Tiene 58 letras, está en Gales y, aunque cueste pronunciarlo, es el pueblo con el nombre más largo de Europa

En el norte de Gales se encuentra un pequeño rincón que ostenta un récord muy original e insuperado en todo el continente europeo: con 58 letras, Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch es el pueblo con el nombre oficial más extenso de Europa. Esta localidad se ubica en la isla de Anglesey, separada de Gales por las aguas del estrecho de Menai. A pesar de la longitud de su nombre, el asentamiento apenas cuenta con unos tres mil habitantes que viven rodeados de paisajes verdes. Eso sí, son muchos los turistas que llegan muy motivados por la curiosidad de visitar este sitio icónico.

Detrás de estas letras se esconde una descripción poética del entorno físico y sagrado. Traducido del galés, el nombre significa “La iglesia de Santa María en el hueco del avellano blanco cerca del remolino rápido y la iglesia de San Tisilio junto a la cueva roja”. Este tipo de nomenclatura sigue la tradición galesa de bautizar los pueblos por accidentes geográficos cercanos. El remolino rápido al que se hace referencia alude a una sección traicionera del estrecho de Menai. Para los conocedores del idioma galés, es una guía descriptiva de su ubicación.

La historia detrás de esta denominación no es azar antiguo, sino una astuta maniobra publicitaria. Originalmente, el pueblo era Llanfair Pwllgwyngyll, un nombre mucho más corto. Fue en 1860 cuando un residente local impulsó la versión extendida actual. El objetivo era atraer al turismo y dar a su estación ferroviaria el nombre más largo. Esta estrategia pretendía competir por la atención de viajeros de Gran Bretaña. Con el tiempo, lo que comenzó como un truco publicitario se volvió oficial. Hoy es una muestra del éxito que tuvo aquel impulso visionario de marketing.

A pesar de ser un pequeño pueblo, la experiencia turística aquí gira en torno a su singular singularidad léxica. La actividad principal es fotografiarse junto al cartel de la estación que muestra el nombre. Otra tradición es acudir al ayuntamiento para sellar el pasaporte con la nomenclatura completa. Muchos turistas se consideran “frikis” y viajan distancias largas solo por validar su estancia. Las tiendas de regalos ofrecen recuerdos que celebran las letras del topónimo. Algunos empleados ferroviarios exigen la pronunciación completa para dar billetes. Aunque hay poco más que ver, el desafío del nombre compensa todo el viaje.

Enfrentarse a la pronunciación de este nombre es un reto que intimida incluso a expertos comunicadores. Para ayudar a los visitantes, existen guías fonéticas como Hlan-vair-puhl-güin-guihl. La secuencia termina en sonidos como go-gue-ra-juern-drob-uhl-hlan-ti-si-lio-go-go-goch. En el año 2015, el presentador Liam Dutton se hizo viral al pronunciar el nombre en antena. Dutton sorprendió a la audiencia con su dicción impecable. Para facilitar el aprendizaje, existe una canción dedicada a esta larga palabra. Incluso para estudiantes de turismo, el nombre representa una prueba de fuego.

El entorno que rodea a esta localidad es rico en historia y belleza natural. La isla de Anglesey fue el último refugio de los druidas celtas frente a los romanos. Debido a su pasado sagrado, se la conoce como la isla de los druidas. Para conectar la isla con tierra firme se construyó el puente colgante de Menai, estructura terminada en 1826. Desde la columna del Marqués de Anglesey se obtienen vistas espectaculares. Y es que el estrecho de Menai conecta la bahía de Liverpool con la de Caernarfon, por lo que explorar la costa permite descubrir playas que complementan la gran aventura.

Una colina neozelandesa

Aunque el nombre Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch lidere en Europa, otros lugares compiten por el título global del nombre largo. Hay una colina en Nueva Zelanda, por ejemplo, con 85 caracteres. Este topónimo relata la historia de un viajero que tocó su flauta para un ser querido en la cima. La colina en concreto lleva por nombre Taumatawhakatangihangakoauauotamateaturipukakapikimaungahoronukupokaiwhenuakitanatahu, que en sí ostenta el récord Guinness por ser el topónimo más largo del mundo, aunque en este caso no se trata de un lugar habitado como sí lo es el pueblo galés. El nombre de la colina neozelandesa se traduce aproximadamente como “La cima donde Tamatea, el hombre de las rodillas grandes, el deslizador, escalador de montañas, el tragador de tierras que viajó por todas partes, tocó su flauta de nariz para su amada”.

Otro lugar es el nombre ceremonial de Bangkok, con 168 letras, pero este nombre tailandés se encuentra actualmente en desuso administrativo. En todo caso, en Europa el pueblo galés es el topónimo de una palabra más largo en uso. Incluso supera en longitud a nombres de cráteres situados en el planeta Marte. Esto subraya su excepcionalidad dentro de la geografía humana y planetaria.