Dos équidos hallados en una panadería de Pompeya: los investigadores intentan aclarar qué ocurrió en sus últimas horas

Las cuadras vacías suelen ser una de las primeras señales que deja una huida precipitada. Cuando una población abandona sus casas por una catástrofe, muchas personas intentan salvar a los animales que tienen cerca, pero otras veces el tiempo se agota, los caminos se bloquean o el peligro llega demasiado rápido.

En situaciones así algunos animales acompañan a sus dueños, otros quedan encerrados y otros buscan refugio por su cuenta. Esa incertidumbre también formó parte de las últimas horas de Pompeya y todavía puede rastrearse a través de los restos conservados bajo las capas de la erupción.

Una estancia provisional acogió a los ejemplares hallados

Las investigaciones desarrolladas en la Insula de los Castos Amantes han permitido localizar los restos de dos équidos en una estancia relacionada a una panadería. Según recoge el e-Journal degli Scavi di Pompei, los animales murieron durante los acontecimientos asociados a la erupción del Vesubio del año 79 d.C. El hallazgo se produjo durante una revisión sistemática de espacios excavados décadas atrás y forma parte de un proyecto impulsado por el Parque Arqueológico de Pompeya.

Los esqueletos aparecieron en una habitación contigua al horno, utilizada de forma provisional como establo. Los investigadores denominaron RP1 y RP2 a los dos individuos. El primero se encontraba más al norte y conservaba buena parte de la columna vertebral, la pelvis y una de las extremidades posteriores. El segundo apareció junto a la pared sur de la estancia y presentaba un estado de conservación más deteriorado, con mayores señales de fracturación y exposición al calor. Ambos estaban situados cerca de los soportes de piedra que anteriormente habían sostenido una mesa utilizada para trabajar la masa del pan.

La distribución de los huesos ayudó a reconstruir el momento final de los animales. Los especialistas observaron fracturas compatibles con una fuerte compresión vertical. RP1 mostraba daños especialmente importantes en la mandíbula, mientras que RP2 presentaba roturas en costillas y extremidades delanteras. La investigación concluye que ninguno murió por asfixia ni por el contacto directo con los flujos volcánicos. El desplome de elementos estructurales del edificio fue la causa más probable de la muerte.

La especie exacta quedó pendiente de confirmación

La identidad exacta de los animales sigue abierta. Los restos conservados no permiten determinar todavía si eran caballos, asnos o híbridos. Los análisis biométricos y genéticos previstos deberán resolver esa cuestión. Sí ha sido posible calcular su edad aproximada. RP1 era un ejemplar adulto, con una edad estimada entre diez y doce años, mientras que RP2 tenía entre tres años y medio y seis años. Junto al individuo más veterano aparecieron dos anillas de hierro relacionadas con los correajes y tres cuentas de vidrio, una azul y dos blancas, que formaban parte de un adorno asociado al cuello o a la crin.

Otro de los aspectos más relevantes del estudio procede del análisis geológico. Los arqueólogos no localizaron lapilli ni bajo los esqueletos ni en contacto con ellos. Esa ausencia indica que el derrumbe ocurrió antes de que la lluvia de piedra pómez alcanzara ese punto del edificio. Encima de los animales apareció una viga carbonizada de arce de unos dos metros de longitud, además de abundantes restos de ceniza y materiales constructivos. Los especialistas consideran que la madera comenzó a arder, aunque un entorno pobre en oxígeno terminó frenando la combustión completa.

La presencia de los équidos en aquella sala también encuentra explicación en el estado del inmueble. La panadería y las dependencias anexas estaban siendo reparadas tras daños provocados por movimientos sísmicos anteriores a la erupción. Una cuadra utilizada habitualmente había quedado afectada por las obras y los animales fueron trasladados temporalmente a la estancia donde finalmente aparecieron sus restos. Allí permanecían mientras se renovaban algunas estructuras y se preparaba un nuevo pavimento.

El equipo amplió la visión sobre la antigua ciudad

Para Gabriel Zuchtriegel, director del Parque Arqueológico de Pompeya, este descubrimiento ayuda a ampliar la mirada sobre la ciudad antigua. El responsable de las excavaciones explica que Pompeya permite estudiar tanto las vidas humanas como las de los animales que trabajaban junto a ellas. También destaca la colaboración entre arqueólogos, arqueozoólogos, arqueobotánicos y otros especialistas para reconstruir relaciones cotidianas que normalmente dejan pocas huellas.

Las investigaciones continúan y los análisis pendientes deberán aclarar la especie exacta de los animales y algunos detalles de sus lesiones. Mientras tanto, los restos encontrados en la Insula de los Castos Amantes muestran que la catástrofe alcanzó por igual a personas y animales que compartían aquellos espacios de trabajo.