Cincuenta lobos de mar contra miles de guerreros japoneses: André Pessoa desafió toda lógica y prefirió volar su barco antes que rendirse

Durante años, la seda china llegó a Japón a través de una ruta comercial que movía enormes cantidades de dinero entre Macao y Nagasaki. Los portugueses compraban las mercancías en China y las vendían después a cambio de plata japonesa, dentro de un tráfico anual que llegaron a dominar casi en exclusiva y que convirtió cada cargamento en un negocio de enorme valor.

La riqueza que circulaba por esa ruta también estaba sometida a las decisiones de las autoridades y los señores feudales japoneses, con capacidad para controlar puertos, imponer tributos y actuar sobre los mercaderes. Cuando los intereses económicos chocaban con disputas políticas y militares, un viaje dedicado al comercio podía acabar enfrentando a los hombres de un gran mercante europeo con las fuerzas movilizadas por un señor japonés.

Una revuelta en Macao desembocó en la confiscación

Ese cruce tomó forma en Nagasaki cuando unos 50 portugueses resistieron a bordo del Madre de Deus frente a miles de hombres enviados por Arima Harunobu. Historias de la Historia sitúa el combate en enero de 1610 y señala que André Pessoa mandaba el Madre de Deus, la Nave de Paso de ese año, el gran mercante portugués encargado de cubrir la ruta anual entre Macao y Nagasaki. La desproporción era enorme, pero la artillería de la carraca permitió frenar durante varios días los intentos de abordaje.

El conflicto había empezado lejos de Japón. En Macao, durante 1608, hombres vinculados a Harunobu protagonizaron una revuelta y acabaron cercados por las fuerzas de Pessoa. Algunos murieron y otros regresaron a Nagasaki tras firmar una declaración que liberaba de culpa a los portugueses. Cuando contaron otra versión, la disputa pasó del terreno comercial al político y el shogun Tokugawa Ieyasu autorizó la confiscación del barco.

Portugal perdió ventaja ante una propuesta comercial española

Décadas antes, otro choque había enfrentado a españoles y guerreros japoneses en Cagayán, al norte de Luzón. En 1582, Juan Pablo de Carrión combatió contra la flota de Tay Fusa con siete embarcaciones y una fuerza reducida.

Gonzalo Ronquillo de Peñalosa, gobernador de Filipinas, describió a aquellos adversarios en una carta a Felipe II: “Los japoneses son la gente más belicosa que hay por aquí”. Los españoles usaron arcabuces, picas, alabardas y artillería naval para rechazar los abordajes, atraer a los piratas lejos de sus defensas y derrotarlos junto al río.

La posición de Pessoa se debilitó todavía más cuando apareció un posible competidor para los intereses portugueses en Japón. Rodrigo de Vivero y Velasco, antiguo gobernador de Filipinas, ofreció a Ieyasu una vía española para mantener el abastecimiento de mercancías que hasta entonces había proporcionado grandes beneficios a Portugal. La propuesta daba al shogun otra opción para mantener los intercambios y reducía la dependencia de los comerciantes portugueses en un momento especialmente delicado para el capitán del Madre de Deus.

El 3 de enero, las tropas de Harunobu cerraron el puerto antes de que pudiera regresar la mayor parte de la tripulación. El Madre de Deus quedó con unos 50 marineros y varios esclavos negros e indios, mientras la fuerza atacante crecía hasta cerca de 3.000 hombres.

Los juncos se acercaban de noche, pero las salvas portuguesas los obligaban a retroceder. También fracasaron los buceadores enviados a cortar el ancla y las embarcaciones incendiarias lanzadas contra la carraca.

Pessoa destruyó su barco antes de entregarlo

La última ofensiva llegó el 6 de enero con una torre instalada sobre dos barcazas, preparada para acercar tiradores a la popa. Un disparo alcanzó a un marino que llevaba una granada, las chispas prendieron la pólvora de cubierta y el fuego abrió paso a los atacantes.

Pessoa se retiró al castillo de proa, comprobó que ya no podía contener a los hombres de Harunobu y dio la orden de prender el polvorín. Dos explosiones partieron el casco y hundieron el barco con su carga, buena parte de la tripulación, incluido el propio Pessoa, y varios asaltantes

Las crónicas portuguesas pudieron engrandecer el relato, aunque la resistencia de la nave y su final están documentados. La superioridad de los cañones europeos explica buena parte de lo ocurrido, al igual que la composición irregular de la fuerza japonesa, formada probablemente por samuráis, ronin, wako y mercenarios reclutados para la ocasión.