Hace 2.400 años, los galos enterraron esta espada junto a la tumba de un niño y ahora los arqueólogos tratan de averiguar la razón

¿Qué dice de nosotros lo que enterramos con nuestros muertos? Es la pregunta que lleva días rondando entre un grupo de arqueólogos que recientemente ha trabajado en el yacimiento de Bois Médor, en Loiret (Francia), un gran asentamiento galo que data de los siglos V y IV a. C. en el que han encontrado diferentes restos humanos.

Un depósito múltiple con tres cuerpos, un silo en el que se encontró el cuerpo de un hombre con los pies atados a las manos y la cabeza separada, otro en el que apareció una mujer que probablemente murió de forma violenta… En este yacimiento, los arqueólogos localizaron hasta seis cuerpos humanos dispuestos en cuatro depósitos diferentes, distribuidos a su vez en tres silos.

Aunque todos contienen información única sobre el fenómeno de los enterramientos en silos, uno de los casos es el que ha llamado más su atención. Hablamos de los restos de un niño de entre 10 y 14 años que aparecieron junto a equipos militares, un descubrimiento único que trasciende el ámbito regional y que puede ofrecer información muy valiosa.

El hallazgo

El cuerpo del menor apareció acurrucado junto al borde de uno de los silos, una posición que ya de por sí llamó la atención de los investigadores. Sin embargo, fue el ajuar funerario el que convirtió el hallazgo en un caso excepcional. Junto a los restos se recuperó una fíbula de hierro (un broche utilizado para sujetar la ropa), los posibles restos de un escudo y una espada de hierro dentro de su vaina, depositada entre las piernas del niño.

“Parece confirmar la presencia de un guerrero muy joven, o un niño destinado a serlo”, revelaron en el comunicado compartido por el Instituto Nacional de Investigaciones Arqueológicas Preventivas (INRAP). El detalle de que la espada se hubiera colocado junto al cuerpo también podría interpretarse como un símbolo de estatus o identidad desconocido.

La espada, que tiene una forma y tamaño estándar, es uno de los ejemplares más antiguos encontrados en la zona. “A diferencia de otras vainas de espada de principios de la Edad del Hierro Tardía, esta no está decorada, lo cual es bastante inusual”, añadieron los arqueólogos a cargo de la excavación.

Estos también compartieron sus dudas acerca del hallazgo. “¿Deberíamos relacionar esta falta de decoración y la ausencia de un arma con la corta edad del individuo como indicios de una educación incompleta? ¿Es la espada propiedad exclusiva del niño?” Todas estas cuestiones siguen sin una respuesta clara, por lo que deberán seguir investigando para tratar de dar con ella.