MEMORIA HISTÓRICA
Un profesor que fue concejal en Sevilla, primera víctima franquista identificada de las 1.786 en la fosa común de Pico Reja
El 21 de febrero de 2023, y tras tres años de trabajo, se cerró en el cementerio de San Fernando de Sevilla la fosa común franquista de Pico Reja, la mayor abierta en España en ese momento y la más importante en Europa occidental desde la de Srebrenica en Bosnia Herzegovina tras la guerra de los Balcanes. Ahora, más de seis años después de que se empezara a excavar, el ADN ha conseguido por fin ponerle nombre y apellidos a la primera de las 1.786 víctimas de la represión que comandó el general golpista Gonzalo Queipo de Llano: se llama José León Trejo, un sevillano que tenía 56 años cuando lo arrancaron de su casa en pijama para no volver nunca. Era catedrático de instituto de Francés y fue concejal en el Ayuntamiento hispalense durante el periodo republicano.
La confirmación le llegó a uno de sus nietos, Fernando Sarmiento, hará un par de meses, después de otra llamada que abrió un periodo de incertidumbre porque sí, había coincidencia genética, pero había que hacer pruebas complementarias. ¿La razón? Además de a José, fusilaron a otros dos hermanos León Trejo, también docentes, uno de los cuales (Manuel) también se cree que está en Pico Reja. La tumba del tercero se ubica en el municipio sevillano de Castilblanco de los Arroyos: se llamaba Joaquín y es el bisabuelo de los actores Paco y María León.
“Dimos muestras varios de los primos”, rememora Fernando Sarmiento, que a sus 70 años es de los nietos más jóvenes de José León Trejo, que dejó viuda y nueve hijos. Su detención y, al cabo de varias semanas, su fusilamiento el 17 de octubre de 1936 en la tapia del propio cementerio de San Fernando es algo que “ha flotado siempre en nuestras vidas” y que en la familia se llevó con “resignación, silencio y mucha indignación”. En aquellos durísimos tiempos, las viudas de los tres hermanos quedaron al cargo de nada menos que 16 pequeños.
Detención del cardenal Segura
José León nació en Sevilla en 1880 y, entre otros cargos, fue profesor de Francés en el Instituto Nacional de Segunda Enseñanza de la capital hispalense. El centro ya se llamaba San Isidoro de Sevilla (muy conocido en la ciudad) cuando, por la conjunción republicano-socialista (luego pasaría por el Partido Radical de Lerroux), consiguió acta de concejal en el Consistorio sevillano en las elecciones de 12 de abril de 1931 que precipitaron el advenimiento de la II República.
Poco después sería nombrado gobernador civil de Guadalajara, y como tal le tocó arrestar el 14 de junio al cardenal Segura –arzobispo de Toledo y primado de España– para mandarlo al exilio. El historiador Juan Ortiz Villalba relata en Del golpe militar a la guerra civil, Sevilla 1936 que Segura (arzobispo de la Diócesis hispalense desde 1937) nunca se lo perdonó y llegó al extremo de que cada 17 de octubre, la fecha de su fusilamiento, oficiaba una homilía en la que cargaba contra él.
“Mi abuelo fue políticamente muy activo”, resalta Fernando Sarmiento, que estará presente junto a otros de sus primos cuando, el próximo 24 de junio, el Ayuntamiento de Sevilla le haga entrega de sus restos. Descansarán en el mismo cementerio de San Fernando, donde la familia tiene una tumba en la que reposan su esposa y algunos de sus hijos.
El atasco de las pruebas de ADN
Para Juan Manuel Guijo, el arqueólogo y antropólogo forense que dirigió la excavación de Pico Reja, la identificación de José León le produce un choque de sentimientos enfrentados, ya que la satisfacción por este hecho contrasta con que se han necesitado más de seis años para llegar a este momento. Esto, lamenta, habla bien a las claras del atasco que hay en las pruebas de ADN.
Eso sí, esto de paso refrenda la cronología propuesta, porque inicialmente se decía que Pico Reja se colmató entre julio y agosto de 1936, algo que desmontó las “pruebas arqueológicas”. “Esto debería ser el empujón definitivo para invitarnos a releer y reinterpretar la historia de las fosas en Sevilla”, ya que a su juicio en estos momentos no se sabe ni cuál existió antes, si ésta o la de Monumento, la más grande de Sevilla y cuya excavación no termina de arrancar.
Pero volviendo a José León, fue detenido en 1932 durante la Sanjurjada, el golpe de Estado que el general Sanjurjo impulsó con nulo éxito desde Sevilla gracias a la decidida actitud del por entonces alcalde, José González de la Bandera. Ya en la Unión Republicana de González Barrios, con la victoria del Frente Popular fue reelegido concejal en 1936 y, según Ortiz Villalba, hasta se le ofreció ser alcalde, cargo que declinó y que finalmente asumió Horacio Hermoso. González de la Bandera fue fusilado en agosto de ese año, y Hermoso en septiembre.
A la hora de la siesta
Cuando se produce el golpe de Estado no era concejal, ya que el 9 de junio los ediles de Unión Republicana –15 en un Consistorio con un total de 50– pusieron sus cargos a disposición del partido, formalizando siete de ellos (incluido León Trejo) su renuncia tres días después. Algunos de sus sustitutos no llegaron a tomar posesión de sus actas.
Los golpistas no tardaron mucho en arrestarlo, “un día a la hora de la siesta se lo llevaron en pijama”, señala su nieto, Fernando Sarmiento, que apunta que su abuelo no huyó “porque pensó que no había hecho nada” que le pusiese en peligro. Preso en la cárcel de La Ranilla, en aplicación del bando de guerra se vio inmerso en un proceso judicial antes incluso de que se constituyeran los tribunales montados por Queipo de Llano. Fue fusilado junto al abogado Francisco García y García de Leániz.
La cosa no quedó ahí, porque un mes después de su asesinato fue suspendido de empleo y sueldo en el marco de la depuración del profesorado que se desarrolló en todos los niveles educativos. Ahora, casi 90 años después, sus restos son los únicos que tienen nombre y apellidos de los 1.786 que se le arrancaron a la tierra en Pico Reja, y así figurará en su tumba a partir del próximo 24 de junio.