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Laboratorios y Estados invierten miles de millones y se lanzan a la producción masiva de vacunas experimentales sin certezas sobre su eficacia
Los enormes daños sanitarios, sociales y económicos que el virus SARS–CoV–2 está causando a la humanidad en prácticamente todo el mundo están llevando a una urgencia inusitada en la investigación y desarrollo de potenciales vacunas. Hasta la fecha, el récord de velocidad en la obtención de una primera vacuna contra un virus reside en la vacuna contra las paperas, que requirió “tan solo” cuatro años. Todo parece indicar que este récord podría romperse en un futuro cercano gracias a una inversión económica descomunal –de miles de millones de euros– en más de 200 proyectos de vacunas diferentes y al esfuerzo global de multitud de investigadores. Si los pronósticos de diversos expertos sanitarios se cumplen, es posible que exista al menos una vacuna con seguridad y eficacia demostrada para finales de 2020 o comienzos de 2021.
La gran celeridad en el desarrollo de las vacunas contra el coronavirus y su potente inversión no son, ni mucho menos, los únicos elementos extraordinarios que rodean a estos tratamientos preventivos experimentales. Otras circunstancias que están teniendo lugar en su proceso de I + D son, hasta ahora, excepcionales en el mundo farmacéutico. AstraZeneca, la compañía farmacéutica que está detrás de una potencial vacuna contra el coronavirus, junto a la Universidad de Oxford, lleva ya tiempo fabricando en masa este producto para que en septiembre haya alrededor de un millón de dosis. CanSino Biologics, la biotecnológica china responsable de una de las vacunas en fases más avanzadas, comenzó en marzo la construcción de una fábrica para su producción masiva. La farmacéutica china Sinopharm también anunció recientemente que había finalizado la construcción de una nueva planta para producir más de 100 millones de dosis de su vacuna al año. Todas estas empresas tienen en común que sus vacunas son aún experimentales, en la fase III de ensayos clínicos, en la que se evalúa la efectividad de una vacuna sobre miles de personas sanas.
Informa Esther Samper.