'Postmenopausia' denuncia la falta de recursos destinados a la investigación de enfermedades femeninas
Para cambiar cosas, Adela Muñoz primero debe visibilizarlas. Es por lo que, cada vez que le inquieta algún tema, no lee un poco y sigue con su vida. Adela habla con sus amigas, se pregunta a sí misma, lee artículos científicos y de prensa en todos los idiomas. Adela es un perro de presa que cuando quiere saber de un tema, no lo suelta hasta que ha descubierto todo lo que había sobre él. De situaciones así nacen todos sus libros, desde el primero en 2012, Historia del veneno, dedicado a sus alumnos/as de Química Inorgánica; hasta el más reciente, Postmenopausia.
Pero para conocer cómo se ha gestado su último trabajo, no está de más echar la vista atrás. La Carolina, pequeño pueblo jienense. 1958, pleno franquismo. Una niña más a la que le intentan hacen creer que ser buena esposa es su mayor aspiración en la vida, que su única función es tener hijos; y parirlos sanos, como las espartanas. Una niña que sueña demasiado, piensa demasiado y pregunta demasiado; sobre todo a sí misma. Una niña que no está dispuesta a aceptar un “porque sí”, que quiere saber, y saber más; una devoralibros insaciable. Una niña a la que se le abre un mundo nuevo con todo lo que una vez soñó; una niña de 10 años que pasa de un colegio de monjas a un instituto, y descubre que las mujeres pueden ser mucho más, que pueden serlo todo; desde matemáticas hasta historiadoras. Un instituto en el que descubre su gran pasión por la química de la mano de su profesor Antonio Romero, un docente que, sin comerlo ni beberlo, planta en aquella niña ambiciosa el germen de una pasión que la acompañaría el resto de su vida.
Aquella niña es Adela, Adela Muñoz, que recibe a SevillaelDiario.es en su despacho de la US, la Universidad que la empezó a formar en el 75, pero no la única que la ha visto crecer. Ha pasado por las aulas de medio mundo: Suiza y Argentina en el 82 mientras realizaba su tesis, Holanda, y Gran Bretaña donde empezó a aplicar lo aprendido en la fuente de radiación sincrotrón (aceleradores de partículas). En el 89 regresa a casa para desarrollar su carrera como científica de forma autónoma. Vuelve al punto de partida, a aquella universidad pública sevillana, para devolverle a sus alumnos/as al menos una cuarta parte de todo el conocimiento que se había llevado.
Paralelamente, ha continuado trabajando con aceleradores de partículas en países como Francia, Japón y Estados Unidos. Su investigación se ha especializado en el estudio de sólidos, incluyendo catalizadores para reducir la contaminación de vehículos y la caracterización de patrimonio artístico para su conservación o detección de falsificaciones. Adela llega a ser catedrática de química inorgánica en el 2010, y busca hacer la ciencia atractiva para su alumnado. Y sigue siendo sobre todas las cosas aquella niña inquieta que se muere por saber, y ahora también, por cambiar cosas.
Postmenopausia está dedicado a todas las mujeres: las que están atravesando, atravesaron y atravesarán esta etapa por ley de vida. Es, en esencia, una carta de amor a las mujeres, un “estoy aquí” de tu amiga. Pero es también un manual de insurgencia científica escrito “a pulmón”. Adela decidió escribirlo sola, sin colaboraciones médicas, para mantener esa voz de “menopáusica de a pie que es científica”. Se sumergió en fuentes de investigación, fundamentalmente en inglés, para traducir a un lenguaje humano lo que la medicina tradicional ha preferido despachar con un “ajo y agua”.
La naturalidad de la ciencia
Este último trabajo es, aunque parezca una paradoja, un libro de aquella científica incipiente de 10 años; aquella que hubiese deseado tener a alguien que le advirtiera de todo lo que iba a vivir en esa etapa de su vida, y cómo sobrellevarlo de la mejor manera. En sus páginas, Adela pone nombre a realidades silenciadas: desde la “niebla mental” que descontrola el cerebro hasta la atrofia vulvovaginal, un tabú que ella rompe con la naturalidad de la ciencia para que ninguna mujer crea que sus problemas “están en su cabeza”. El arte es denuncia, y este libro no podía ser diferente. Si bien Adela escribe este libro para ayudar a las mujeres a ayudarse a sí mismas, asume que no son las únicas que deben hacerlo.
La denuncia de Adela es demoledora: mientras la disfunción eréctil cuenta con recursos masivos, la menopausia —por la que pasará el 100% de las mujeres— apenas ocupa dos horas en toda la carrera de Medicina. Esta desidia tiene consecuencias reales y mortales. Adela advierte en su obra que las enfermedades cardiovasculares matan a más mujeres que el cáncer, pero como los síntomas femeninos (indigestión, náuseas, dolor de cuello) no encajan con el patrón masculino de “dolor en el brazo”, el diagnóstico llega tarde. El libro es un grito para que las autoridades sanitarias implementen densitometrías preventivas con la misma urgencia que las mamografías, porque una fractura de cadera a los 60 es una pérdida de autonomía que la ciencia podría evitar.
Postmenopausia, además de una carta de amor, es un grito de auxilio; una denuncia a la falta de recursos destinados a la investigación de enfermedades femeninas. Es una guía práctica que huye del abuso de benzodiacepinas para el insomnio y propone el “ejercicio de carga” como una obligación vital para mantener el calcio en los huesos. Adela defiende incluso la denostada Terapia Hormonal, explicando que los miedos actuales se basan en estudios obsoletos y que los parches transdérmicos son una vía segura para no tener que vivir “en un horno encendido”, como le ocurrió a la mismísima Michelle Obama.
Hablando con Adela durante dos horas se quedan cortas las palabras para hablar de todo lo que ha conseguido. Una guerrera. Una niña que no solo luchó por lo suyo, sino que hoy en día sigue luchando para hacer de este mundo un lugar mejor para aquellas niñas y mujeres que, como ella soñaba, pueden serlo todo.