Un buque hundido en la Segunda Guerra Mundial, convertido en arrecife: así ha transformado el fondo marino
En la noche del 14 de marzo de 1941, un torpedo lanzado desde un avión británico hundió al Po, un buque hospital de la Marina italiana que evacuaba heridos de la guerra greco-italiana frente a las costas de Albania. El barco, un antiguo transatlántico de pasajeros que había sido reconvertido para atender a soldados, se fue a pique en apenas diez minutos.
23 de las 240 personas que viajaban a bordo del buque aquella noche murieron en el accidente, entre ellas tres miembros de la Cruz Roja. Entre los supervivientes estaba Edda Ciano, hija de Benito Mussolini y esposa del ministro de Exteriores italiano. Más de 80 años después, el Po sigue en el mismo lugar donde se hundió, a una profundidad de entre 33 y 37 metros en la Bahía de Vlorë (Albania).
Sin embargo, lo que en su día fue una embarcación sumergida, hoy se ha convertido en un ecosistema vivo. Un estudio publicado en la revista científica Frontiers in Ocean Sustainability ha documentado por primera vez cómo este pecio de 135 metros de eslora funciona como un auténtico arrecife artificial, con más de 200 especies registradas en su entorno inmediato.
El estudio, firmado por un equipo de investigadores italianos y albaneses, se prolongó durante dos años, entre junio de 2022 y septiembre de 2024. En ese tiempo, los científicos realizaron 32 inmersiones a las profundidades, combinando buceadores con un vehículo submarino operado a distancia, lo que les permitió tomar muestras de sedimento y censar las especies de peces encontradas.
El resultado es el primer estudio detallado de cómo un naufragio de la Segunda Guerra Mundial interactúa con el fondo marino que lo rodea, tanto desde el punto de vista biológico como geológico. Los autores del estudio plantean la hipótesis de que este barco podría ofrecer zonas de descanso y alimentación a toda una serie de microorganismos en un litoral donde los hábitats naturales están cada vez más fragmentados.
Los organismos encontrados
Los datos muestran que más del 80% de la superficie dura del casco está cubierta de organismos vivos, desde esponjas, corales y mejillones mediterráneos a ostras planas, briozoos y ascidias, entre otros. En total, los investigadores identificaron 54 especies distintas colonizando directamente la estructura del barco, hasta 151 si se cuenta también el fondo marino de alrededor. A esto se suman 28 especies de peces catalogadas junto al pecio, entre ellas meros, morenas, doradas y barracudas.
El hallazgo más llamativo llegó el 12 de agosto de 2023, cuando una cámara captó a un ejemplar de foca monje mediterránea (Monachus monachus) descansando en una de las cavidades de la parte superior del pecio. La foca monje mediterránea está clasificada como especie en peligro crítico de extinción, y este fue el primer avistamiento confirmado de un ejemplar en esta bahía desde 1996.