Los curiosos nombres de las tres calles principales de esta villa que alberga un bello palacete renacentista y un santuario

La villa alavesa de Artziniega es todo un testimonio vivo del urbanismo medieval vasco desde su fundación en 1272 por el rey Alfonso X el Sabio. Asentada sobre una colina que domina el río, esta población conserva intacto un entramado urbano declarado Conjunto Monumental Histórico Artístico en 1995. El núcleo de su casco antiguo se articula en torno a tres arterias longitudinales que discurren en paralelo a lo largo del cerro, sirviendo de columna vertebral a la vida social, comercial y defensiva de la comunidad durante más de siete siglos de historia ininterrumpida.

Curiosamente las tres mencionadas calles principales de la villa responden a las pintorescas denominaciones de Goienkale, Artekale y Barrenkale, términos en euskera traducidos como la calle de arriba, la calle de en medio y la calle de abajo. Lo verdaderamente curioso de esta toponimia urbana es su sencillez funcional y su carácter estrictamente topográfico, prescindiendo de nombres de gremios o linajes nobiliarios tan comunes en otras villas medievales de la época. Estas tres vías se encuentran interconectadas mediante estrechos pasajes transversales denominados cantones, configurando una retícula perfecta que ha preservado intacta su lógica espacial desde la Baja Edad Media hasta nuestros días.

La denominación de Goienkale se asignó a la arteria situada en la cota más elevada del cerro, lugar donde se concentraban históricamente los edificios de mayor relevancia institucional y religiosa de la villa. Por su parte, Artekale se estableció en el eje central como el corazón neurálgico del comercio y la artesanía, albergando el trasiego de mercaderes, tejedores y panaderos. Finalmente, Barrenkale discurre por la ladera más baja del promontorio, completando la estructura de tres niveles de altitud. Esta nomenclatura elemental sobrevivió a las modas bajomedievales, manteniendo un reflejo fiel de la lengua vasca y de la geografía física sobre la que se erigió el municipio.

Recorrer hoy estas tres históricas arterias empedradas supone sumergirse en un museo a cielo abierto donde la piedra labrada narra siglos de prosperidad señorial. En las fachadas de sus casonas solariegas y antiguas casas torre se aprecian más de 46 escudos heráldicos pertenecientes a los linajes más distinguidos del valle de Ayala. El constante trasiego de personas que acudían al mercado semanal y a las ferias de septiembre impregnó a estas calles de un dinamismo económico excepcional, favorecido por la ubicación estratégica de Artziniega en las rutas comerciales que conectaban la meseta castellana con los puertos del mar Cantábrico durante la Edad Moderna.

Entre el rico patrimonio arquitectónico que jalonea este trazado medieval destaca de forma sobresaliente la Torre Ortiz de Molinillo de Velasco, un bello palacete de inspiración renacentista edificado a finales del siglo XVI sobre los cimientos de una antigua fortaleza bajomedieval. Esta majestuosa construcción noble presenta una monumental puerta clasicista que simbolizaba el elevado estatus y el poderío económico de la familia propietaria, a la cual se adosó posteriormente un elegante palacio de estilo barroco. La cuidada rehabilitación de este conjunto fortificado ha permitido preservar sus gruesos muros de sillería y sus ventanales señoriales, convirtiéndolo en un referente de la villa.

Junto a este destacado palacete renacentista, el casco histórico alberga otras notables muestras de arquitectura civil y religiosa como la Torre de Bengoa, considerada el edificio más antiguo conservado en la villa tras su construcción a principios del siglo XVI. Asimismo, destaca el Convento de las Madres Agustinas, levantado sobre el antiguo Palacio señorial de Monteano y Salazar con su capilla de marcado carácter gótico renacentista. Todas estas edificaciones señoriales se integran armónicamente a lo largo de las tres calles principales, ofreciendo un impresionante conjunto patrimonial donde conviven los estilos fortificados con las residencias palaciegas.

Templo gótico y renacentista

A escasa distancia del recinto amurallado, sobre una apacible colina que domina el valle, se erige el majestuoso Santuario de Nuestra Señora de la Encina, centro neurálgico de la devoción mariana en la comarca. Finalizado en 1498, este templo de estilos gótico y renacentista se alza junto a una monumental encina con más de 500 años de historia documentada. En su interior se conserva un extraordinario retablo mayor hispano flamenco de principios del siglo XVI, una venerada talla románica de la Virgen del siglo XII y valiosas pinturas murales del Juicio Final que complementan la riquísima oferta patrimonial y espiritual que atesora la villa.

En definitiva, la villa alavesa de Artziniega ha sabido conservar de manera prodigiosa la esencia de su pasado medieval sin renunciar a las exigencias del presente. La curiosa permanencia de los nombres llanos y funcionales de Goienkale, Artekale y Barrenkale constituye el hilo conductor de una identidad compartida que une a sus habitantes con su geografía y su historia. Visitar este enclave es recorrer una travesía inolvidable donde los sencillos nombres de tres calles se entrelazan armónicamente con la elegancia de sus palacetes renacentistas y la profunda espiritualidad de su santuario, reafirmando a la localidad como una joya patrimonial imprescindible dentro del País Vasco.