La ciudad que Alejandro Magno fundó junto al Tigris llevaba siglos sin rastro y ahora aparece con una ubicación bien definida
El origen de una ciudad antigua suele depender de decisiones prácticas como el acceso al agua o el paso de mercancías. Alejandro Magno eligió un punto donde un río desembocaba cerca del mar para levantar una ciudad pensada como puerto, y esa fundación respondía a una necesidad clara de mover productos desde la India hacia otras regiones.
Esa elección explica por qué la ciudad se construyó en un lugar muy concreto, aunque con el tiempo ese mismo entorno cambió y dejó de señalar su posición original. El problema aparece cuando el río modifica su recorrido y borra las referencias que permitían ubicar el asentamiento.
Un equipo situó por fin la antigua Alejandría del Tigris
Una ciudad fundada por Alejandro Magno fue localizada en el sur de Irak tras años de estudio. El trabajo, difundido por la Universidad de Konstanz, indica que el lugar corresponde a Alejandría del Tigris, levantada en el año 324 a.C. Los investigadores han identificado su trazado completo mediante estudios del terreno. Ese hallazgo permite situar por primera vez con precisión un enclave que durante siglos no tenía una ubicación clara en los mapas.
La ciudad se levantó en un punto donde el río Tigris se acercaba al golfo Pérsico, lo que facilitaba la llegada de barcos. Desde ese puerto salían mercancías hacia Mesopotamia y el Mediterráneo, mientras otros productos llegaban desde la India.
Esa función explica por qué se necesitaba un nuevo puerto en esa zona del sur de Mesopotamia en ese momento. El lugar elegido permitía controlar el paso de bienes y organizar rutas comerciales que conectaban distintas regiones.
Los trabajos arrancaron en condiciones de riesgo extremo
El trabajo de campo no fue sencillo. Los arqueólogos empezaron a investigar la zona en la década de 2010, cuando el territorio estaba bajo el control de ISIS. Durante ese periodo solo podían realizar inspecciones en superficie y siempre acompañados por fuerzas de seguridad.
La propia Universidad de Konstanz explicó en un comunicado del 28 de enero que los investigadores estaban “solo autorizados a realizar estudios en superficie bajo la supervisión cercana de soldados o policías”. A eso se sumaban temperaturas de más de 48 grados en verano y problemas de contaminación del aire.
El tamaño del recinto sorprendió a los arqueólogos
Para reconstruir la ciudad sin excavar en profundidad, el equipo utilizó drones y escáneres geofísicos de alta resolución. Estas herramientas permitieron dibujar las murallas, las calles y la distribución de los barrios sin retirar grandes capas de tierra. Las imágenes muestran líneas rectas que delimitan bloques urbanos y zonas diferenciadas dentro del recinto. Ese método ha permitido avanzar rápido en el conocimiento del lugar.
El tamaño sorprendió a los propios investigadores. La ciudad ocupaba unos 2,5 millas cuadradas, que equivalen a unos 6,5 kilómetros cuadrados. Stefan R. Hauser, profesor de arqueología en la Universidad de Konstanz, explicó que ese tamaño resulta enorme para una ciudad de la Antigüedad. También señaló que los bloques urbanos eran más amplios que los de otras capitales de la época: “Supera incluso a los de las grandes capitales del momento, como Seleucia en el Tigris o Alejandría en el Nilo”.
En el interior del recinto han aparecido restos de templos, talleres con hornos y estructuras ligadas a la actividad portuaria. También se han identificado canales que conectaban distintas partes de la ciudad con el río. Muchos de esos elementos estaban cubiertos por capas de sedimentos, pero han quedado bien conservados.
El abandono llegó cuando el río se alejó del lugar
Hauser explicó que la ciudad fue “inundada repetidamente”, pero aun así se mantiene en buen estado. Además, añadió que “la calidad de la evidencia geofísica es absolutamente sorprendente y la conservación de los edificios es muy buena”.
La desaparición del asentamiento se explica por un cambio posterior. Después del siglo III d.C., el Tigris modificó su curso y se alejó de la zona, lo que dejó la ciudad sin acceso al agua. Al perder su función portuaria, tras haber sido convertida en Charax Spasinou y posteriormente en Antioquía de Susiana, quedó abandonada y con el tiempo terminó cubierta por tierra, ya sin actividad comercial ni población.
Los investigadores confirman ahora que el enclave corresponde a Alejandría del Tigris, una de las numerosas ciudades fundadas por Alejandro Magno en su expansión hacia el este. El propio Hauser recuerda que el líder macedonio eligió personalmente el lugar, apoyándose en fuentes antiguas como Plinio el Viejo.
El equipo comenzó el proyecto en 2016 bajo la dirección de los arqueólogos británicos Jane Moon, Robert Killick y Stuart Campbell. A partir de ahí, el trabajo ha permitido reconstruir el plano completo de la ciudad y abrir nuevas líneas de estudio sobre el Imperio parto, que controló la zona siglos después.