Adelantar el diagnóstico de alzhéimer no aumenta el estrés ni la ansiedad de los pacientes

Una persona que empieza a tener problemas de memoria puede convivir durante meses con una pregunta sin respuesta: ¿qué me está pasando? Las consultas, las pruebas y las reevaluaciones se suceden mientras los síntomas continúan avanzando. En el caso del alzhéimer, conocer antes qué está ocurriendo podría parecer, a priori, una fuente añadida de angustia. Sin embargo, un nuevo estudio, titulado Comunicación temprana de biomarcadores sanguíneos, certeza diagnóstica y manejo clínico: un ensayo clínico aleatorizado dice justo lo contrario: adelantar los resultados no aumenta la ansiedad y permite tomar antes decisiones sobre la atención que merece cada caso.

“Conocer antes la enfermedad lo cambia todo”, resume Jordi Matías Guiu, neurólogo del Hospital Clínico San Carlos de Madrid. Saber si una persona tiene alzhéimer es importante “desde el punto de vista personal, familiar y de planificación”, pero también tiene consecuencias sobre las decisiones clínicas y terapéuticas. 

Aunque no existe cura, sí existen tratamientos sintomáticos —tanto farmacológicos como de estimulación cognitiva— que pretenden ralentizar la progresión de la enfermedad neurodegenerativa. El objetivo es que el paciente sea independiente durante “más tiempo”, explica Pascual Sánchez, secretario del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología, quien asegura que “iniciar los tratamientos antes, retrasa la dependencia”.

La detección temprana cobra todavía más importancia ante la llegada de nuevos tratamientos capaces de modificar el curso de la enfermedad. “Hay mucho desarrollo en terapias que se llaman modificadoras de la enfermedad”, explica Matías. Dos de estos medicamentos actúan sobre la proteína beta-amiloide y su ventana de aplicación se encuentra precisamente en las fases iniciales del alzhéimer. En estos casos, añade, “cuanto más precoz es más beneficioso” y “el efecto que produce de ralentizar la progresión de la enfermedad es más importante”.

Para iniciar los tratamientos pronto, deben conocerse con anterioridad los diagnósticos. Precisamente, eso se pretende obtener con los biomarcadores, que también “reducen el número de pruebas innecesarias y las visitas de reevaluación”, explica Marc Suárez Calvet, neurólogo e investigador principal del estudio.

Si ahora los pacientes tienen que realizar varias visitas hasta dar con la clave de su enfermedad, los biomarcadores pueden acortar ese desconocimiento, pese a que no sea el resultado esperado: “Muchas veces, la incertidumbre, el no saber algo, causa mucho más estrés que el saber alguna cosa, aunque esta sea una buena o mala noticia”, relata el investigador. Los resultados del ensayo clínico lo avalan: quienes conocieron el diagnóstico a los tres meses no presentaron un aumento de ansiedad o depresión, mientras que los pacientes que tuvieron que esperar hasta los nueve meses registraron mayor ansiedad.

¿Qué es un biomarcador?

Los biomarcadores sanguíneos son herramientas de detección que consisten en un análisis de sangre para medir proteínas específicas, como la fosfo-tau 217. El alzhéimer surge por la acumulación anormal de dos proteínas en el cerebro, como la beta-miloide y la tau, que dañan progresivamente las neuronas. 

El estudio, desarrollado por la Unidad de Neurología Cognitiva y de Conducta como parte del proyecto PLASMAR, analiza la utilidad de esta herramienta y concluye que “obtiene diagnósticos de certeza y más rápidos, mientras elimina pruebas innecesarias y reduce las visitas de reevaluación”, explica Suárez Calvet.

Antes de los biomarcadores, los diagnósticos clínicos se realizaban mediante otros métodos: la punción lumbar, que consiste en “sacar líquido cefalorraquídeo”, o la Tomografía por Emisión de Positrones (PET), una técnica “cara” y que “requiere cierta tecnología que no está presente en todos los centros”. 

Pascual Sánchez, secretario del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología, considera que los biomarcadores ofrecen “la misma fiabilidad diagnóstica” y son pruebas mucho más sencillas de realizar: “Con un pinchazo ya es suficiente”. Todas estas características hacen que la prueba sea más accesible y se le pueda realizar a “un mayor número de pacientes”. “Una punción lumbar, al ser una prueba invasiva, no se le puede hacer a todo el mundo. Entonces, con una analítica eso mejora”, matiza el neurólogo del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Para comprobar la utilidad de la técnica en el proceso del diagnóstico y tratamiento de la enfermedad, el estudio analizó durante nueve meses a 220 personas con indicios de problemas de memoria o cognitivos. A 112 de ellas y a sus médicos les dieron los resultados a los tres meses, mientras las 108 restantes tuvieron que esperar hasta los nueve. 

Entre quienes recibieron los resultados a los tres meses, más de la mitad alcanzó un alto grado de certeza diagnóstica, frente al 4,6% de quienes todavía no conocían el resultado de su biomarcador. Cuando estos últimos recibieron la información a los nueve meses, la diferencia desapareció. En relación a esto, el investigador Suárez Calvet sintetiza: “Muestran que van más allá de lo académico, se obtienen resultados con más precisión y se empiezan los tratamientos antes”.

Los biomarcadores “son necesarios”, sobre todo, en las fases iniciales porque los síntomas pueden ser inespecíficos y los problemas de memoria “pueden confundirse con un deterioro asociado a la edad, con depresión, ansiedad u otras enfermedades degenerativas”, relata Matías Guiu. De hecho, según Suárez Calvet, los 220 seleccionados para el estudio “no tenían una demencia muy avanzada”: “Seleccionamos a pacientes con quejas objetivas de memoria, con deterioro cognitivo leve y personas con demencia leve”.

Ahora bien, el diagnóstico no debe reducirse a una analítica, según Matías Guiu, puesto que “sigue siendo clínico”. El biomarcador es “un apoyo”, no una prueba que por sí sola determine que una persona tiene Alzheimer: “Como tampoco lo ha sido nunca el PET ni tampoco lo ha sido nunca la punción lumbar”. 

Instaurar los biomarcadores en todos los hospitales

Los tres especialistas coinciden en que los biomarcadores deberían instaurarse de forma generalizada en el sistema sanitario “lo antes posible”. Ahora que ya se ha demostrado que son de utilidad, el reto reside, según relatan, en implementarlos de forma homogénea al sistema sanitario. “Los obstáculos que hay son fundamentalmente de estandarización”, señala Pascual Sánchez. 

Aunque su incorporaron sobre todo en contextos de investigación, cada vez tienen “mayor presencia en la asistencia” y “se está empezando a utilizar en muchos hospitales”, según Sánchez. Jordi Matías explica que los biomarcadores en plasma han empezado a incorporarse a distintos hospitales y que la proteína fosfo-tau 217 ya está aprobada en varias plataformas en la Unión Europea: “Esto está haciendo que cada vez esté más disponible”.

En el Hospital Clínico San Carlos, donde trabaja Jordi Matías, comenzaron a utilizar esta herramienta incluso antes de que las plataformas obtuvieran el marcado CE europeo, después de haber realizado sus propios estudios de validación. “Nos adelantamos a eso”, explica. Ahora, al estar ya “en muchas plataformas con la certificación europea”, la prueba se extiende con mayor facilidad.

Auge de tratamientos e investigación

El crecimiento del uso de la técnica se produce simultáneamente con el avance de los tratamientos. En Europa se han aprobado fármacos dirigidos contra la proteína beta-amiloide, pero su disponibilidad es limitada. “Se están proporcionando en muchos países, en Estados Unidos, en varios países asiáticos”, explica Matías, quien señala que han mostrado resultados “buenos”. Aunque la Agencia Europea de Medicamento ha autorizado su uso, “muchos países, incluido España, de momento no han aprobado su financiación pública”. Mientras, algunos centros privados están empezando a contemplar su administración, pero “lo tienen que pagar el paciente”, subraya. 

Para Sánchez, esta evolución hace que disponer de “un diagnóstico precoz y preciso” sea “esencial”. Según explica, la medicina va a ser cada vez más personalizada: “La dirección de los tratamientos en enfermedad de Alzheimer va a ir hacia la terapia de precisión, donde vamos a tratar desde el punto de vista casi molecular”. Los primeros tratamientos actúan contra el amiloide, pero los tratamientos podrían expandirse “contra otra proteína tau o la inflamación”. 

Los biomarcadores también están ampliando sus propias líneas de investigación. El equipo del Hospital del Mar trabaja en estudios de proteómica para identificar proteínas relacionadas con la detección del alzhéimer y con el pronóstico para “buscar marcadores que nos digan qué personas progresarán más lentamente o más rápidamente”, relata Suárez Calvet.

Otra de las líneas pasa por llevar estas herramientas fuera de las unidades especializadas. El grupo ya trabaja en un estudio en atención primaria y en poblaciones que suelen estar menos representadas en este tipo de investigaciones. “Estamos haciendo un estudio en atención primaria en el Raval con una población mucho más diversa étnicamente”, cuenta el investigador y neurólogo. El objetivo es comprobar que los biomarcadores funcionan de forma adecuada en “toda la población que nosotros vemos” y detectar posibles diferencias en sus niveles según los perfiles de los pacientes.