Tan común que nadie lo explica: ¿cómo sabe un ascensor en qué planta tiene que parar?

Antes de que el motor empiece a moverse, la llamada pasa por el sistema de control del ascensor, que decide en qué momento atenderla según el recorrido que ya está haciendo.

En apenas unos instantes calcula si debe parar antes en otra planta o continuar hasta el destino solicitado. Gracias a ese proceso, el ascensor sabe siempre dónde se encuentra y qué parada le corresponde realizar a continuación.

Los botones envían cada solicitud hasta el sistema electrónico

El proceso comienza al pulsar un botón interior o uno de los mandos instalados en el pasillo. La señal eléctrica viaja hasta el cuadro de maniobras, una placa electrónica o un dispositivo digital que registra la petición y la incorpora al recorrido pendiente. Ese controlador actúa como centro de decisión, ya que recibe las llamadas, conoce el sentido de marcha y ordena al motor subir o bajar según las solicitudes acumuladas.

La elección de la siguiente parada no depende únicamente del orden en que se han pulsado los botones. El sistema suele dar prioridad a las plantas situadas en el sentido que ya lleva la cabina. Si está subiendo, atiende primero las peticiones que encuentra en ese trayecto y deja para después las llamadas que exigen bajar.

Por lo tanto, una solicitud realizada desde el pasillo puede quedar pendiente hasta que termine ese recorrido, aunque se haya registrado antes que otra situada unos niveles más arriba. Así evita cambios continuos de dirección y reduce las paradas que alargarían el viaje.

Los sensores indican la posición durante todo el recorrido

Mientras organiza esa cola, el ordenador necesita saber dónde se encuentra la cabina en cada momento. Para conseguirlo, un sensor colocado sobre ella lee elementos distribuidos a lo largo del hueco. Pueden ser bandas magnéticas, cables codificados o placas metálicas conocidas como banderas. Cada lectura actualiza la posición vertical y permite que el sistema la compare con la planta que figura como próximo destino.

En muchas instalaciones, cada nivel cuenta con al menos dos referencias colocadas a distinta altura. El detector las reconoce durante el ascenso o el descenso y transmite esa información al cuadro de maniobras. Otros equipos emplean lectores ópticos, cintas magnéticas o codificadores unidos al motor que cuentan las vueltas de la polea. Todos persiguen la misma finalidad, que es mantener una referencia precisa del desplazamiento de la cabina.

Cuando la señal indica que el destino está cerca, el controlador cambia la orden enviada al motor. La velocidad disminuye antes de alcanzar el umbral y el movimiento pasa a una fase de aproximación. Después, los sensores de nivelación detectan una placa metálica o una banda magnética situada junto a la planta.

Esa lectura permite al controlador completar la desaceleración mediante el motor y detener la cabina alineada con el rellano. Una vez inmóvil, el freno mecánico mantiene la cabina en esa posición.“

La carga también puede alterar esa maniobra final. Los equipos avanzados incorporan sensores que miden el peso transportado y esa información permite ajustar el esfuerzo del motor y mejorar la suavidad de la aproximación, mientras que la nivelación final depende de los sensores de posición y del control del movimiento.

Cada tecnología mueve la cabina con un sistema distinto

La parte mecánica ejecuta las órdenes que salen del controlador. En los ascensores de tracción, el motor mueve una polea y unos cables de acero conectados a la cabina y al contrapeso. Este último se desplaza en sentido contrario y reduce el esfuerzo necesario para subir o bajar. En los hidráulicos, una bomba impulsa aceite hacia un cilindro, cuyo pistón eleva la cabina hasta que el sistema corta el flujo.

Algunos edificios altos utilizan un sistema de asignación previa. El pasajero introduce la planta en un teclado del vestíbulo antes de entrar y el ordenador central reparte a las personas entre varias cabinas. La decisión busca acortar el tiempo de viaje y evitar detenciones que no aportan servicio a ese grupo. En ese modelo, el destino queda fijado antes de que se cierren las puertas.

La selección de planta termina cuando la cabina queda nivelada y el freno mantiene su posición. A partir de ahí, las puertas pueden abrirse porque el sistema ha comprobado la referencia del nivel, ha cerrado la petición registrada y ha recalculado la siguiente parada de la cola. El mismo ciclo vuelve a empezar con cada botón pulsado, aunque las decisiones cambian según el sentido de marcha y las llamadas pendientes.