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El pánico a una crisis sabotea la respuesta de Trump al coronavirus
Trump está tenso. El coronavirus ha resultado ser un enemigo formidable y no porque la edad del presidente le sitúe en un grupo de riesgo. El problema de Trump es que está acostumbrado a enfrentarse a los grandes problemas con unas herramientas que aquí no le sirven: el insulto, la distracción, la mentira y la intimidación. Contra el virus no le está funcionando ninguna de las cuatro.
No es que él no lo intente. En las últimas semanas Trump se ha inventado las cifras de contagios, ha rebajado unilateralmente la tasa de mortalidad calculada por la OMS, ha anunciado una vacuna por la vía rápida que no existe y ha dicho que el virus es un “bulo” de los demócratas y una “exageración” de los medios. En una comparecencia anoche anunció a los estadounidenses que la epidemia “no es culpa de nuestro país” y prometió combatirla con bajadas de impuestos. Mientras le preguntaban si se había sometido él mismo a la prueba del coronavirus, abandonó la sala de prensa sin responder.
Lo cuenta Carlos Hernández-Echevarría.