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Pantallas y gominolas de melatonina, el cóctel que ‘envenena’ el sueño infantil

La administración indiscriminada de suplementos de melatonina a menores de edad es un problema que va en aumento en todo el mundo, y que las autoridades sanitarias encuentran difícil de atajar. “La impresión de todos los pediatras y quienes nos dedicamos a la salud del sueño es que se está utilizando en exceso sin indicación y que hay un sobreuso muy claro”, asegura Fernando Martín, neuropediatra y miembro del Grupo Pediátrico de la Sociedad Española del Sueño. 

Un estudio reciente publicado en la revista JAMA Pediatrics indica que en Estados Unidos uno de cada cinco niños en edad escolar y preadolescentes toman melatonina para dormir y que algunos padres administran rutinariamente la hormona a los niños en edad preescolar. En España no hay datos tan específicos, pero los especialistas sospechan que nos movemos en cifras parecidas. “La impresión es que estamos en una situación semejante”, asegura Gonzalo Pin Arboledas, coordinador del Grupo del Sueño y Cronobiología de la Asociación Española de Pediatría (AEP). “Hay casi 160 productos con melatonina en el mercado español, precisamente por no ser considerados fármacos, y se venden en forma de gotas, comprimidos, jarabe y una amplia variedad de formatos, aunque ahora están de moda las gominolas”.

Barra libre de melatonina

La melatonina es la hormona que segrega la glándula pineal y regula el reloj biológico a partir de la exposición a luz natural. Los suplementos de melatonina exógena se venden con el reclamo de que sirven para restaurar el ciclo de vigilia-sueño, y su venta está disparada en los últimos años, tanto para adultos como en formato para niños. Según datos del proveedor de servicios farmacéuticos IQVIA, en el periodo de referencia de 2023 se vendieron más de un millón y medio de unidades de estos suplementos sin receta, y las ventas han aumentado más de un 30% en los últimos dos años. Una parte de esas ventas son de suplementos dirigidos específicamente a niños, que se anuncian de forma agresiva y se pueden adquirir en todas partes sin receta médica. “En España no se conoce cuánta melatonina para niño se consume, porque se compran hasta en los supermercados, ni siquiera nos valdrían los datos de las farmacias”, asegura Milagros Merino, neuróloga y presidenta de la Sociedad Española de Sueño (SES). 

Este acceso tan sencillo hace que muchos padres se animen a utilizarla, incluso sin preguntas al pediatra, a veces porque a ellos mismos les ha ido bien. “Tengo dos hijos de 3 y 7 años, y a los dos les he dado suplemento de melatonina en gotas porque lo vi en un anuncio”, explica un progenitor consultado por elDiario.es, que prefiere no dar su nombre. “Se la doy a mis dos hijos adolescentes desde hace dos años”, añade otro. “La tengo de dos formas, con forma de ”chuches“ (ositos) o en gotas, y empecé a dársela porque yo la tomaba y me iba bien para dormir”. “Mi mujer las venía ya usando ocasionalmente y se la dimos a los niños cuando tenían 9 y 11 para conciliar el sueño después de las vacaciones”, dice un tercero.

“El problema es que se ha banalizado el uso de una neurohormona como la melatonina, que actúa en todo nuestro organismo”, indica el doctor Pin. “No hay que demonizarla, pero sí debería estar reconocida como un fármaco y bajo prescripción facultativa, porque al darle el título de suplemento nutricional le quitas el miedo a la gente y se le pierde el respeto”. Según la guía de uso de la melatonina editada por la Asociación Española de Pediatría, su consumo debería estar limitado a cuatro semanas en niños, y siempre bajo control médico, algo que raramente se cumple.

“Es la solución fácil; en vez de hacer todo lo que hay que hacer respecto a la higiene del sueño, le doy al niño unas gotitas”, explica Fernando Martín. Y se ha generado la falsa idea de que es seguro y natural, cuando no se conocen bien los efectos secundarios, alertan los expertos. “Puede producir efectos adversos como dolor de cabeza, molestias gastrointestinales e interacciones con fármacos, como anticoagulantes”, advierte la doctora Merino. “Y hay que tener cuidado cuando haya una enfermedad autoinume o un niño recién trasplantado, porque la melatonina es un inmunomodulador”.

Sanidad rechaza regularlo

En 2022 los miembros del Grupo Pediátrico de la Sociedad Española de Sueño, avalados por las sociedades científicas pediátricas AEP, SEPEAP, AEPap y SENEP, enviaron una carta a la Dirección General de Salud Pública en la que reclamaban explícitamente “limitar la libre dispensación de melatonina en formato adaptado para la población infantil, exigiendo receta médica para su adquisición”. La respuesta de las autoridades sanitarias fue tajante: al estar categorizados como complementos alimenticios, no tienen competencias para regularlos. “No se incluirán en la prestación farmacéutica —escribieron— medicamentos que no se utilicen para el tratamiento de una patología claramente determinada, ni los productos de utilización cosmética, dietéticos, aguas minerales, elixires, dentífricos y otros productos similares”.

Esta falta de regulación es también la causa de que la cantidad de melatonina que contienen estos suplementos sea muy variable de un producto a otro, dado que no está certificada por nadie. En un estudio publicado en abril en Estados Unidos, los investigadores analizaron 25 productos de melatonina en gominolas y encontraron que 22 contenían cantidades diferentes a las indicadas en la etiqueta: uno tenía más del triple de lo que figuraba en el producto y otro no tenía ninguna en absoluto. “En España solo hay un par de laboratorios en los que sí tenemos la seguridad de la cantidad porque tienen más controles”, apunta Gonzalo Pin. “Creemos que se debería legislar y controlar mucho más”.

“Si la agencia catalogase la melatonina como medicamento, tenga la concentración que tenga, esto estaría regulado y sabríamos que las gominolas llevan 1 mg, pero en ausencia de regulación tenemos esas disparidades de contenido”, afirma la presidenta de la SES. Un aspecto importante es que hay dos tipos de melatoninas, recalca: las de liberación inmediata, que son las que se venden sin receta porque llevan menos de 2 mg de la hormona, y las de liberación prolongada, que llevan más cantidad y necesitan receta (se usan para niños con trastornos del neurodesarrollo, como los TEA). “Aunque se diga que es de liberación prolongada, si cuesta menos de diez euros hay que sospechar”, advierte Merino, “porque exige un determinado envoltorio de la pastilla que permite que la hormona se libere lentamente, y eso es caro”.

Consecuencias del mal uso

Aunque se han registrado casos de intoxicación por consumo excesivo de estas pastillas —sobre todo al confundirlas con caramelos— el principal riesgo es que el mal uso empeore el problema de insomnio de los menores si los padres dan esta sustancia a los niños por su cuenta. “Nos llegan muchos casos en los que se ha administrado durante demasiado tiempo, de manera indefinida y sin control médico: es el día a día”, describe Fernando Martín. “El problema es que es un medicamento y en España no se ha comercializado como tal por una cuestión puramente económica”, afirma Víctor Soto, neuropediatra del Hospital Niño Jesús de Madrid. “Al ser un complemento lo puede comprar cualquiera sin indicación médica, cuando hay que darlo a unas horas concretas y a unas dosis concretas”.

Nos llegan muchos casos en los que se ha administrado durante demasiado tiempo, de manera indefinida y sin control médico: es el día a día

El principal error es administrarla a la hora que no toca y en cantidades inadecuadas. La causa más frecuente de problemas de sueño entre los niños es que no son autónomos para dormir, necesitan que estén sus padres y se despiertan muchas veces. “En esos casos, por mucho que le des melatonina, no va a funcionar”, explica el doctor Soto. “La melatonina normal tiene una vida media de alrededor de una hora, vale para niños que tienen problemas para iniciar el sueño, pero no vale para niños que se despiertan muchas veces”. En estos casos, la administración inadecuada de la hormona puede acentuar el problema y alargarlo en el tiempo. “Conozco niños a los que con tres o cuatro años les han empezado a dar melatonina sin indicaciones y empezaban a despertar en mitad de la noche”, relata el médico. “Niños que no podían ni ir al colegio de lo dormidos que estaban, que están medio dormidos por el día y despiertos por la noche”. 

“Otro escenario habitual es que le mandemos al niño una melatonina de liberación prolongada y el farmacéutico se la cambie porque no hay stock, pero es como si cambias el antibiótico para una infección de la boca por otro para el catarro, no deberías hacerlo”, explica Milagros Merino. Esto pasa muchísimo, insiste, “y también hay muchos facultativos que, a pesar de que se les dice que hay dos tipos de melatonina, siguen mandando las de liberación inmediata para todos los insomnios, y eso es un error”.

Un bucle de pantallas, cansancio y ansiedad

A la consulta de Fernando Martín también llegan casos en que los niños llevaban años tomando melatonina sin prescripción médica. “Sin ningún control y probablemente sin ninguna necesidad”, asegura. Lo más frecuente es que el niño tenga malos hábitos del sueño, a veces heredados de los padres. “Es una combinación de acostarse tarde y abuso de dispositivos electrónicos, que empeoran el sueño, sobre todo en adolescentes”, relata. “Al final todo se retroalimenta: en vez de quitarse la pantalla, se toman la melatonina, cuando quizá sería más fácil cambiar de hábitos”. 

Conozco niños a los que con 3 o 4 años les han empezado a dar melatonina sin indicaciones y no podían ni ir al colegio de lo dormidos que estaban

La receta para arreglar el desaguisado, la que aplican en casos extremos, es una combinación de dieta sana, ejercicio físico, exposición a la luz solar durante el día y evitar el uso de dispositivos dos horas antes de acostarse, que se combina con la administración de melatonina de forma controlada por el médico. “He tenido niños con trastornos del sueño muy complejos, en los que hemos tenido que hacer un tratamiento más duro”, cuenta Martín. “Niños sanos, con un trastorno severo del ritmo circadiano, que pasa despierto toda la noche”. En el caso de este adolescente, costó varios meses recuperar el ritmo normal de sueño, debido a un trastorno que se había perpetuado por el uso de aparatos electrónicos y malos hábitos. 

Una sociedad a espaldas del sueño

Todo esto, combinado con el uso a la ligera de melatonina, constituye el cóctel perfecto antisueño, según el doctor Soto. “Estamos enseñando a dormir mal”, señala. A la luz artificial y la televisión, explica, hay que sumarle ahora las tecnologías y la necesidad de estar conectados 24 horas. “Y, por supuesto, el aumento exponencial de la ansiedad en nuestros chavales, que es un drama”, subraya. Estos cuadros de ansiedad, que se multiplicaron con la pandemia pero que ya venían de antes, se ven cada vez más y en niños más pequeños, avisa el especialista. “Quizá el origen de esta ansiedad está en nuestro modo de vida, en que cada vez somos un poco más individualistas, pasamos menos tiempo juntos, el tiempo de la cena, de contarnos las cosas, todo eso hace que haya un empeoramiento”, opina. “Y los padres tememos más ansiedad que traspasamos a nuestros hijos”.

“Llevo casi treinta años dedicándome a esto y he visto una larga evolución”, asegura Gonzalo Pin. Aunque la sociedad es cada vez más consciente de la importancia de los problemas de sueño, cree que los niños llegan a un mundo inundado de luz externa y ruido ambiental desde que nacen e incluso cuando están en el útero materno. “Estamos condicionando sus hábitos de sueño desde su gestación”, asegura. “La sociedad actual es una sociedad de acción 24 horas al día y siete días a la semana, y con pobreza de tiempo, y cuando hay este problema al primero que se le quita tiempo es al descanso”. 

Somos el país que más hipnóticos para dormir está usando: nuestra sociedad le ha dado la espalda al descanso

El especialista recuerda que no debemos echar la culpa a las familias, que a fin de cuentas tienen que gestionar un modelo de sociedad y unos horarios que les vienen de rebote. “No son solo por los horarios, en muchas ciudades españolas por la noche tienes que ponerte las gafas de sol por la contaminación lumínica, y hay programas de televisión con niños que empiezan a las 22:30”, señala. “Eso explica en parte por qué somos el país que más hipnóticos para dormir está usando: nuestra sociedad le ha dado la espalda al descanso”.

A los padres que tienen la tentación de dar suplementos de melatonina a sus hijos por su cuenta, les recuerda que solo están viendo la punta del iceberg. “Debajo de ese problema de sueño hay circunstancias que si no las tratamos van a condicionar el futuro de su hijo”, asegura el doctor Pin. “No se puede tratar solo el síntoma, hay que abordar todo lo demás si se quiere tratar la salud integral de su hijo”. “Estamos dando a nuestros hijos un producto del que no sabemos la concentración real, que tiene efectos adversos y que no sabemos si está indicado o no porque se ha mandado un poco al tuntún”, resume la doctora Merino. “Yo les diría algo muy sencillo: si quieres a tu hijo, pregunta a un médico”.

Sin financiación cuando es fármaco

Mientras que los suplementos de melatonina se venden sin control, los preparados que sí necesitan receta y se usan como fármacos para niños con problemas neurológicos no están financiados por el sistema de salud, por lo que los padres tienen que pagar la totalidad de su coste. Los especialistas en sueño infantil han pedido a la Dirección General de Salud Pública la financiación de la melatonina de liberación prolongada para pacientes con trastornos neurológicos como TEA, síndrome de Moyamoya (SMM), Discapacidad Intelectual, TDAH y trastornos específicos del aprendizaje, entre los cuales hasta un 80% pueden presentar trastornos del sueño. 

Actualmente existe solo un preparado de melatonina comercializado como fármaco para su uso en pediatría, que se vende en comprimidos de 1 y 5 mg, con un coste de 30 € y 150 € respectivamente. Como muchos pacientes con problemas neurológicos necesitan llegar incluso a 10 mg, el gasto se dispara a entre 60 y 300 € al mes en este medicamento, algo inasumible para muchas familias. A pesar de las peticiones de los pediatras, este medicamento sigue sin estar financiado por el sistema.