Entrevista
Valentín Carrera, escritor: “Deberíamos salir de nuestro ombligo y ver el mundo desde abajo”
“Rosendo Salvado sería hoy un Prevost. Alguien que, viniendo desde el mundo ‘de arriba’ se atreve a mirar la realidad ‘desde abajo’, desde los más pobres”. El periodista, escritor y viajero Valentín Carrera desarrolla en ‘El mundo desde abajo’ (Folch&Folch), la odisea de este misionero dominico gallego, que pasó medio siglo en la Australia Occidental, luchando contra las colonias y apostando por la igualdad en la otra parte del mundo. El autor, que con este libro (“Una novela de no ficción”, asegura) conquistó el primer premio Altair, firmará ejemplares este sábado en la feria del libro de Madrid.
Siendo una persona no creyente, ¿cómo decides entrar en un personaje tan desconocido para el público, pero con una historia fascinante, como Rosendo Salvado?
Esta es una historia fascinante. Si Rosendo Salvado hubiera nacido en Londres, hubiera sido Livingstone. Son contemporáneos. Los dos comparten la vocación misionera, uno protestante, el otro católico. Los dos son exploradores, los dos luchan contra la esclavitud. Uno acaba siendo reconocido mundialmente, y el otro se pierde en Australia, en su misión.
¿Por qué es un personaje tan relevante?
En primer lugar, queda el monasterio de Nueva Nursia, la única abadía benedictina que existe en Australia. Donde había una selva y un desierto, él va abriendo camino. Es un personaje querido y reconocido en Australia Occidental, hay imanes de nevera, tazas y camisetas de Rosendo Salvado. Hay hasta un ‘Camino de Salvado’, los doscientos kilómetros que hizo desde el puerto de Fremantle hasta la misión.
¿Qué queda para la historia de su expedición en Australia?
Queda el ejemplo ético de un monje avanzado para su tiempo, un defensor de los derechos humanos y de la igualdad, un personaje que se implica con la comunidad, con el encuentro con el otro. Rosendo defiende los derechos humanos en un contexto donde todavía había esclavitud. Con algo irrebatible: desde su fe, todos somos hijos de Dios y todos somos iguales, no existen razas, solamente una, la raza humana. En este momento en que, de nuevo, se están repartiendo carnés de ciudadanos de primera y de en función de tu país de origen o del color de la piel, alguien hace 150 años pone en práctica la igualdad, es fascinante. Es el primero que da empleo a mujeres en la colonia. Trabaja por la dignidad, y lo hace desde el encuentro, desde el abrazo. Rosendo fue un hombre con una fuerza de voluntad inquebrantable, que se enfrentó a las dificultades de su tiempo.
¿La iglesia le apoyó? ¿Le olvidó? ¿Le puso piedras en el campo?
La Iglesia no le hizo mucho caso. Él llegó a ser el decano de todos los obispos de la cristiandad. Conoció a tres papas, participó en el Concilio Vaticano I, acabó conociendo los entresijos del Vaticano. Cuando hablo de ‘El mundo desde abajo’ me refiero a que él está con los humildes.
Se fue a la otra parte del mundo en un momento en que las conexiones no eran las que son ahora… En un mundo como el actual, y en una Iglesia donde los celos, la envidia, la corrupción, están a la orden del día, ¿cómo lo afronta?
En la misión hay una página infame de corrupción. El obispo que preside la misión, John Brady, fue expulsado porque Salvado le denunció porque se apropia de los terrenos de la misión, los inscribe a su nombre. Cuando llega la condena del Vaticano, Bradky no la acepta, desobedece al Vaticano y monta un pequeño cisma. En cambio, Salvador Rosendo no se enriqueció, observa el voto de pobreza porque todo lo que hace es para la misión.
“Rosendo Salvado sería hoy un Prevost. Alguien que, viniendo desde el mundo ‘de arriba’ se atreve a mirar la realidad ‘desde abajo’, desde los más pobres”
¿Cómo entras en contacto con este mundo?
En Santiago de Compostela hay una calle que se llama calle Rosendo Salvado. En Tui, que es donde nació, sí que hay algo más, una estatua conmemorativa, un archivo… En 2014, que se cumplía el segundo centenario de su nacimiento, el Consejo de la Cultura Galega organizó un congreso, donde se hablaba de él. Era un congreso de especialistas, y acabamos flipando. Con el tiempo, conseguí hacer un documental para la Televisión Gallega, y me fui a Australia. Mi idea era hacer un documental, pero comencé a recabar un material precioso, que iba guardando en carpetas. Entregué el documental, pero con todo lo que recogí, me puse a trabajar en este libro.
Es una novela de no ficción, un género extraño…
El diálogo de la novela y la entrevista tienen mucho en común. La única diferencia es que yo no pongo ningún dato inventado. Todo lo que cuento está documentado.
Y cuando me invento algo, lo digo. En este caso, no necesitas inventar: la vida de Rosendo es un libro de aventuras. Cuando va por la selva, cuando se encuentra con los indígenas, cuando la riada le lleva el carro con los bueyes, cuando hace el concierto de Perth, cuando camina con los zapatos sin suelas atados con tripas de canguro… Todas las cosas que le van pasando, que él va resolviendo como un auténtico explorador e intrépido, son pura novela. Parecen ficción, pero son realidad.
Y esto es lo que le da valor. El tipo llega a la selva, aprende homeopatía y se convierte en el curandero de la tribu. Salva la vida de la gente, aprende a coser y consigue que la gente de la tribu comience a vestirse. Acaba montando el primer taller de Zara en la selva.
¿Quién, o qué, sería Rosendo Salvado hoy?
Podría ser un Prevost, tranquilamente. Como él, que pasó 20 años en Amazonas, muy querido en las comunidades indígenas de Perú, y que apuesta por el mundo desde abajo. El título de El mundo desde abajo alude a un punto de vista geográfico: nosotros vemos el mapa, y Europa está arriba, y los pobres abajo. En China pasa lo contrario. Deberíamos salir de nuestro ombligo y ver el mundo desde abajo, desde los de abajo. Prevost, que viene del mundo desde arriba, como Salvado, contempla la realidad desde abajo, desde los más humildes.
Además, el Papa debe tener tu libro…
Espero que lo tenga durante su visita a Montserrat. Allí se lo he dejado. Sí, definitivamente, yo creo que sería Prevost. Su apuesta por la igualdad, por los derechos humanos es clarísima. Hoy la colonia no es Londres, pero la metrópoli es la Casa Blanca. Se opone a ese poder absoluto también.