La ciencia pone a prueba el anfiteatro de Itálica y descubre que sus gradas favorecen la voz frente a la música

Héctor Farrés

19 de octubre de 2026 16:43 h

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En el anfiteatro romano de Itálica, hasta el lugar donde se sentaba cada espectador tenía su importancia, y las mejores localidades estaban reservadas a quienes disfrutaban de mayor rango social. Senadores, magistrados y caballeros seguían los espectáculos desde el podio y la ima cavea, las filas más próximas a la arena. Los ciudadanos se distribuían por la media cavea, mientras que las clases populares, las mujeres y los niños quedaban relegados a la summa cavea, en la parte superior. Una organización que también resulta interesante para estudiar cómo llegaba el sonido a las distintas zonas del recinto.

Un estudio descubre cómo se escucha actualmente el anfiteatro

La investigación realizada por Sara Girón y Manuel Martín-Castizo, de la Universidad de Sevilla, ha permitido conocer cómo se propaga actualmente el sonido por este monumento de Santiponce, en Sevilla. El trabajo, publicado en la revista científica Heritage, concluye que sus características acústicas favorecen la comprensión del habla, aunque ofrecen resultados menos adecuados para la música. Los investigadores analizaron también cómo influye la geometría del edificio en las reflexiones sonoras.

Para realizar las mediciones, el equipo instaló una fuente acústica dodecaédrica en tres posiciones de la arena y distribuyó receptores por 17 emplazamientos. Los micrófonos registraron las respuestas a barridos de frecuencias, desde los sonidos graves hasta los agudos, y permitieron determinar la procedencia de las reflexiones. Las pruebas se efectuaron sin espectadores y con niveles reducidos de sonido ambiental. La elección de los puntos tuvo en cuenta la geometría del recinto y la presencia de la fossa bestiaria, el espacio subterráneo utilizado antiguamente para albergar animales.

Los resultados sobre la inteligibilidad muestran que el 79% de la energía sonora llega dentro de los primeros 50 milisegundos, un intervalo especialmente importante para comprender las palabras. El índice medio de transmisión del habla alcanzó 0,71 en una escala de cero a uno, con calificaciones generalmente buenas o excelentes. A distancias superiores a 30 metros, la comprensión descendía hasta niveles buenos o aceptables. Estas mediciones llevaron a los autores a considerar que el anfiteatro presenta condiciones favorables para las representaciones habladas.

La música, por el contrario, encuentra unas condiciones acústicas menos apropiadas debido a la escasez de reflexiones prolongadas. El tiempo de reverberación registrado fue de 1,24 segundos, frente a los 1,08 segundos del teatro romano de Itálica. En auditorios cerrados destinados a música sinfónica suelen buscarse valores de entre 2 y 2,4 segundos, aunque los investigadores advierten de las diferencias entre estos edificios y los espacios abiertos.

La pérdida de estructuras limita la reconstrucción acústica romana

El análisis también permitió localizar situaciones en las que determinados rebotes podían perjudicar la comprensión del discurso. De las 49 configuraciones examinadas, seis presentaron riesgo de eco para el habla, todas con la fuente sonora situada cerca del foco oriental de la arena, junto a la Porta Triumphalis. En tres casos estudiados detenidamente, las reflexiones llegaron entre 92 y 115 milisegundos después del sonido inicial. Los investigadores relacionan estos fenómenos con la concentración de energía producida por la geometría ovalada y determinadas superficies del recinto.

Esa distribución acústica presenta una amplia franja de energía entre los 125 y los 2.000 hercios, especialmente importante para la voz humana. Las primeras filas del podio ofrecen respuestas equilibradas, mientras que la disposición ovalada favorece la concentración sonora cerca de determinados puntos y a lo largo de los ejes principales.

El edificio estudiado pertenece a la ampliación urbana promovida bajo Adriano, entre los años 117 y 138 d.C. Con unas dimensiones de 156 por 134 metros y capacidad estimada por los investigadores para 35.000 espectadores, fue el mayor anfiteatro de Hispania. Su construcción se produjo siglos después de la fundación de Itálica, establecida en el 206 a.C. por Escipión el Africano.

El deterioro acumulado por el monumento condiciona, finalmente, la interpretación de estas mediciones. Sus estructuras superiores han sufrido pérdidas importantes y durante siglos se extrajeron materiales para otras construcciones. Tampoco se ha evaluado todavía cómo modificarían la propagación sonora la presencia del público o la instalación de toldos. Los resultados permitirán desarrollar futuras simulaciones virtuales para investigar cómo pudo escucharse el anfiteatro cuando conservaba su configuración romana.