Una revisión de ensayos pone en duda la eficacia de fármacos contra el alzhéimer: “No hay una diferencia significativa”

David Noriega

16 de abril de 2026 06:01 h

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Son la gran esperanza contra el alzhéimer y, hasta el momento, la única alternativa para frenar el desarrollo de la enfermedad en su fase incipiente. Pero una revisión de ensayos clínicos, en los que han participado más de 20.300 pacientes, arroja más dudas sobre los beneficios de los medicamentos antiamiloides, al señalar que estos eran “inexistentes o insignificantes” y que, además, aumentan el riesgo de complicaciones, como hemorragias e inflamación cerebral.

El alzhéimer afecta a unos 40 millones de personas en todo el mundo, según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Solo en España, se diagnostican cada año unos 40.000 casos, que suman ya un total de 800.000 personas, de acuerdo a la Sociedad Española de Neurología. Aunque no se conocen los mecanismos que activan esta enfermedad, sí se sabe que el cerebro de los pacientes acumula dos proteínas tóxicas, la amiloide y la tau.

Una familia de fármacos antiamiloide, como lecanemab o donanemab, que se han ido desarrollando en los últimos años, reduce las placas de beta amiloide que se forman en el cerebro. Sin embargo, la revisión llevada a cabo por la organización internacional sin ánimo de lucro Cochrane, dedicada a desarrollar evidencia científica, apunta a que, aunque sí consiguen eliminar esas placas, sus efectos “no suponen una diferencia significativa para los pacientes”, indica el autor principal, Francesco Nonino, neurólogo y epidemiólogo del IRCCS Istituto delle Scienze Neurologiche di Bologna, Italia.

“Aunque ensayos anteriores mostraron resultados estadísticamente significativos, cabe distinguir entre esto y la relevancia clínica”, señala Nonino en un comunicado, difundido este jueves por Cochrane, en el que indica que estas discrepancias entre resultados estadísticos y diferencias clínicas para los pacientes es “habitual”.

Los nuevos hallazgos se producen tras una larga controversia alrededor de estos tratamientos. “Cabe recordar que los procesos de autorización, especialmente en el caso de los primeros —aducanumab y donanemab—, no estuvieron exentos de cierta polémica académica, al valorar varios miembros de comisiones de autorización de la FDA —la agencia estadounidense— y la EMA —la europea— que el efecto clínico era muy escaso”, explica el investigador principal de grupo del Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Neurodegenerativas (Ciberned), Jordi Pérez-Tur, en declaraciones al Science Media Centre España. El experto recuerda que “tras una revisión de los criterios de efectividad de los tratamientos y su efecto, se produjo la autorización de los primeros y, tras ellos, del resto”.

El trabajo de Cochrane analiza 17 ensayos clínicos aleatorizados con diferentes fármacos que han demostrado eliminar el amiloide y que se han aplicado a pacientes durante al menos 18 meses, pero no ofrece resultados concretos de cada uno de ellos. “Sus revisiones representan el estándar más alto de evidencia científica en la atención médica. Han incluido todos los ensayos principales publicados hasta el 7 de agosto de 2025. Sin embargo, la inclusión de ensayos más antiguos con resultados negativos sesga ligeramente los hallazgos, ya que estos agentes tuvieron una menor eliminación de amiloide que los más recientes”, señala Amy Brodtmann, la directora de la Iniciativa de Salud Cognitiva en la Facultad de Medicina Traslacional de la Universidad de Monash, en Australia. La agencia gubernamental de este país denegó la aprobación de estos fármacos por falta de eficacia.

Para superar ese “sesgo”, Brodtmann indica que “habría sido interesante contar con un análisis conjunto de los tres agentes con ensayos positivos: aducanumab, lecanemab y donanemab”. Esta neuróloga ha participado en comités asesores científicos de Eisai y Lilly, los laboratorios que han desarrollado estos dos últimos fármacos.

La aprobación de aducanumab de Biogen por parte de la FDA en 2021 provocó la dimisión de dos miembros del comité asesor de la Agencia. Según publicó entonces The Washington Post, el neurólogo de la Clínica Mayo David S.Knopman renunció para no “ser parte de un proceso fraudulento”.

En 2023, la autoridad estadounidense aprobó también el uso de lecanemab, otro fármaco que, a través de un estudio en el que participaron 1.795 pacientes, había mostrado una reducción del deterioro cognitivo del 27% en 18 meses. Ya entonces la directora ejecutiva del Alzheimer's Research de Reino Unido, Hilary Evans, consideró que se trataba de una “buena noticia”, pese a que “los efectos son modestos y tienen efectos secundarios que pueden ser graves”.

Aprobación europea

En julio de 2024, la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) desaconsejó inicialmente a la Unión Europea la aprobación de este medicamento, con el nombre comercial leqembi, ante las suspicacias sobre la posibilidad de que provoque inflamación y sangrado en el cerebro. Unos riesgos que, para la EMA, no compensarían los efectos observados a la hora de retrasar el deterioro cognitivo, abriendo un debate entre ese beneficio estadístico y los riesgos e, incluso, entre las diferentes posibilidades de tratamiento que aparecían entre personas ricas que pudiesen viajar y costearse el tratamiento en otros países y las que no.

Tal fue la presión que, apenas cuatro meses después, la EMA reevaluó el fármaco y decidió autorizar el producto para el tratamiento del “deterioro leve cognitivo” y la “demencia leve” en los estadios tempranos de la enfermedad. Entonces, la Agencia señaló que su negativa inicial se refería “a un colectivo más amplio”, como eran todos los pacientes de alzhéimer. De hecho, señalaban que el fármaco solo sería “accesible mediante un programa controlado para asegurar que la medicina se utiliza exclusivamente en los pacientes indicados”.

La aprobación de lecanemab ha sido una reivindicación de plataformas de pacientes y sociedades científicas. “La EMA ha realizado una recomendación similar a la ya realizada por la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios del Reino Unido, en la que además de poner restricciones en el uso de este fármaco para excluir a los pacientes con mayor riesgo de complicaciones, subraya que el medicamento solo estará disponible a través de un programa de acceso controlado”, celebraban entonces desde la Sociedad Española de Neurología.

Cuando la Comisión Europea autorizó su comercialización, desde la Confederación Española de Alzhéimer lo catalogaron como un “avance innegable e importante para un campo que lleva más de dos décadas esperando nuevos medicamentos”. El director de ensayor clínicos de Ace Alzhéimer Center Barcelona, Xavier Morató, insiste al SMC que “existe una fuerte correlación positiva entre la eliminación de placas de beta amiloide y la eficacia clínica en la fase temprana de la enfermedad, de modo que una mayor reducción de las placas conduce a un deterioro cognitivo funcional más lento”, que en el caso de los estudios en lecanemab y donanemab supondrían una ralentización d entre un 27 y un 35%.

A pesar de su aprobación, la Comisión Interministerial de Precios de los Medicamentos todavía no ha autorizado la financiación de lecanemab a través del Sistema Nacional de Salud. De hecho, en la última sesión, el 25 de febrero, este órgano acordó la no inclusión del medicamento en la prestación farmacéutica del Sistema, “teniendo en cuenta criterios de racionalización del gasto público”. Fuentes del Ministerio de Sanidad señalan que este asunto se abordará de nuevo en próximos comités.

Aunque el precio de estas terapias no es público y depende de los acuerdos de los laboratorios con cada país, se estima que podrían rondar los 25.000 euros por paciente. “Si no hay evidencias de que tenga un efecto clínico significativo, ¿tiene sentido seguir utilizándolos? Durante los procesos de aprobación de estos tratamientos, la presión de empresas y pacientes jugó un papel importante en su llegada al mercado, pero no fueron pocas las voces de expertos recomendando su no aprobación”, apunta Pérez-Tur, quien considera que “con la evidencia que se va acumulando con su uso, queda bastante claro que los beneficios son extraordinariamente escasos y no sabemos aun si sostenidos en el tiempo”.