Cáceres y Avilés conectadas por un libro que se vuelve música
La poesía no siempre se queda quieta en la página. A veces necesita que alguien le ponga al lado un piano, un contrabajo y una batería para soltar todo lo que lleva dentro. Eso es lo que pasó hace unos días en una sala abarrotada del Conservatorio Julián Orbón de Avilés: los versos de la belga afincada en Cáceres, Charlotte Lecharlier, se cruzaron con el jazz en la sexta edición del Festival Fifty-Fifty.
Detrás de este viaje de ida y vuelta entre Extremadura y Asturias está La Experiencia Libros. La editorial cacereña no solo ha publicado Apenas gritar, el último poemario de Lecharlier, sino que ha empujado el proyecto para convertirlo en una propuesta viva sobre el escenario.
El Fifty-Fifty lleva desde 2021 empeñado en una idea poco habitual: construir puentes reales entre la poesía y el jazz. Es un festival de formato pequeño pero de criterio fino, capaz de juntar durante cuatro días a personas que crean de generaciones y bagajes muy distintos. Por su cartel de este año han pasado figuras como Kyle Eastwood con su espectáculo Eastwood by Eastwood, o poetas de la talla de Ana Rossetti, Laura Chivite, Carlos Pardo y Sofía Castañón.
En medio de ese mapa encontró su sitio la propuesta nacida en Cáceres. “Para nosotros ha sido especialmente bonito formar parte de un festival que presta tanta atención a la calidad de los textos y de las propuestas musicales”, cuenta la propia Charlotte Lecharlier.
La oportunidad llegó gracias al empeño de su editora, Mariate Macías Puig, que envió la propuesta a la organización. Para la autora, la invitación tiene un valor doble porque el festival no se limita a contratar nombres consagrados, sino que busca el choque creativo entre distintas formas de arte. “Tienen una programación muy cuidada y una mirada muy abierta hacia la creación contemporánea. Estar aquí lo siento como un reconocimiento tanto a nuestra propuesta editorial y poética como al trabajo de los músicos”.
Un libro pensado para saltar de la página
Apenas gritar se publicó este año, poco después de que la autora sacara La casa de tierra y piel (2024). Pero desde el primer momento quedó claro que la presentación del libro pedía algo más.
La Experiencia Libros concibe cada obra como un objeto singular donde importan el diseño, la ilustración y las nuevas formas de llegar al lector. En Apenas gritar, esa filosofía se traduce en dos maquetaciones distintas realizadas por las jóvenes ilustradoras Sandra Fernández y Lucía Borrego, además de códigos con enlaces a los poemas recitados por la propia autora.
“Llevar el libro a festivales representa el espíritu de La Experiencia: llevar el texto escrito un poco más allá de sus formas tradicionales”, explica Lecharlier. Y eso fue exactamente lo que hicieron en Avilés.
Tres músicos sobre las tablas (y un invitado de última hora)
El proyecto echó a andar en marzo en el Museo Pedrilla de Cáceres y desde entonces no ha parado de crecer. En directo, Charlotte recita acompañada por Pedro Calero al piano y Enrique Tejado al bajo y contrabajo. En Avilés, además, se sumó a la batería en los temas finales el extremeño Javi Tei, amigo de la autora que andaba por allí.
El grupo se mueve entre el jazz, el electrojazz y pasajes sonoros diseñados a medida, con composiciones originales de Calero. Pero la intención no es ponerle música de fondo a una lectura.
Cada pieza se construye desde la entraña del poema. La música no acompaña: actúa como una voz más dentro del espectáculo. “No se trata simplemente de poner música a unos versos o de recitar por encima de un acorde, sino de crear un espacio común en el que palabra y música se transforman mutuamente”, señala la poeta. Los músicos escuchan lo que dice la voz y la voz reacciona a lo que pasa en el instrumento en tiempo real.
Los textos viajan por terrenos muy diversos: la memoria, el cuerpo, la infancia, la identidad heredada, la libertad y la resistencia. Al pasar por el filtro del jazz, cobran una fuerza distinta. Para Lecharlier, recitar así es una experiencia casi física: “Es un momento único de encuentro con la emoción de la música, de la audiencia y del propio texto. Me exige un estado de concentración absoluta en el aquí y ahora”.
Una sala pequeña que terminó llena
En Avilés actuaron en una sala reducida del Conservatorio Julián Orbón. Esa cercanía jugó a favor para crear un clima espeso y directo. El aforo se completó rápido.
Para el grupo, más allá del lleno, lo importante fue ver cómo reaccionaba la gente ante una propuesta que busca llevar la poesía al cuerpo y no dejarla solo en la cabeza. “Fue emocionante comprobar hasta qué punto el público se dejó atravesar por la propuesta”, comenta la autora. La respuesta en la sala, las charlas al terminar y las impresiones durante la firma de libros fueron lo mejor del viaje.
Otros proyectos y una ventana internacional
Apenas gritar no es la única aventura musical de Lecharlier. La poeta trabaja también en el grupo La Cour des Miracles junto al guitarrista Santiago Avendaño y la violinista y cantante Ana Eusse. Ahí lleva sus versos a un terreno más cercano al folk, comprobando cómo un mismo poema cambia radicalmente según la atmósfera sonora que lo envuelve.
Además, su paso por el Fifty-Fifty coincidió con otra noticia: su selección para el proyecto Poetas con Ñ: Mujeres en verso, comisariado por Adriana Bertorelli y el artista visual Juan Carlos García-San Pedro. Se trata de una iniciativa de videoarte que busca difundir las voces de poetas en castellano de ambos lados del Atlántico, en la que participan nombres de la trayectoria de Gioconda Belli o Elsa López.
Ese cruce de disciplinas y generaciones encaja de lleno con el espíritu del Fifty-Fifty. Sus organizadores —Sergio, Yvan, Gonzalo y Alfonso— han conseguido crear un espacio donde los y las artistas no solo van a tocar, sino a escucharse y conocerse.
El viaje de Apenas gritar demuestra que la poesía tiene salidas fuera de la página impresa. Salió de una editorial cacereña, viajó en la voz de una poeta belga con tres músicos en directo y terminó emocionando a una sala llena en Avilés. La prueba de que, cuando se abren las ventanas, la literatura sigue encontrando nuevos lugares donde quedarse.
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