La pequeña playa de la costa de Málaga con aguas cristalinas, fondo de rocas y perfecta para practicar snorkel

Cala Torre del Pino.

Edu Molina

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La costa de Málaga presenta diferentes tramos donde el paisaje rompe con la idea clásica de playa urbana, con accesos fáciles, servicios cercanos y amplias zonas de arena. En el entorno de Nerja, los acantilados, las pequeñas calas y la vegetación mediterránea dibujan un litoral distinto, más recogido, donde la experiencia depende tanto del entorno como del propio acceso hasta el agua.

En ese contexto se sitúa Cala Torre del Pino, también llamada Cala del Pino, una pequeña playa ubicada a unos seis kilómetros al este de Nerja. Su localización, entre la Playa de las Alberquillas y la Torre del Pino, la integra dentro del Parque Natural de los Acantilados de Maro. Se trata de una zona protegida en la que el terreno abrupto limita el acceso y contribuye a mantener un ambiente más tranquilo que en otros puntos de la Costa del Sol.

El atractivo principal de este enclave está en la combinación de aguas claras, fondo rocoso y una ocupación moderada incluso en temporada alta. Es una cala frecuentada por quienes practican snorkel o buceo en apnea, ya que la visibilidad permite apreciar mejor el fondo marino. Aun así, no es un lugar especialmente cómodo para llegar con carga, por lo que conviene organizar la visita con antelación.

Dos pequeñas calas entre rocas, pinos y chumberas

Cala Torre del Pino se divide en dos zonas de baño de tamaño medio separadas por rocas originadas por desprendimientos. Esta división natural no impide el paso entre ambas, aunque sí obliga a moverse con precaución. La presencia de estas formaciones también condiciona el uso del espacio, que queda más fragmentado que en otras playas cercanas.

La cala se sitúa junto a la Torre del Pino, una antigua torre vigía que da nombre a la zona. En las inmediaciones también se encuentra la Playa de las Alberquillas, lo que permite ubicar este punto dentro de un conjunto de pequeñas playas encajadas entre acantilados. No es un enclave aislado en términos geográficos, pero sí queda al margen de los accesos más cómodos y de las áreas con mayor actividad turística.

El entorno está marcado por pinos, chumberas y un relieve irregular que desciende hacia el Mediterráneo. Esta vegetación refuerza la sensación de aislamiento y diferencia la cala de otros arenales más abiertos. Al mismo tiempo, la propia configuración del terreno obliga a cierta adaptación: no hay grandes superficies llanas, el suelo puede resultar incómodo en algunos tramos y el baño está condicionado por la presencia de rocas.

En este escenario, Cala Torre del Pino mantiene un perfil más orientado al baño tranquilo y a la observación del fondo marino que a una jornada de playa convencional. La claridad del agua y las formaciones submarinas favorecen la práctica de snorkel, siempre que el estado del mar lo permita. También es habitual el buceo en apnea, aunque la entrada al agua requiere precaución por el fondo irregular y la posible presencia de piedras en la orilla.

Un acceso exigente que limita la afluencia

Uno de los aspectos que más caracteriza a Cala Torre del Pino es su acceso. Para llegar hasta la playa es necesario recorrer a pie un sendero en pendiente, con tramos pedregosos y una distancia aproximada de un kilómetro. La bajada no resulta especialmente cómoda si se va con niños pequeños, con mucho equipaje o con objetos voluminosos, por lo que es recomendable reducir la carga y utilizar calzado adecuado.

La dificultad del camino tiene un efecto directo en la afluencia. Incluso en verano, la cala suele registrar menos visitantes que otras playas de Nerja con accesos más sencillos. Esta menor ocupación es uno de los motivos por los que muchas personas la eligen para desconectar de zonas más concurridas, aunque esa tranquilidad no elimina la necesidad de planificar bien la visita y prever la subida de regreso.

El tipo de acceso también explica que este enclave conserve una identidad propia dentro de la Costa del Sol. Cala Torre del Pino no ofrece las comodidades de una playa urbana ni está pensada para una estancia con servicios cercanos. Quienes la visitan deben llevar agua, protección solar y lo necesario para la jornada, además de extremar la precaución en las zonas más irregulares del sendero. En los meses de más calor, la vuelta puede resultar especialmente exigente tras varias horas de exposición al sol.

Al formar parte de un espacio protegido, la visita requiere cierta responsabilidad. Todo lo que se baja debe retirarse al marcharse, ya que dejar residuos en un entorno de difícil acceso tiene un impacto mayor y complica su limpieza. En la zona también es habitual la práctica del nudismo, especialmente en las áreas próximas a las rocas que separan las dos calas. La convivencia en un espacio reducido depende del respeto entre quienes acuden a bañarse, descansar o practicar snorkel en uno de los tramos menos accesibles del litoral de Nerja.

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