Los 43 cascos hallados frente a Benicarló no eran romanos: un estudio los sitúa en la Baja Edad Media

El hallazgo de decenas de cascos de hierro frente a la costa de Benicarló (Castellón) ha permitido resolver un enigma arqueológico que llevaba décadas sin respuesta. Un nuevo estudio publciado en la revista Antiquity ha logrado datar directamente los tejidos conservados en el interior de varias de estas piezas mediante radiocarbono, una técnica nunca antes aplicada a un conjunto de cascos metálicos recuperados en un contexto submarino. Los resultados sitúan el depósito entre finales del siglo XIV y comienzos del XV y obligan a revisar las interpretaciones previas sobre unos objetos que durante años se consideraron mucho más antiguos.

Los cascos fueron recuperados en 1990 en el yacimiento submarino de Piedras de la Barbada, frente a la desembocadura de la Rambla de Cervera, en la localidad valenciana de Benicarló. El conjunto apareció a unos seis metros de profundidad, formando grandes masas de hierro soldadas por la corrosión y cubiertas por concreciones marinas. Debido a la presencia en la zona de materiales de época antigua, incluidos restos romanos y cascos de tradición itálica, inicialmente se pensó que las piezas pertenecían también a periodos muy anteriores. Sin embargo, una nueva revisión del material llevó a los investigadores a sospechar que su cronología era mucho más reciente.

Tejidos conservados durante siglos bajo el mar

La clave para resolver el problema apareció en el interior de algunos cascos. Las concreciones marinas y los sedimentos atrapados entre las piezas crearon pequeños microambientes que permitieron la conservación excepcional de fragmentos textiles asociados al uso de los cascos. Estos restos orgánicos sobrevivieron protegidos entre el metal, los productos de corrosión y los depósitos sedimentarios, algo extremadamente poco habitual en contextos submarinos.

Los investigadores sometieron esos tejidos a una batería de análisis microscópicos, químicos y radiométricos. El estudio identificó fibras vegetales tejidas en un patrón sencillo y resistente. Además de caracterizar su composición, estos fragmentos permitieron obtener fechas absolutas mediante espectrometría de masas con acelerador, una metodología que proporciona cronologías mucho más precisas que las comparaciones tipológicas tradicionales.

Las dataciones realizadas en dos laboratorios independientes ofrecieron resultados muy similares. Cuatro de las cinco muestras analizadas situaron el conjunto entre el último cuarto del siglo XIV y las primeras décadas del XV. Aunque una muestra proporcionó una fecha más tardía, los autores consideran que probablemente se trata de una anomalía causada por contaminación posterior o por alteraciones sufridas durante siglos bajo el agua. En conjunto, la evidencia apunta a que las piezas corresponden a una cronología homogénea y podrían estar relacionadas con un mismo acontecimiento.

Un equipo militar anterior a las grandes armaduras europeas

La cronología obtenida encaja también con el análisis formal de las piezas. Los cascos presentan características que los sitúan en una fase de transición anterior a la estandarización de las armaduras europeas que se produciría durante el siglo XV. Algunos muestran crestas longitudinales y formas hemisféricas, mientras que otros recuerdan a modelos utilizados por infanterías ligeras en diferentes regiones europeas. Según los investigadores, estas piezas habrían sido fabricadas en talleres secundarios o regionales, lejos de los grandes centros productores que dominarían el mercado armamentístico europeo décadas después.

Aunque el origen exacto de los cascos sigue siendo incierto, el estudio plantea distintas posibilidades sobre su procedencia y circulación. Su diseño sencillo y funcional apunta a equipamiento utilizado por soldados de infantería y no por miembros de las élites militares. Precisamente por ello, el conjunto ofrece una oportunidad poco habitual para estudiar armamento cotidiano de un periodo mucho menos documentado que el de las grandes armaduras nobiliarias conservadas en museos y colecciones.

El hallazgo también aporta información sobre el contexto histórico de la costa valenciana en los siglos XIV y XV. Los autores recuerdan que aquel fue un periodo marcado por conflictos políticos, inseguridad marítima y frecuentes incursiones piráticas procedentes del Mediterráneo occidental. La necesidad de proteger las poblaciones costeras impulsó la construcción de defensas y la movilización de milicias locales. En ese contexto, el conjunto recuperado frente a Benicarló constituye una valiosa evidencia arqueológica de la circulación y utilización de equipamiento militar durante la Baja Edad Media. Más allá de la datación de estos cascos, el estudio demuestra cómo la combinación de arqueometría y arqueología subacuática puede aportar nuevas herramientas para reinterpretar hallazgos históricos que han permanecido durante siglos bajo las aguas del Mediterráneo.