 35 aniversario lo planteamos como una fiesta de duetos. Cantar con Martirio, con Miguel Ríos, con Drexler, con Pasión Vega, incluso con cada uno de los músicos que había tocado conmigo a lo largo de los años, dándole su sitio a cada uno”.

De contenido del álbum, Ruibal solo puede adelantar que “todo gira alrededor de un mismo asunto, es un objeto y un viaje, un largo viaje que ocurre durante un largo tiempo: una historia contada en doce capítulos, en doce canciones, donde hay guiños musicales a una serie de lugares diferentes y de épocas diferentes. Y luego el lenguaje es, en cierta medida, clásico, un lenguaje de época. Bueno, no voy a decir de Siglo de Oro, pero casi, casi. Con ese tipo de expresividad que hubo en la época en la que transcurre la historia”.

La cabeza del portuense ya está en el próximo viernes, y casi se ve entre las bambalinas del teatro de las Cortes. “Yo he sido siempre muy salvaje, salgo al escenario sin calentar la voz ni nada, ¿no? No me pongo a canturrear en el camerino ni nada de eso. Es una cosa un poco bruta por mi parte, pero como me ha ido muy bien, no quiero romper esa costumbre”, asegura. “Sigo saliendo con la misma chispa, y los mismos nervios, aunque ya un poco más controlados. Cuando solamente está la luz de escena esperándome, me doy el gusto de estar veinte segundos larguísimos ahí: veinte, diecinueve, dieciocho, diecisiete…”.

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