Hace 100 años, se tomaron las primeras fotografías submarinas a color: esto es todo lo que capturaron
La primera fotografía submarina en color de la historia fue tomada en el verano de 1926 y supuso un antes y un después en la exploración del mundo marino. Hasta entonces, el fondo del océano solo podía documentarse mediante dibujos o fotografías en blanco y negro, incapaces de mostrar la riqueza que escondían los arrecifes y sus habitantes.
Esa primera imagen, junto a otras que se tomaron ese mismo año, fueron capturadas en las aguas de las islas de Dry Tortugas, en Florida, y publicadas un año después en la revista National Geographic. Fue el acontecimiento que permitió al gran público contemplar por primera vez los verdaderos colores de la vida que había debajo del agua.
Los responsables de este logro fueron el biólogo marino estadounidense William H. Longley y el fotógrafo Charles Martin, jefe del laboratorio fotográfico de National Geographic en aquel momento, quienes decidieron poner en común sus conocimientos. Longley aportó su experiencia en el estudio de los peces y los arrecifes de coral, mientras que Martin compartió lo que sabía sobre fotografía e iluminación.
El sistema que idearon
Los resultados fueron realmente asombrosos para la época, teniendo en cuenta las limitaciones técnicas que había. El principal obstáculo era la falta de luz. El agua absorbe rápidamente los colores y las cámaras de entonces no eran capaces de captar imágenes nítidas a cierta profundidad. Para resolverlo, ambos diseñaron un sistema propio, introduciendo la cámara en una carcasa estanca de latón.
Pero la cosa no quedó ahí y, para complementar la luz natural, utilizaron polvo de magnesio altamente explosivo, un procedimiento tanto espectacular como peligroso. Para obtener las imágenes, Longley buceaba con la cámara estanca mientras arrastraba una balsa que transportaba una batería y la pólvora. Al localizar lo que se quería fotografíar, estabilizaba la cámara con las manos y las rodillas y accionaba un obturador, que activaba eléctricamente la carga.
El sistema provocaba un estallido que iluminaba el fondo del mar durante un segundo pero era tan delicado que, en una ocasión, Longley sufrió varias quemaduras graves después de una explosión inesperada de magnesio. El biólogo quedó incapacitado durante seis días, pero lo que ocurrió aquel día bajo el agua podría haberle costado la vida o provocado una ceguera permanente.
Pese a los peligros, esta innovación permitió fotografiar algunas de las especies más representativas de los arrecifes de Florida. Entre ellas figuraba el pez perro (Lachnolaimus maximus), protagonista de la primera imagen submarina en color difundida, pero también un pez ballesta, algunos pargos grises, un banco de roncos franceses y un pez loro.